Jesús Eduardo Martín Jáuregui

“Mujer ni sumisa ni devota, te quiero libre, linda y loca”, cartel en una manifestación feminista.

Mi maestro Don Luis Recasens Siches, nacido circunstancialmente en Guatemala, de padres españoles, catalán de cepa, transterrado a México luego de un interludio en Francia, discípulo de Ortega y Gasset, compañero de Zubiri y García Morente solía decir en clase, donde denotaba una marcada preferencia por las damas que iba muy bien con su linaje de caballero español: “Yo soy feminista, sin que eso quiera decir que sea afeminado ni mujeriego”. Declaración que dudo mucho que en la actualidad fuera bien recibida en un salón universitario, porque sin duda, tiene un fuerte dejo homofóbico, y un dudoso respeto a la mujer. Cierto que es un terreno minado, portarse caballeroso, como a uno le enseñaron en casa, ceder el paso y el asiento a las mujeres, abrir la puerta del coche, acercar la silla en un restaurante, puede ser visto (me ha tocado el caso) como actitud machista colocando a la mujer en un plano inferior, o peor quizás, como una conducta de galanteo ofensivo para una mujer. Como lo que bien se aprende jamás se olvida seguiré fiel a esas chocheces aprendidas hace mas de medio siglo y ateniéndome a las consecuencias.

No cabe duda que nos toca una época de cambios acelerados, y no cabe duda también que siempre y en todo lugar las generaciones de salida como a la que pertenezco, hablan de cambios acelerados, de brecha generacional, de la incomprensión de los jóvenes, de su inexperiencia y pretendida suficiencia y, por supuesto, la falta de apego a los valores, la falta de respeto a sus mayores y de su desprecio por el conocimiento y el aprendizaje. Desde los textos moralistas más antiguos se mencionan a los jóvenes como inconformes e irrespetuosos y los más mayores pretendemos arrogarnos el conocimiento de lo que más les conviene, y desde luego lo que más le conviene a un joven es hacerle caso al viejo, ¿o no?. Bueno eso decimos los viejos.

Muy seguramente las preocupaciones de cada época son similares en cuanto a las preguntas fundamentales ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué sé? ¿En qué creo? ¿Quién eres tú? ¿Qué existe? ¿Qué puedo conocer?, pero un cambio fundamental es que las jóvenes mujeres han asumido un papel protagónico en el mundo y toman como nunca antes un rol activo que viene bien con una nueva concepción del ser mujer y actuar en consecuencia. Tengo una nietecita de poco más de un año de edad y no espero ni deseo, como hubiera pensado hace algunos años, en que se convierta en una “mujercita”, sino que se desarrolle en plenitud como una Mujer.

El próximo jueves 8 se celebrará el Día Internacional de la Mujer. ONU mujeres, el organismo de la Organización de las Naciones Unidas para la promoción, respeto y dignidad de la mujer, se ha planteado como lema y como programa “Por un planeta 50-50 en 2030, Demos el paso por la igualdad de género”. El horizonte parece muy corto para lograr la igualdad en el mundo, en donde persisten regiones en que el atraso cultural y económico parece ser impedimentos infranqueables en doce años para obtener la equiparación social de los géneros. Más aún, la propia equiparación jurídica constituye una aspiración compleja en sociedades en donde desde la religión la mujer conserva una posición de sometimiento y explotación. En 1918 celebramos cincuenta años de la Revolución de Mayo, y en ella se proclamaba: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”. Hagámoslo por la mujer, ¡No! Hagámoslo por el hombre, ¡No! Hagámoslo por la humanidad. Los compromisos de México para lograrlo son, a lo mero macho, muy mexicanos. Vean si no: México se compromete a mejorar la coordinación de las medidas nacionales a favor de la igualdad de género, y a ampliar las iniciativas sobre salud reproductiva. Y, lo puedo apostar tronchado, que en 2030 el gobierno mexicano estará anunciando que “se mejoró la coordinación de las medidas nacionales a favor de la igualdad de género y se ampliaron las iniciativas sobre salud reproductiva”. Al tiempo.

La ONU determinó que el tema para la celebración del Día Internacional de la Mujer, este 8 de marzo de 1918, sea “Ahora es el momento: las activistas rurales y urbanas transforman la vida de las mujeres”. El próximo jueves la celebración se suma a un movimiento mundial que no tiene precedentes. Los derechos, la igualdad y la justicia se han convertido en top trending no solo en las redes sociales, sino también en la agenda social, política y jurídica de muchos países en los que, como nunca, se han hecho públicas denuncias del acoso sexual, la violencia y la discriminación contra las mujeres, al extremo de que han acaparado los titulares y el discurso público, creando una conciencia de la necesidad del cambio. Desde la denuncia de actrices de Hollywood por el chantaje sexual de que han sido objeto, hasta la de activistas que señalan cómo en países africanos se sigue practicando la mutilación del clítoris como una práctica culturalmente aceptada y asociada a una condición de la mujer como objeto y no sujeto de las relaciones sexuales.

Las acciones como protesta contra el acoso sexual y la violencia se han manifestado en forma de marchas y campañas mundiales, incluido el movimiento #MeToo en los Estados Unidos de América y sus similares en otros países:  #YoTambién en México, España y América Latina, #QuellaVoltaChe en Italia, #BalanceTonPorc en Francia y #Ana_kaman en los Estados Árabes; “Ni Una Menos”, una campaña contra el feminicidio que surgió en Argentina; y otras tantas  iniciativas, han abordado cuestiones que van desde la igualdad salarial hasta la representación política de las mujeres.

Nuevamente el Día Internacional de la Mujer 2018 es una oportunidad para transformar estas declaraciones, que muchas veces han quedado en meros buenos deseos, en medidas para fortalecer a las mujeres de todos los entornos, rurales y urbanos, y oportunidad también para reconocer el trabajo que muchas personas activistas que trabajan sin descanso, han venido realizando para reivindicar los derechos de las mujeres y conseguir que éstas desarrollen su pleno potencial y con ellas la sociedad toda.

La meta es 2030, por un planeta 50-50 en el 2030.

                

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