diásporaItzel Vargas Rodríguez

La historia de la humanidad está caracterizada por diásporas. Todas y cada una de las migraciones humanas para establecerse en diversos espacios territoriales. Desde nuestros antepasados nómadas, hasta los fenómenos migratorios que percibimos en la actualidad.

Es interesante analizar cómo es que cada fenómeno migratorio masivo es motivado por un interés fuerte de cambio (por ejemplo, en los nómadas por encontrar comida, o actualmente los jóvenes para encontrar mejores oportunidades laborales), pero cuyos resultados no siempre terminan en miel sobre hojuelas.

El más claro ejemplo de ello en la actualidad es lo que ocurre en Israel y Palestina, cuando se fundó el estado de Israel dentro de Palestina, los nuevos habitantes poco a poco se apropiaron del territorio, propiciando continuos enfrentamientos que hasta la fecha cobran la vida de cientos de personas.

Otro caso actual ocurre en Bolivia, en donde recién este fin de semana una comunidad de judíos ortodoxos ha decidido dejar de habitar en una comunidad guatemalteca, porque a seis años de haberse instalado, han estado recibiendo amenazas de grupos indígenas mayas. Estos últimos afirman que los judíos pretenden adoctrinarlos y son discriminadores, y por el otro lado, la comunidad judía afirma que reciben continuas agresiones y amenazas de linchamiento… como sea que fuere, ya no hay cabida para la tolerancia.

Y un caso que llama particular atención en el mismo tema de las diásporas, es el resurgimiento del Ku Klux Klan en los Estados Unidos. Este históricamente recordado grupo racista que ya ha empezado a reclutar gente nuevamente en su lucha por mantener “la cultura única europea” (o sea la piel blanca).

Esta aparición sonaría a chiste surrealista en la actualidad, pues pareciera inconcebible después de la incansable lucha de personajes como Mandela o Luther King que el tema del racismo siguiera acosando a las sociedades. Pareciera ayer, por ejemplo, en la ya antigua época del Cine de Oro mexicano cuando escuchábamos en la película “Angelitos Negros”, a Pedro Infante cantándole a una pequeña niña mulata “Pintor nacido en mi tierra con pincel extranjero… píntame angelitos negros, que también se van al cielo, todos los negritos buenos… si pintas con amor, ¿por qué desprecias su color?” y que nos hace recordar que desde entonces el tema del racismo era mal visto también en nuestro país. Pero con estos hechos corroboramos tristemente que “la realidad supera la ficción”… y con creces.

Lo más delicado del asunto es que este grupo racista está utilizando como estandarte el tema de la inmigración como uno clave para atraer más gente.

Hace poco se vio publicidad en New York donde aparece la caricatura de tres inmigrantes latinos con letreros que dicen “Nosotros queremos sus trabajos, nosotros queremos sus casas, nosotros queremos su país”. Y ahí no para el asunto, también estos son de los que piden mostrar cadáveres de menores inmigrantes en la frontera como advertencia… pareciera festival de un Halloween real: todo es macabramente perverso.

Las diversas disputas que surgen entre grupos o poblaciones asentadas en lugares ajenos de origen o nacimiento, son comprensibles tal vez cuando surgen por marcadas diferencias culturales o de tradiciones, pero cuando éstas socavan y trastocan los derechos humanos fundamentales de cualquier individuo, como el mismo respeto a la vida, entonces sigue una línea continua de caos al que no le precede más que odio entre las partes involucradas y mucha indignación, entre quienes son testigos sociales.

[email protected] / @itzelvargasrdz

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