RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Un tema interesante de la semana que recién concluyó, son las declaraciones del Almirante, Vidal Fco. Soberón, secretario de la Marina Armada, las cuales puso en el contexto de lo que ya había dicho el secretario de la Defensa Nacional, el Gral. Cienfuegos, así como lo que había expresado, con tono de denuncia, el propio Presidente de la República, quien habló de quienes se oponen mediante protestas, a veces poco claras o poco sustentables, al proyecto que desea desarrollar para el país. El jueves por la tarde vino el asunto inmobiliario, que desde mi punto de vista está expresando un elemento más de la peor parte de lo que le está ocurriendo al gobierno, que es una progresiva y grave crisis de confianza y de autoridad. Sabemos que el que pierde la confianza, por consecuencia pierde la autoridad de inmediato. Y al perderse la autoridad se pierde la funcionalidad de cualquier gobierno. Si no se tiene autoridad –entendida ésta como la capacidad para que alguien reconozca que sus acciones tienen una finalidad de beneficio colectivo, y es el ejercicio de una responsabilidad–, si no tiene el gobierno esa confianza, pierde la autoridad y se genera un vacío y ese vacío, de alguna manera, será ocupado por algo o por alguien o por varios factores concurrentes y eso va generando una espiral perjudicial para el país. Si a eso le agregamos que hay una subasta de dólares que implica el reconocimiento de una devaluación, también progresiva, que ya pasó de los 15 pesos por dólar y que genera el freno económico y al generarse dicho freno se aumentan los problemas sociales, y al aumentarse dichos problemas y en un ámbito en el que el gobierno tiene poca autoridad para intervenir en su solución, se va extendiendo y expandiendo la toxicidad de los factores que deterioran el conjunto de la vida nacional. Lo anterior es lo que estamos viendo que ocurre hoy en este país. Hoy, todas las instituciones nacionales están en un momento crítico de enorme dificultad funcional, operativa y de confianza. Sobre todo lo que preocupa es, repito, la pérdida de la confianza de la población hacia su gobierno. Y el gobierno ante esa pérdida de confianza y autoridad en lugar de irla construyendo parece ser que sigue sin entender qué está pasando y está abonando a esa crisis.

La salida a declarar, de los secretarios de la Defensa y de la Marina, como mencionaba al principio, ¿qué nos significa?, más allá de que esos señores no tienen que estar metidos en estos asuntos. Nos significa la enorme debilidad del presidente. La militarización de la política, la amenaza de las fuerzas armadas a la oposición que está implícita en esos discursos. Y eso se remata al haber acompañado el jueves pasado al presidente, a la Suprema Corte, tanto el secretario de Marina como el secretario de la Defensa. ¿Y el secretario de Gobernación? Al parecer ya no existe. Por eso la reflexión sobre qué tan débil se siente el presidente al tener que apoyarse por las fuerzas armadas. Lo que se dijo en la Suprema Corte de Justicia de la Nación –exactamente lo que dijeron dos presidentes de salas, 1ª y 2ª–, fue que la Suprema Corte no permite la ilegalidad. Aquí diré “que menos mal”. El presidente de la Corte hizo pronunciamientos políticos que son inusuales en los ministros: “esto no lo va a arreglar ni el silencio ni el tiempo”. Y hay que recalcar que lo hizo frente a Peña Nieto. Uno de los ministros dijo que la situación actual se podría definir como que la población estaba secuestrada por el terror.

Por lo que se refiere al Congreso en lo referente al Decálogo, desde un principio se percibió que solo se les aventaba la pelota principalmente con las tres iniciativas principales: La del Mando Único, la desaparición de municipios y la de la corrupción. Sobre el Mando Único y desaparición de municipios le causan problemas con sus propios aliados del PRI al presidente, más allá que digan los expertos que es la panacea, eso es un reacomodo de estructuras que no será nada fácil. Hoy no digamos que abandonan al presidente y se bajan del barco los del Pacto por México –PAN y PRD–, dentro del propio PRI tampoco está fácil sacar adelante esa propuesta si pierde apoyo legislativo. En lo referente al Plan Anticorrupción acabamos de ver lo que pasó: se bajaron de la mesa PAN y PRD. ¿Por qué?, pues porque insisten en que la Comisión Anticorrupción sea encabezada por el Presidente de la República cuando todos sabemos que es un corrupto confeso. Estas iniciativas eran las jugadas políticas para salir de este embrollo y estas jugadas políticas le crean ahora una crisis mayor, pues ¿cómo es posible que quieran que la Comisión Anticorrupción sea presidida por el Presidente de la República, los Gobernadores y los Secretarios –que algunos tienen su hipotecaria personal–? Es una burla pues todos sabemos cómo campea la corrupción en las acciones de la mayoría de ellos. El asunto que el Wall Street Journal publicó el jueves, es un claro ejemplo de lo anterior.

