RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

En el segundo año de gobierno de Enrique Peña Nieto han llegado las cosas a un punto en el que al parecer la política de Estado, en relación con asuntos tan graves como todo lo de Guerrero, va a tener un momento de definición y entre eso está el ver si el presidente puede garantizar la promesa que hizo en Acapulco de mantener la autopista del Sol abierta, o las múltiples oposiciones guerrerenses, las legítimas y las no tan legítimas, cumplen con su amenaza permanente de no permitir que la carretera funcione. Si esto se plantea en tales términos y el asunto de la fluidez de la carretera se convierte en el emblema de la eficacia o capacidad del gobierno para hacer cumplir una ley, aunque haya discusión sobre otras leyes, entonces no tendremos la oportunidad de ver el resto de los puntos que plantea este programa guerrerense que tiene como finalidad los estímulos, tanto financieros como de inversión.

Hay momentos en que los mexicanos caemos en muestras de humorismo –o patetismo voluntario–, y eso es lo anterior precisamente, humorismo involuntario, por una parte anunciar la disminución del peaje y por la otra garantizar la circulación de la carretera. Hay un momento en el que no se sabe si reír o llorar. La realidad es que el asunto se ve sumamente grave porque todo está basado en lo que un clásico llamaría “la política ficción”, y la política ficción consiste en decir: “¡vivos se los llevaron, vivos los queremos!”. A partir de ahí, esto se vuelve un diálogo con el absurdo. Además, el presidente parece que dijera “sí hay dolor, pero dejémoslo ahí y pasemos a otra cosa”. Por lo que con ese interés de desafanarse de Peña Nieto, lo único que consigue es provocar más enojo. Si tuviéramos que hacer la síntesis de los dos años de gobierno del presidente Peña Nieto, podríamos poner por un lado lo que yo llamaría “la primavera o el retorno de los priístas al poder”, una primavera que duró luminosamente, con esplendor un año, el año necesario para el planteamiento de todo este esquema de reformas llamadas de fondo, estructurales, o sea las reformas que iban a permitir apertura, inversión importante, empleo, disminución en el costo de muchos servicios, la rebaja en el precio de los combustibles, en fin, todo este paraíso prometido a partir de un intenso trabajo legislativo logrado luego de un extenso trabajo político que fue el Pacto por México, en el cual encontramos que desde la triple alianza de Texcoco, Tenochtitlán y Tacuba no se había logrado una cosa tripartita de las dimensiones de todo esto, y de pronto se oscureció el panorama, y como decía uno de los críticos de la revolución de Fidel Castro: “Y de pronto nos cayó la noche”. Y estamos metidos en una noche que ya lleva 72 días y que creo que va a llegar a 700 o más, en los términos absurdos de pedir la aparición de los desaparecidos. Obviamente que lo anterior dependerá de lo que digan los laboratorios en Austria, los cuales no van a decir nada que valga la pena. Por lo anterior, y muchas cosas más, creo que a Peña Nieto le vienen días aciagos. Veíamos la encuesta del Periódico Reforma del lunes pasado, en donde un gran porcentaje de ciudadanos desaprueban el gobierno de Peña Nieto. En abril de este año 28% lo desaprobaba, en agosto pasó a 48% y en noviembre ¡el 58%!, aquí vemos que la tendencia se profundiza. En el caso de los líderes es todavía más pronunciada, pues en abril de 2013 la aprobación era de 78% y en noviembre de este año es de 21%. O sea que los que estaban de acuerdo con las famosas reformas estructurales y que entendían que esto era de largo plazo, hoy muestran una desaprobación total. Los temas son muy sencillos: funcionamiento de la economía, inseguridad –que nos la quieren ocultar y de repente apareció con esto de Ayotzinapa–, corrupción, y todo el asunto de la “casa blanca” confirma y personaliza la consolidación de un gobierno corrupto.

