RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Leí a media semana la encuesta que realizó la Agencia Reforma, en la que el PRI aparece muy arriba del PAN y del PRD, en las preferencias de los ciudadanos. El PRI alcanzó el 40%, por 22 del PAN y 16 del PRD. Aquí lo interesante es que el sol azteca no se vio afectado por el nacimiento de MORENA, pues conserva su 16 por ciento histórico. Sin embargo, MORENA aparece con 7%, que no es de perredistas sino de miembros de la sociedad civil. Otras fuentes, aseguran que MORENA va a arrasar en el Distrito Federal en 2015 y que tendrá 14 diputados en la Asamblea Legislativa.

En cambio, el PT es considerado el rey de los partidos mercenarios, algo que, en lo personal no me extraña pero si ni siquiera así de tantito. Después de todo, el Partido del Trabajo nació con el impulso y el dinero de Raúl Salinas de Gortari.

A PROPÓSITO, YA SE EMPIEZA A convertir en escándalo la fractura en la cúpula del Sindicato Nacional de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, y concretamente entre Carlos Romero Deschamps y Ricardo Aldana, Senador el primero, y Diputado Federal el segundo. Un poco de esta historia se parece a la de Joaquín Hernández Galicia, La Quina, y su grupo de cómplices, principalmente Salvador Barragán Camacho. En algún momento, La Quina y Barragán Camacho no estuvieron de acuerdo en relación a la postura que el Sindicato debería asumir ante el nuevo Presidente Carlos Salinas. Algo así está ocurriendo con Aldana, el tesorero, y Romero Deschamps, el líder de ese sindicato. Y es que mientras Romero entendió la señal, es decir, de que con los gobiernos priistas no se juega, Aldana asumió la actitud de un berrinchudo político fanfarrón, que se atrevió torpemente a lanzar amenazas en San Lázaro.

En alguna parte leí que la respuesta del Gobierno Federal no se hizo esperar: estalló el escándalo por el juicio que está llevando en Estados Unidos contra el Sindicato de Pemex mismo, del cual se derivó el congelamiento de cuentas bancarias y bienes en Estados Unidos y en otros países, menos en México.

Pero en el artículo en cuestión, se ponía énfasis en que no se ha mencionado ni una sola vez a Romero Deschamps sino solamente a Ricardo Aldana. Desde entonces, Aldana no ha vuelto a abrir la boca.

SE EMPIEZA A NORMALIZAR la vida cotidiana en este País y la realidad se torna cruda, atemorizante, y ciertamente distinta a la que nos presenta el Gobierno Federal. Por ejemplo: la violencia no cesa en algunos Estados por más que la versión oficial insista en que los niveles de homicidios están descendiendo.

Basta con revisar las páginas de los periódicos para comprobar que las cosas en materia de violencia y de ejecutados no ha cambiado.

Hace unos días leía las recomendaciones del ex-Presidente colombiano César Gaviria. Sin duda es una voz autorizada. Su experiencia es irreprochable y como gobernante le tocó encabezar la lucha contra el narco en su País.

Derribó mitos, metió a la cárcel a generales y funcionarios coludidos con el crimen organizado.

Era la primera mitad de los noventa y la lucha anti-narco se centraba en Pablo Emilio Escobar Gaviria.

Los colombianos dudaban que el Presidente Gaviria tendría las agallas para lograr lo que no habían podido otros presidentes, sometidos por los mandos de la Policía Nacional y del Ejército colombiano. Pero el joven Mandatario hizo la gran hazaña.

PUES BIEN: COMO MUCHOS, yo pienso que Gaviria tiene razón cuando dice que en algunos aspectos el Gobierno está siguiendo los pasos de Felipe Calderón. No le quita méritos a Enrique Peña. Al contrario: le reconoce fuerza y voluntad y admite grandes cambios para mejorar. Pero detecta fallas en estrategias, en políticas policíacas.

Particularmente y por razones de cercanía, yo me quedo con temas nuestros, con la violencia que se genera en los estados circunvecinos, con las calamidades que afectan a todos. No nos corren propiamente vientos de fronda.

