RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Hace unos días leí un artículo cuyo tema resulta ciertamente interesante y muy del momento. Se refería a los senadores que posiblemente van a dejar sus escaños para ser candidatos a los gobiernos de sus respectivos estados.

Este hecho por sí solo, no jalaría mucho interés de no ser porque no es común que la Cámara Alta supere a la Cámara de Diputados en esto de mandar gobernadores a los estados. Usted no me dejará mentir. Siempre ha sido la Cámara Baja la que cada tres o seis años se “vacía” para generar candidatos a gubernaturas pero también a otros cargos menores de elección popular.

Verbigracia: el caso de Carlos Lozano de la Torre, que dejó San Lázaro para ser candidato a gobernador de Aguascalientes. Claro que ha habido verdaderas hornadas de senadores de varios estados que dejan sus escaños para ser candidatos a gobernadores. En Aguascalientes andamos escasos en esa materia. No recuerdo a alguno a excepción de Carlos Lozano. Pero creo, en lo general, que han sido más los senadores que los diputados federales los que han saltado de una Cámara legislativa a la Gubernatura. Y es que, la verdad sea dicha, no siempre un diputado federal tuvo el perfil y la dimensión política para ser considerado por los mandos, en este caso priístas, con la debida personalidad para aspirar a la Gubernatura. De hecho, no fue sino hasta hace poco que los diputados federales han sido reconocidos como políticos fogueados lo suficiente para gobernar sus entidades. Antes había razón para que se considerara más capacitado y experimentado a un senador que a un diputado federal.

Y es que no era infrecuenteque un ex-secretario de Estado ocupara un escaño en el Senado posterior a su paso por el Gabinete. Además, durante décadas el Senado fue algo así como el asilo del sistema político mexicano priísta. Por mucho tiempo, se tuvo la creencia de que al Senado iban los viejos que ya habían dado de sí en la política. O sea, que el Senado era el retiro dorado de un político.

Los tiempos han cambiado, los usos y costumbres de la política, también han cambiado.

Hoy, hay mayoría de senadores jóvenes -o relativamente jóvenes-, que bien pueden saltar del Senado a la Cámara de Diputados. Y esto no ocurría antes, créame.

QUIERO DECIR QUE YO COINCIDO CON EL artículo que en cuestión en que hoy por hoy y con miras al 2015 y 2016, son más los senadores que los diputados federales enlistados en la agenda de los suspirantes para las gubernaturas que estarán en juego.

EN LO QUE RESPECTA a Aguascalientes de los tres senadores que tenemos, los tres tienen posibilidades de ser candidatos. Martín Orozco sería el candidato natural por Acción Nacional. Sería su segunda candidatura para el mismo cargo. Su nivel de aceptación en la población es alto y su trabajo como alcalde está todavía fresco en la memoria ciudadana. Fernando Herrera tiene también posibilidades por su actuación hasta ahora en la cámara baja. A ello habría que agregar que se ha sabido mover en las altas esferas panistas lo que le ha generado una excelente relación con el círculo rojo de los mandones del PAN.

OTRO SENADOR con posibilidades de alcanzar la candidatura por el PRI es Miguel Romo Medina. Priísta de abolengo con mucho, demasiado diría yo, trabajo político en la entidad y un enorme currículo laboral en diferentes áreas del gobierno federal que lo hace un hombre con una experiencia tremenda, que le da un claro conocimiento de la problemática local. También ya fue alcalde y dejó muy buenos recuerdos. Hizo mancuerna en el gobierno con el inolvidable Rodolfo Landeros, forjando ambos una época en que unieron la teoría de gobernar bien a la práctica.

Aunque es comprensible que en el caso de Aguascalientes, los “tiempos” todavía están lejanos y por lo tanto no hay nada para nadie, por lo que solo les queda seguir trabajando en sus respectivas metas políticas.

Desde luego que hay otros actores políticos que no están actualmente ocupando cargos de elección popular pero que tienen altísimas posibilidades de alcanzar la candidatura por sus respectivos partidos. ¿Nombres? Lorena Martínez, Gabriel Arellano, Paquín González y Rubén Camarillo.

PUES SÍ: EN VARIOS ESTADOS habrá senadores con licencia buscando ser candidatos de sus respectivos partidos. Una que prácticamente tiene la candidatura en el bolso, es Luisa María Calderón Hinojosa, hermana de quien usted ya sabe. Incluso, se dice que sus posibilidades de ganar son tantas como las del PRI de ser derrotado. Ni modo: tiempos traen tiempos.

EN OTRO TEMA le comento que a veces uno no entiende a los políticos que se asumen como progresistas y demócratas. Se vuelven críticos del sistema cuando están en la banca pero se tornan desmemoriados y tradicionalistas cuando alguien les avienta un lazo. Por desgracia, ésta es una cultura que ha trascendido a los cambios políticos y el advenimiento de la democracia en México. ¿A qué viene todo esto? En realidad, no se deriva de un hecho concreto sino de una serie de sucesos que reflejan que, como en el Gato Pardo, todo cambia para que todo siga igual. Por ejemplo: ¿han cambiado o se han modernizado los sindicatos? ¿Se han transparentado, de verdad cuidan los intereses de los trabajadores y no sus intereses propios? ¡Desde luego que no!

En el ambito nacional tenemos el caso -vergonzante, execrable- de Napoleón Gómez Urrutia.

El Gobierno de Felipe Calderón no pudo con él. Se le fue del País con los más de 50 millones de dólares que eran el patrimonio de los trabajadores mineros. “Napito”, como le dicen, fue herencia nefasta de un cacicazgo sindical en la rama minera mexicana. Su padre fue Napoleón Gómez Sada, y heredó a su hijo el poder aunque éste nunca fue trabajador minero.

EL SINDICALISMO EN MÉXICO subsiste con sus viejas prácticas a pesar de todo. De hecho, una de las asignaturas pendientes de la democracia, es precisamente la falta de equidad y de democracia en los sindicatos. La verdad sea dicha, a los gobiernos -priístas y panistas- les ha faltado voluntad para hacer que en los sindicatos exista la democracia. Para que los líderes sean elegidos democráticamente por los trabajadores. Para que las cuotas sindicales se manejen con transparencia y haya rendición de cuentas.

Por sus especialísimas características, en México el Gobierno podría influir para modernizar y democratizar la vida interna de los sindicatos. Podría hacerlo, si se lo propusiera. El problema es que el Gobierno -el gobierno priísta, se entiende- sólo aplica la ley en los sindicatos cuando le interesa castigar a un líder poderoso.

A ver, dígame: ¿qué pasó en el SNTE después del encarcelamiento de Elba Esther Gordillo?

¿Acaso se ha democratizado y transparentado ahora que Juan Díaz tiene todos los hilos del sindicato?

Por cierto que no. Curiosamente la vida político-electoral del País avanza en su proceso orgánico con miras a hacer más eficientes y transparentes las prácticas electorales, y al mismo tiempo uniformar las leyes y las reglas electorales en los estados. La creación del INE, que sustituye al IFE, es una muestra de que sí se avanza. Hay una reforma electoral de avanzada que puede cambiar, para bien, la vida política de este País. Pero muchas organizaciones no cambian.