Luego de dos años de gobierno observamos que hay una crisis no tan solo del gobierno de Peña, es también una crisis del régimen, de nuestra democracia, de los partidos políticos, y del sistema. Y aquí aplico una frase de Octavio Paz: abusar del color negro es arriesgarse a la ceguera. En relación con el gobierno de Peña no creo que un saco vacío pueda conservarse parado. Se cae. Y veo eso como una crisis fundamental de consistencia, de un equipo que no debe estar encerrado en una burbuja, pues no se puede salir de una crisis consultando a la burbuja, o sea un grupo cerrado. Aquí vale la pena comentar el famoso libro de Thomas Pikketi, quien dice, y eso es lo más grave de nuestra democracia, que desafortunadamente en el siglo XXI –y no tan solo se refiere a México–, la democracia en lugar de esclavizar al capitalismo, el capitalismo esclavizó a la democracia. Y una de las cosas que tenemos que reconocer de lo que sucede es el enorme peso de la mercadotecnia. Esto nos hace decirle también a la ciudadanía, porque vamos a otro proceso electoral, que para decidir su voto vayan más allá del spot, de los espectaculares, de la propaganda tan común que siempre se utiliza. Actualmente observamos cómo los legisladores, tanto federales como locales, están haciendo eventos para rendir sus informes. La pregunta es: ¿Qué tiene que informar un legislador? El informe es de quien maneja un presupuesto, por lo tanto estos informes son eventos anticipados de campaña, son futurismo. Los discursos que utilizan son la danza de las grandes palabras pero no están comunicando nada nuevo. Hoy hay reflexiones de algunos comunicadores sobre el pésimo manejo tanto del asunto de Ayotzinapa como del asunto del problema de corrupción. La autoridad sale en forma tardía. También ahí tenemos que sale la señora del presidente a dar una explicación que no satisface a nadie. Si analizáramos lo anterior desde el punto de vista jurídico, solo habría que reparar en los artículos 110 y 111 constitucional, y esto lo menciono porque el presidente ahora dice una frase, que ya por trillada y por obvia creo que debería de omitir: “La única forma de llegar a la paz social es mediante la aplicación del estado de derecho”, ¡Imagínese usted!, ¡decir esto a estas alturas del caos!

El artículo 110 dice que el presidente solo podrá ser procesado por traición a la patria y por delitos graves del orden común. Lo excluye del juicio político. Esto fue legislado en tiempos de Venustiano Carranza que inspirado en Emilio Rabasa fortalece la institución presidencial, lo cual fue una paradoja de nuestro movimiento social, porque la revolución mexicana surge para limitar al porfiriato, pero la constitución de 1917 busca fortalecer el presidencialismo y quita el juicio político pero deja abierto otro tipo de delitos. Y aquí habría que analizar lo siguiente: hay un delito en la declaración patrimonial de Peña Nieto. Un delito de omisión. Inclusive en el formato en que se hace la declaración patrimonial menciona que debe incluir los bienes de la cónyuge, y dice que si ya lo había adquirido que pruebe que lo adquirió por sus propios medios, pero en el caso de la “casa blanca” aún no la había adquirido la esposa de Peña, la estaba pagando. Porque lo que presentó es un contrato de promesa de venta. Ahí hay un delito.

El artículo 111 señala al Senado, porque ahora está hablando de crearse una comisión, ¡otra más!, para investigar lo que es evidente, pues sí hay un delito en la omisión de la declaración de bienes, sí hay una empresa que salió beneficiada. Esto podría ser tan grave como por ejemplo el asunto de Bill Clinton que fue llevado a juicio político por el asunto de Mónica Lewinsky. El watergate sería equiparable a este delito.

Al gobierno de Peña Nieto le falta un sentido de grandeza pero también concentrarse en lo pequeño, vemos funcionarios que más que ejercer el cargo tienen el mal endémico de la política mexicana de pensar en el cargo siguiente. Esto es grave y así veo a Luis Videgaray y a Osorio Chong. No sé por qué en lugar de decir ya tengo este cargo y voy a dar todo y voy a cumplir con decoro, empiezan a pensar en el siguiente, y eso sin lugar a dudas deteriora el desempeño actual, por eso la encuesta de Reforma presentó a un gabinete con baja calificación.

Indudablemente que hay inconformidad en el país, han surgido con fuerza demandas y reclamos, pero también es importante señalar que hasta ahora nunca hemos visto en ninguna marcha, de tantas que se han realizado a lo largo y ancho del país, que los manifestantes reclamen que respondan por los delitos los que hasta hoy están señalados como responsables, que son el ex alcalde de Iguala, aparentemente su esposa, el comandante de la policía municipal y los partidos que respaldaron, promovieron y apoyaron a esos candidatos que luego fueron autoridad. Incluso políticos destacados y relevantes que fueron a darles el apoyo y a apadrinar sus campañas ofreciendo su aval político. Curiosamente no hay reclamo de esto en las calles. Como que se percibe un interés de desviar el asunto principal, pues si se sigue con esto de que se vale ir a protestar y a reclamarle a quien se les ocurra, estamos a un paso de dar por válidos, como métodos de lucha efectiva, el que destruyan comercios, instalaciones de particulares, el saquear tiendas, el obstruir carreteras, incendiar edificios públicos.

Todos los tratados de liderazgo obligan a hacer un ejercicio. Para lograr el fortalecimiento de liderazgo tienen que partir del reconocimiento de las limitaciones. Actualmente estamos en un proceso de pérdida de sentido común, se percibe un deterioro de la forma de hacer política, del profesionalismo que sí había tenido el sistema político. Hoy vemos una lucha desigual en donde el crimen si está organizado, el que está desorganizado es el gobierno.

¡Participa con tu opinión!