RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Estamos terminando un “annus horribilis”, como decían los romanos, aunque hay que reconocer que la primera parte del año empezó bastante bien para el gobierno, con la aceptación de las reformas no nada más a nivel constitucional, algunas que estaban pendientes, sino también las leyes secundarias. Pero básicamente bien para el gobierno al cerrar el ciclo del Pacto por México, el cual generó mucha controversia y discusión al interior de los partidos, sobre todo los opositores como el PRD y el PAN, en donde recordamos cómo una fracción de senadores que estaban con Ernesto Cordero se manifestaban en contra de dicho pacto que encabezaba Madero. Sin embargo, el Pacto por México culminó exitosamente, podemos decir, en este año. Y contrario a lo que se esperaba con la reforma energética, sobre una movilización a nivel nacional liderada por la izquierda pues no se dio por alguna razón. Y cuando se estaba festejando el haber sacado adelante las reformas, se vino lo de Iguala, que es lo que ha ocupado la atención política en los últimos cuatro meses, desde luego que es un asunto de seguridad, pero también es un asunto político por las consecuencias, tanto por la ineptitud de diferentes autoridades, en distinto nivel –la corrupción, la impunidad, la negligencia, etc.–, siendo un detonador, por distintas razones las cuales algunas no se conocen bien a fondo, de un descontento acumulado por varios años contra la clase política por las razones de seguridad; a este detonador de Iguala le vino otro cercano, el de Tlatlaya, que también generó mucha molestia convirtiéndose en un problema político del que todavía no sale el gobierno, no se sabe en qué va a acabar toda esta movilización, toda esta impugnación. Esto originó que de pronto viéramos a un gobierno paralizado frente a estas manifestaciones que generan mucho vandalismo y no solamente de grupos radicales, sino también de los grupos que están legítimamente inconformes con el asunto de Iguala. En los últimos días observamos al Movimiento Nacionalista Popular de los padres de los estudiantes de Ayotzinapa que están ya haciendo una agenda de confrontación muy amplia, ya no nada más exigen la aparición de los normalistas, sino que ahora tratan de impedir las elecciones del año entrante, primero querían que no hubiera elecciones en Guerrero pero ahora están tratando de levantar un movimiento para que no las haya en todo el país. Están tratando de convocar a la ciudadanía no solo de abstenerse, sino de echar abajo las elecciones, por lo cual, si toman acciones al respecto, van a incurrir en delitos. ¿Qué va a hacer el gobierno al respecto? No lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que esta crisis política detonada, repito, por el caso de Iguala, todavía no termina, todavía le queda mucha cuerda. Desde luego que este tema es lo más impactante del año, es el tema que ha tenido mayores raíces, mayores consecuencias. Y hay que hablar también de los derivados en términos de la democracia, de cómo la democracia puede resultar también dañada, incinerada en un basurero, de la protesta, de la indignación, del hartazgo infiltrado con el anarquismo y el vandalismo, lo cual genera una situación frágil porque las instituciones no solamente se están paralizando mostrando su incapacidad para manejar este tipo de problemas.

A lo anterior hay que agregar lo de la “Casa Blanca” de las Lomas, lo cual es algo que hay que poner en relieve, pues es un asunto de probable corrupción o de al menos conflicto de interés, o quizá tráfico de influencias, lo cual también es un delito. Como quiera que sea, de nuevo se pone sobre la mesa la cuestión de corrupción gubernamental y la impunidad, injustificadamente vimos que este asunto nadie lo aborda, solo actuadamente Angélica Rivera, que no convenció a nadie. El Congreso no lo aborda, obviamente, la Presidencia tampoco, aunque es un asunto de enorme interés ciudadano y que se relaciona directamente con el combate a la corrupción y a la impunidad. Ya sabemos que siempre ha habido corrupción, pero ahorita, en estas circunstancias, como que la demanda por combatir la corrupción ha cobrado fuerza, ojalá que de aquí derive algo significativo, algo sustancial. Creo que como hace mucho no veíamos, esta demanda de combate a la corrupción cobró mucha fuerza en estos últimos meses.