Un chiste mencionaba que en el infierno están los peores profesionistas, para que sufran y padezcan más los que ahí están purgando sus culpas. Y se dice que los periodistas son rusos, los deportistas son suecos, los cocineros son ingleses, los policías españoles, los militares son italianos y los políticos son mexicanos. Indudablemente que las crisis de falta de autoridad y de confianza son originadas por una falta de política. La política se sustenta en generar un ambiente propicio para que se pueda gobernar. Ya se ha hablado de la legitimidad, de la gobernabilidad y recuerdo que a Fernando Sabater, hace poco que estuvo en México, le preguntaron, recordando un poco a Benjamín Franklin, que decía que los pueblos tienen los gobiernos que merecen y Sabater respondió: “¡No!, los pueblos tienen los gobiernos que consienten”. Aquí hay una diferencia fundamental. Aunque hay 200 años de Franklin a Sabater. En México los asuntos se van juntando: primero fue Tlatlaya en junio, después Ayotzinapa en septiembre, después la casa blanca en noviembre, posteriormente el derrumbe de la economía, porque en realidad eso es, pues son suficientes datos: la inflación arriba del 4%, el barril de petróleo que ya está por caer hasta los 50 dólares, ya amaneció arriba de 15 pesos el dólar el viernes pasado y pierde la bolsa más de mil puntos en los últimos días, a ello hay que agregar ahora el asunto de la casa de Luis Videgaray, secretario de Hacienda, el cual apuntala una percepción que ya venía oyéndose desde lo de la casa blanca, y que ahora como que consolida la percepción, así como el preguntarse: ¿y ahora quiénes más? Todo lo anterior se va acumulando y un elemento más en el que tal vez no hemos reparado en su trascendencia fue lo hecho por Adán Cortés entrando en Oslo, con una bandera mexicana manchada de sangre en plena ceremonia en donde se hacía entrega del Premio Nobel de la Paz. Cuando todo esto está sucediendo inmediatamente responde la gente del poder. El secretario de Marina prácticamente denuncia que esta gente que protesta es porque están manipulando a los padres de familia de los normalistas de Ayotzinapa. Aunque no dijo quiénes pero lo dio a entender. Por su parte, Aurelio Nuño, jefe de la oficina de la Presidencia de la República, sorprende en verdad cuando sale a decir: “No vamos a sustituir las reformas por actos teatrales”. Y agrega: “es algo tan grave como querer cambiar las llantas con el auto en marcha”. Luego escuchamos las declaraciones de Norberto Rivera que le mete también jiribilla y le pega a la izquierda. Posteriormente, Silva Herzog dice que podríamos definir la situación en México como la dexicracia, la cual, dice, es la definición del gobierno de la corrupción, de la “mordida”. Y dice que, como la palabra democracia, son términos griegos. Silva Herzog dice sobre la definición de Dexicracia: “Es el gobierno de la corrupción, del soborno, de la ilegalidad, de la confusión de los intereses, y la corrupción naturalmente como el nido donde se aparean crimen y gobierno”. El filósofo italiano Michelangelo Bovero hablaba de caquicracia y cleptocracia, como el peor de los gobiernos.

Pareciera que algo es ilógico cuando está uno hablando de un Consejo Anticorrupción donde quieren integrarlo de presuntos o de sospechosos. Increíble.

Hace unos días GEA publicó unas encuestas en las que en lo referente a la pregunta que se le hizo a la población sobre cuánto confía en diferentes instituciones así como en los partidos políticos y solamente el 7% dijo confiar en ellos. La encuesta nos menciona que el presidente, al igual que el ejército, cayó también en la confianza de la población. Las universidades están ahora encima del ejército en esa materia.

A media semana fueron los padres de familia, que sin duda son la parte más afectada de este asunto que tiene al país en vilo, al Senado de la República, y realizaron ahí una sesión de reclamos fuertes, de acusaciones y señalamientos a los senadores y fue tanto su enojo que al final no se quedaron a escuchar al senador Barbosa, presidente del Senado. Algo que me llamó la atención fue que en esa reunión ningún padre de familia hizo mención de los asesinos de los muchachos, ni a la complicidad de los asesinos con los policías y la autoridad municipal. Los temas eran netamente políticos.

Como usted puede darse cuenta, no hay manera de no asumir el riesgo y el tamaño de la situación y de la crisis por la que está atravesando el gobierno, pero también el escepticismo y la falta de credibilidad de la gente. La gente no cree fácilmente las versiones, las respuestas o las declaraciones de los actores políticos, sean del partido que sean. Indudablemente se debe atender el reclamo nacional.

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