MIRE USTED: A LO MEJOR estadísticamente la violencia ha bajado en alguna medida. A lo mejor.
Pero el caso es que uno no lo siente así. No se percibe. En Puebla hay un gobernador, Rafael Moreno Valle, que está dispuesto a salirse con la suya en su pretensión de limitar los márgenes de la libertad de prensa. En Sinaloa, Congreso y Gobierno de Mario López Valdez, se amafiaron para sacar adelante la llamada “Ley Mordaza”, que prohíbe a reporteros, fotógrafos y camarógrafos de prensa, husmear en escenarios de crímenes. No podrán tomar fotografías ni filmar escenas o a delincuentes. Es decir, las corporaciones tendrán absoluta “privacidad” para hacer lo que le venga en gana en un escenario donde se haya cometido un crimen.

No faltarán los que digan que es correcto, que no se violente una escena de crimen. Que no obstruyan o se desvirtúen las pesquisas que realiza la autoridad. Pero debe recordarse que vivimos en México y que aquí no se tiene confianza en las policías. Imagine usted este escenario: en un lugar equis se registra un asesinato. Por ley, ningún reportero, ninguna cámara de prensa escrita o televisión puede acercarse a ese lugar. En este contexto, la policía puede cambiar las cosas, modificar todo lo que quiera, ya sea para beneficiar o perjudicar a alguien. Lo podrá hacer, llegado el momento, pues no habrá testigos incómodos. Usted no me dejará mentir: muchas canalladas policíacas han sido exhibidas por los medios y gracias a ellos se han evitado grandes infamias. Un video, una fotografía, han sido la diferencia.

Pero en Sinaloa esto ya no podrá ser así, gracias a esta Ley Mordaza contra la cual el gremio periodístico de esa Entidad está protestando.

Un político lo dijo alguna vez: “con los periodistas ni tan lejos ni tan cerca”. Verdad de verdades. El quehacer del periodista va contra la naturaleza del político, del hombre de poder. En suma: el periodista es el testigo de la sociedad de lo que hace o no hace una corporación policíaca, un alcalde, un gobernador, incluso, un Presidente. Pero, como digo: hay una confusión en la que nos perdemos. De pronto son los juzgadores de los demás y éste no es su papel. No se debe juzgar ni prejuzgar porque fácilmente se cae en el gran pecado de infamar a otros. Desde siempre, el periodista ha enfrentado riesgos en el ejercicio de su trabajo. No han sido infrecuentes los casos de asesinato o desaparición de comunicadores. Y usted lo sabe: no siempre la justicia ha estado presente.

Por eso existen organizaciones periodísticas que defienden los derechos del gremio, como la Sociedad Interamericana de Prensa. Así como el periodista es víctima de la violencia que se registra en muchos lugares del País, igualmente, cuando un miembro de este gremio salta a la celebridad nacional, puede convertirse en victimario de un ser humano en desgracia.

Pongo como ejemplo el caso de Loret de Mola. En estos días el joven comunicador ha sido fuertemente cuestionado por su implacable crítica a un hombre aplastado por la desgracia: Fausto Vallejo Figueroa, ex gobernador de Michoacán. Enfermo, vapuleado políticamente, angustiado por la enfermedad de su esposa y con un hijo en la cárcel, Vallejo ha sido ferozmente criticado por Loret. Incluso, pronostica su encarcelamiento. Eso es lo que un periodista no debe de hacer jamás: prejuzgar, condenar. En el trabajo periodístico, debe de haber una mínima compasión hacia el político en desgracia que lo ha perdido todo.

A fin de cuentas, ¿Quién es uno para juzgar a otros?

Ciertamente, me explayé en el discernimiento de este tema. La verdad sea dicha, no era la intención sumirme en un tema hasta el fondo. Inicié este comentario hablando de la violencia en otras Entidades. Decía al principio: perdidos en la vorágine de la violencia del mal llamado crimen organizado, no parecía que nos diéramos cuenta de que estábamos cayendo en un pozo obscuro de inseguridad y ahora nos encontramos como quien ha sido agarrado con los dedos en la puerta. ¿Nos estamos perdiendo en la confusión de los distractores de la violencia del mal llamado crimen organizado? Pareciera que sí.

 

 

¡Participa con tu opinión!