El gobierno de Peña Nieto deberá de meter primera para arrancar el 2015. Y aquí nos preguntamos ¿en qué debería estar pensando el presidente de la república cuando habla de reflexionar para reencauzar los dos tercios restantes de su sexenio después de todo esto? Pues es notorio que en su equipo de gobierno hay una confusión en materia de gobernar; legislar no es lo mismo que gobernar y Peña se avocó a legislar toda una serie de reformas. En materia de corrupción, definitivamente no fueron suficientes las explicaciones que se dieron, los casos aparentemente se cerraron y borrón y cuenta nueva. Y esto no toca nada más al gobierno de Peña Nieto, porque hubo escándalos de corrupción muy serios en todos los partidos políticos, en todos los grupos parlamentarios, que es diferente lo que ocurre en los partidos y lo que ocurre en los grupos legislativos. También hubo grandes actos de corrupción a nivel de los gobiernos estatales y municipales; jueces federales y estatales, delegados en el DF. Lo anterior nos da una muy mala señal de cómo se está ejerciendo el poder en México.

El gran pendiente para el 2015 será justamente atacar la corrupción desde sus raíces, que deriva en impunidad, negligencia, que es lo que tienen hundido al país en la desesperanza, en el enojo, en la indignación y en el hartazgo a, según encuestas, un 77% de la población nacional. A lo anterior hay que sumar los malos indicadores en materia económica y social que se han desarrollado durante este 2014 el cual empezamos con un crecimiento promedio previsto de 3.7% que se fue ajustando con bastante resistencia por parte de Hacienda, que ante la realidad tenía que ajustar para abajo. Si bien nos va, este año terminará con 1.9%, arañando el 2% de crecimiento económico poblacional, que significa un año perdido en generación de empleos, pues no se alcanzó la meta del millón de puestos laborales. Y lo delicado es que sigue baja la generación de empleos pero, sobre todo, en calidad, porque hoy en día 6 de cada 10 trabajadores en México están en la informalidad. En inversión nos quedamos muy por debajo de las expectativas, y de las cosas que están comprobadas, es que el crecimiento económico está ligado a la inversión pública y privada, por lo que esa idea de que se recaudó más y que la venden mucho como un gran indicador económico, es, que en efecto, subió 9% la recaudación y uno se pregunta: si crecimos 2% y se recaudó 9% más que el año pasado, ¿dónde está ese dinero? Porque todos los días escuchamos que muchos productores tienen adeudos por parte de gobiernos estatales, como en Michoacán, que los tiene ahogados y no les permite reinvertir y por lo tanto prosperar.

En lo que se refiere a productividad, tampoco podemos decir gran cosa, pues a pesar de la reforma laboral que se nos dijo que iba a mejorar el empleo y sobre todo la productividad, pues no ha sido cierto. Todos los indicadores económicos acabaron siendo pobres este año. Y ni hablar de las 250 acciones prometidas por Peña Nieto, que se iban a ejercer en el Plan Michoacán, que iban desde comedores hasta caminos rurales y carreteras, de esas acciones ya no se volvió ni a hablar.

¿Qué nos revela que no se hayan mejorado las condiciones de vida, tanto en lo económico como en la seguridad en el país? Pues nos revela que la estrategia del gobierno tiene que ser revisada ya que no está funcionando. Se deberá revisar el gabinete presidencial y en algunos casos hacer remociones. ¿O es más importante cambiar las reglas del juego en lugar de cambiar a las personas? Creo que debe haber una combinación entre liderazgo e instituciones. En materia de instituciones se ha hecho bastante, pero se tiene que hacer más y no se vería mal, dado que parte del gabinete peñanietista ha sido “tocado”. Que hiciera lo que han hecho otros presidentes en democracias consolidadas –y hablo de sistemas presidenciales que luego queremos comparar con los parlamentarios y no es lo mismo–, pedir su renuncia a todos los integrantes del gabinete y posteriormente ratificar a los que quiera. Esto le permite al presidente mandar una señal de que si alguien no está funcionado se puede ir en cualquier momento. Nosotros, como sociedad, también debemos hacer algo, pues es importante que tengamos el nivel de exigencia alto, que exijamos mayor transparencia y mayor rendición de cuentas si queremos que esto cambie en verdad.

Para terminar, déjeme desearle que el 2015 sea un año especial, lleno de buenos momentos y de mucha alegría, para usted y para todos los que le rodean. ¡Feliz Año Nuevo!