Saúl Alejandro Flores

Estimados lectores, hoy es el Día Mundial del Agua, como ya lo anticipé habrá desde discursos, acciones o eventos sólo para cubrir el protocolo, así como también tendremos eventos que servirán como un corte de caja para evaluar sin adulación los avances, logros, ajustes en las estrategias y lo más importante que es la evaluación de las políticas públicas, esos componentes positivos, son los que deben articularse parar emprender una efectiva política hídrica.

Me permitiré en continuación con lo que han sido las dos anteriores entregas, a reiterar en la relevancia de la GIRH (Gestión Integral del Recurso Hídrico), porque en nuestro caso es la única alternativa que permitirá integrar una auténtica política hídrica, que en consecuencia será la alternativa viable y concreta para alcanzar logros y el cumplimiento de metas que se reflejará en la sustentabilidad del recurso agua.

Pasemos entonces al tema, la relevancia que reviste la gestión integrada de los recursos hídricos, para comenzar, podemos visualizarla en tres ámbitos, la primera parte de una visión sistémica de las distintas dimensiones del agua, considerando su origen, por ende sus facetas (superficial y subterránea), así como lo cuantitativo y cualitativo. Lo anterior es porque indudablemente el agua es un sistema ecológico con matices de transversalidades, ahí se desprenderán los componentes de la seguridad hídrica y la calidad del agua.

Como segundo ámbito es más de índole de interacción, ya que el agua es un sistema ecológico que interactúa también con otros sistemas de recursos, desde los terrestres hasta otros tipos de sistemas medioambientales. Está orientado a aspectos tales como la gestión de llanuras inundables, la mitigación de sequías, el control de la erosión, el riego, el drenaje, las fuentes de contaminación localizadas, la protección de los humedales y del hábitat de los peces o de la flora y fauna, así como los usos recreativos. En este rubro, la integración es necesaria, ya que son muchos los problemas resultantes de las decisiones sobre el uso de la tierra u otros aspectos del desarrollo, con implicaciones de primer orden respecto de los sistemas acuáticos.

El tercer ámbito presenta una mayor dimensión, por ende es más marcada la transversalidad, dado que se orienta a las interrelaciones entre la economía, la sociedad y el medio ambiente, del que el agua no es sino un componente. Lo relevante es plantearse y responderse hasta qué punto el agua puede facilitar o dificultar el desarrollo económico, reducir la pobreza, mejorar la salud, el bienestar e impactar positivamente en el patrimonio.

Estas tres esferas o ámbitos demandan un visión y una metodología sistémica o ecosistémica, así como la necesidad de centrarse en los resultados, vale la pena detenerse aquí porque es importante ponderar la cautela en no cometer el recurrente error de definir los sistemas o los conceptos de manera tan general que resultan imprácticos desde el punto de vista de la gestión al momento de su implementación.

Es recomendable no omitir la postura o criterio emitido por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 1998) con respecto a que la gestión integrada de los recursos hídricos, está basada en la toma de decisiones sobre el desarrollo y gestión de dicho recursos para diversos fines, tomando en consideración las necesidades y deseos de diferentes usuarios.

En suma, una gestión integrada y eficaz de los recursos hídricos requiere básicamente de: a) una perspectiva sistemática; b) una metodología basada en los resultados; y c) las alianzas y la coparticipación con las partes interesadas, gobernanza.

La gestión del recurso hídrico debe partir de cantidad y calidad del agua, ya que la gestión de la cantidad, es decir, del abastecimiento y de la calidad de agua suele estar por inercia asignada a organismos diferentes, y este escenario de diversas competencias genera inevitablemente conflictos. Lo anterior, como origen de razones administrativas de índole histórica, y podemos aseverar a un desconocimiento del sector agua, sin embargo, la visión actual de la gestión del agua permite visualizar los contextos actuales.

La necesidad de dimensionar los principales rubros como son los problemas de cantidad y calidad suelen estar interdependientes. Así cuando el análisis del flujo de un sistema fluvial que desciende por efecto de la variabilidad natural; el agua podría ser insuficiente para atender a las necesidades de sus usuarios, o podría no disponerse de capacidad suficiente para asimilar los desechos depositados en el rio, en consecuencia, podría ser necesario construir presas y embalses para mejorar el almacenamiento en consonancia con las necesidades de los usuarios y para incrementar el flujo en la temporada seca, con el fin de mantener los niveles de calidad del agua, para lograr un diseño óptimo de tales presas y embalses, las necesidades en cuanto a cantidad y calidad del agua deberán ser consideradas conjuntamente o integradas en las prácticas de gestión.

Finalmente, en este Día Mundial del Agua, se demanda actualizar visiones y que los decisores políticos por fin hagan caso a las recomendaciones técnicas, y desde el ámbito legislativo actualicen las leyes, y por parte del poder ejecutivo, se emitan las reglamentaciones necesarias, así como la ejecución de una política hídrica, previo diseño e involucramiento no sólo de los actores técnicos, sino en un auténtico ejercicio de gobernanza con la participación de usuarios con conocimientos sólidos del tema. En fin, la tarea es enorme y el trecho por recorrer parece interminable, pero sin duda, no se puede dar el lujo de improvisar o tomar decisiones que sólo satisfagan las percepciones de un electorado (lo menciono porque los actores políticos sólo reaccionan con base a votos o popularidad, no a la sensatez). Ojalá el próximo año se tengan resultados por los cuales valga la pena celebrar este día, recuerden amables lectores que estas deben ser acciones tendientes para que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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