José Luis Gómez Serrano

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Más vale un mal arreglo que un buen pleito.

La fórmula más famosa de todas es E=mc2, establecida por Einstein hace poco más de 100 años. No es una curiosidad matemática, no es una fórmula más. Desde el punto de vista científico, representa un enorme brinco conceptual, porque establece equivalencia entre materia y energía, conceptos que el hombre había considerado separados; para la vida humana de todos los días, es el potencial de tomar de un litro de agua (= H2O) los átomos de Hidrógeno que hay ahí, y después juntar dos átomos de Hidrógeno para formar uno de Helio, liberando energía suficiente para abastecer de electricidad a México durante un año. Ese es el potencial de la energía nuclear.

Dicen que Einstein se arrepintió de este descubrimiento y de haber firmado la famosa carta que presentaron a F. D. Roosevelt, urgiéndolo a tomar medidas para crear la bomba atómica, porque tenían noticias de que los nazis ya habían empezado a explorar el tema. El resultado son las bombas de Hiroshima y Nagasaki, las pruebas atómicas posteriores de EEUU y la URSS para fabricar la bomba de hidrógeno y los cientos o miles de bombas que están en manos de militares, o peor aún, de políticos, en todo el mundo.

Hay dos palabras inglesas usadas en el contexto de armas y guerras nucleares. Doomsday es “día de la perdición”, deterrence es “disuasión”; la primera es el hipotético y devastador resultado de una explosión nuclear que acabaría con la vida en el planeta, la segunda palabra es la doctrina militar oficial, que se basa en la convicción siguiente: el enemigo nuclear sabe que si él ataca primero, el país atacado contestaría en igual o mayor medida, asegurando de esta manera la destrucción mutua. Según esta doctrina militar, las potencias mantienen un arsenal nuclear con la intención de nunca usarlo, lo tienen exclusivamente para represalia en caso de un ataque enemigo.

Edward Teller, el científico que diseñó el mecanismo de la bomba H (de hidrógeno, o termonuclear), justifica en sus memorias la investigación científica en esas materias, presentándolo como un resultado inevitable de la capacidad humana de pensar, analizar e inventar, sin hacer muchas diferencias con respecto a otros inventos como el barco, la rueda, las computadoras, o las vacunas. Aceptaba el riesgo que entrañan las armas nucleares y proponía la doctrina Deterrence, aunque reconoció sus riesgos, narrando con ironía en sus Memorias las palabras de un amigo que presentaba una conferencia de Teller:

A unos cien metros del albergue, el Dr. Teller recogió un madero grande. Pregunté para qué y contestó “para protección contra los osos”. Yo protesté que un palo no era suficientemente efectivo contra osos. “Lo sé bien,” me replicó, “pero espero que los osos no estén enterados”. El Dr. Teller les hablará ahora acerca de nuestro sistema de defensa balístico.

Después de la anécdota, Teller dice:

Este fue, desafortunadamente, un excelente resumen de la efectividad de nuestro sistema de defensa balístico[1].

La película Dr. Strangelove, de Stanley Kubrik, filmada en 1964, es una famosa sátira del armamentismo nuclear en EEUU y en la URSS. El general norteamericano Jack D. Ripper[2], al mando de un batallón de bombarderos B52 con armas nucleares, amanece un día inspirado y ordena a su equipo activar el Plan R, que consiste en avanzar sobre la URSS, bombardear ciertos objetivos primarios, y con las bombas que les quedaran elegir otros objetivos menos importantes. Sus subordinados, militares norteamericanos e indoctrinados en el odio y el miedo a todo lo que huela a “russkie” o a comunista, infieren que su país ha sido atacado y que deben contraatacar, aunque les cueste la vida. Uno de los ayudantes de Ripper analiza los eventos y no encuentra la orden de más arriba, cuestiona al general, y éste lo encierra para que no fastidie. En la Habitación de Guerra del presidente se dan cuenta que uno de sus generales se volvió loco y activó un plan que está protegido para continuar su marcha solo, cortando comunicaciones con todos lados excepto con el general Ripper. Deciden sincerarse con los rusos, y el premier les informa que ellos también tienen su sistema automático de respuesta, una Doomsday machine, que consiste en una serie de bombas nucleares destinadas a crear una nube radioactiva de Cobalto, que cubrirá el planeta y acabará con toda forma de vida. Los norteamericanos deciden informar las posiciones de los aviones que van a bombardear Rusia, para que los comunistas los derriben, mientras buscan la forma de comunicarse con los aviones, cosa que logran: la mitad de los aviones regresan a sus bases, pero el resto ya estaba sobre territorio soviético y es atacado por las defensas rusas; todos menos uno de los aviones son derribados, el que queda tiene su radio destrozado y no puede recibir la contraorden de Washington, su capitán decide un objetivo en el área en que se encuentra, y lo bombardea. La película termina con una serie de tomas que ilustran la respuesta rusa, el Doomsday machine explotando, y los asesores del presidente norteamericano discutiendo cómo salvar vidas humanas en refugios bajo tierra; el asesor científico, Dr. Strangelove, propone que sean admitidos en esos refugios hombres y mujeres, en proporción 10 a 1.

