José María León Lara

Desde hace 76 años, cada 1° de junio se conmemora en México el Día de la Marina Nacional; fecha ciertamente significativa por muchos motivos, pero principalmente para agradecer y honrar a todos aquellos quienes sirven a nuestra querida patria a través de las armas, tanto en la defensa exterior de México, como en tareas de seguridad al interior de territorio nacional. Siendo la Marina Armada de México, una de las instituciones más respetadas y confiables para los mexicanos, es menester dedicar este comentario editorial a marinas, marinos y a sus familiares en su día.

Ahora bien, la pregunta inmediata es el porqué del primero de junio como fecha específica para celebrar el Día de la Marina Nacional. La Historia nos remonta hasta el año 1917, cuando el barco a vapor llamado “Tabasco”, zarpó de Veracruz rumbo a Progreso, Yucatán, con una tripulación compuesta en su totalidad por nacionales mexicanos, al mando del capitán don Rafael Izaguirre Castañares. Siendo entonces decretada esta fecha por el entonces presidente de la república Don Manuel Ávila Camacho, el 11 de abril de 1942.

Siendo ese mismo año de 1942 cuando se celebró por primera vez el Día de la Marina Nacional, al realizarse un homenaje a las tripulaciones de los buque-tanques “Potrero del Llano” y “Faja de Oro”, mismos que fueron hundidos por submarinos nazis durante la Segunda Guerra Mundial, los días 13 y 20 de mayo de aquel mismo año. Y aunque la celebración es relativamente reciente, la existencia de la Marina Mexicana tiene sus orígenes en el siglo XIX, precisamente en el año 1821, con la creación del Ministerio de Guerra y Marina.

Teniendo su primera gran encomienda de defensa a la patria el 23 de febrero de 1825, cuando bajo el mando del Capitán de Fragata Pedro Sainz de Baranda, se tuvo el último enfrentamiento contra aquellos españoles que se negaban a reconocer la independencia; siendo esta la primera vez en que las armas nacionales se llenaron de gloria al proteger la frágil soberanía de una nación naciente.

Cabe a su vez recordar, la heroica defensa en las dos invasiones francesas (1838 y 1861) y durante las dos invasiones estadounidenses (1846 y 1914), eventos en donde la Marina actuó con determinación y con un profundo sentido patriótico cara a salvaguardar nuestra independencia y por supuesto, nuestra libertad como pueblo y nación.

Ahora bien, cierto es que, de manera contemporánea, afortunadamente, México no se ha encontrado en la necesidad de defender su soberanía externa, al menos no por las armas, provocando que la misión de nuestra Marina, como del Ejército y de la Fuerza Aérea, haya ido cambiando con el paso del tiempo, adaptándose a las necesidades requeridas por el pueblo mexicano. Es por ello que también es de reconocerse, el fabuloso trabajo que realizan en materia de rescate y auxilio, particularmente en los casos donde la naturaleza nos ha puesto a prueba.

No resta más que extenderles una sincera felicitación en su día a las y los marinos, pero sobre todo, darles las gracias por su amor y su servicio a la patria. ¡Felicidades!