La película es una sátira, porque los personajes son locos, absurdos o incompetentes; todos ellos indoctrinados en el miedo, el odio y el desprecio al enemigo, con poder sobre uno de los logros más espectaculares del razonamiento humano, las bombas nucleares, pero sin capacidad para razonar quién es el enemigo, qué tanto hay que temerle, y qué conviene a los dos hacer para poder seguir respirando este aire común a todos los hombres, como ya había dicho Kennedy:

Puesto que en análisis final, nuestra relación más básica es que todos habitamos este pequeño planeta. Todos respiramos el mismo aire. Todos atesoramos el futuro de nuestros hijos. Y todos somos mortales[3].

En épocas normales uno pude ver esta película a inclusive reírse del capitán del B52 que cae montado en la bomba que destruirá una ciudad rusa, pero estos no son tiempos normales. El fondo de la película es una crítica devastadora de la doctrina Deterrence, que en los análisis militares podría parecer una buena opción, pero en la práctica sucede lo que con todos, absolutamente todos los planes hechos por el hombre: factores imprevistos pueden estropearlo.

Las armas nucleares tienen dos efectos destructivos.

  • Local: el lugar donde explota la bomba es totalmente destruido,
  • La contaminación por las partículas de material radioactivo que se esparcen en la atmósfera, en agua o en tierra, pueden extenderse por muchos kilómetros a la redonda, como sucedió con la nube de Chernobyl.

Las bombas sucias están diseñadas precisamente para eso, crear contaminación con cobalto-60. El Doomsday machine de la película era una serie de bombas sucias, destinadas a acabar con todos los hombres del mundo si los soviéticos llegaran a convencerse de que ellos iban a ser destruidos por un ataque enemigo. Podríamos decir que es absurdo, que eso nunca pasará, pero consideremos un antecedente relacionado. En el año 74, cuando los romanos atacaron a los judíos, destruyeron el Templo y dispersaron a los judíos en la Diáspora, unos mil judíos se refugiaron en la fortaleza de Massada, donde resistieron durante mucho tiempo el sitio romano, pero al final reconocieron que estaban perdidos, y decidieron morir antes que caer en manos romanas. Puesto que la religión judía prohíbe el suicidio, la leyenda dice que se formaron en grupos de diez, el primero del grupo mataba a los otros 9, luego otra vez se formaron en grupos de diez, hasta que quedó uno solo, quien se suicidó. En la actualidad, algunos judíos consideran a Massada como un hecho heroico y otros lo critican, pero queda el antecedente de una comunidad que prefirió la autodestrucción cuando se supo perdida. Si en estas condiciones hubiera estado en manos de los judíos de Massada determinar la suerte de los romanos, seguramente hubieran decidido que también los romanos debían morir.

La idea del Doomsday Machine no es entonces un invento descabellado de Kubrik, hay antecedentes históricos que nos permiten suponer su existencia. Técnicamente es posible, porque la contaminación no puede controlarse (los vientos la dispersan), pero sí puede hacerse suficientemente poderosa como para que cubra todo el planeta, por ejemplo haciendo explotar muchas bombas de cobalto, extendidas en una superficie grande como Rusia o EEUU. Una máquina de guerra así tiene por objetivo la destrucción total del enemigo, ejecutada como venganza ante un ataque devastador del enemigo.

La doctrina Deterrence se resume en:

  1. El enemigo nuclear no se atreverá a atacar primero, porque sabe esto provocará inevitablemente que también él sea atacado.
  2. El enemigo tampoco se atreverá a destruirnos, porque esto provocará que también él será destruido.

Ya que esto es una doctrina militar y no es la palabra de Dios, ni siquiera es una ecuación matemática, es lícito analizar sus puntos fuertes y débiles.

A FAVOR. En caso de que:

  1. Todos los bandos contendientes tienen jefes (aquellos que deciden lanzar o no lanzar un ataque nuclear) que poseen información completa, y
  2. Los jefes quieren conservar su vida y la de su país, y
  3. Los jefes son capaces de un análisis racional de pros y contras de un ataque iniciado por ellos mismos.

Entonces podría funcionar la doctrina Deterrence. Sin embargo, como decía Teddy Roosevelt: “Those are very iffy questions” (eso está lleno de suposiciones).

EN CONTRA.

  1. El mecanismo de respuesta puede ser un mal diseño, y arrancar por error humano o técnico.
  2. Una vez arrancado, el mecanismo corre automáticamente hacia la destrucción total.
  3. La doctrina está diseñada para superpotencias, con gran extensión, que difícilmente llegarían a la condición de destrucción total.
  4. No está contemplado el caso de pequeñas potencias nucleares, como Corea del Norte, Israel, Pakistán.
  5. No está considerado que el jefe superior (de una nación) sea un imbécil o un loco.
  6. Tampoco está considerado que DOS jefes superiores sean imbéciles o locos.

En 1961, un bombardero B52 sobre Goldsboro, North Carolina, se rompió en pleno vuelo y las dos bombas H que cargaba fueron a dar al suelo. Una se desintegró al chocar, pero la otra desplegó su paracaídas y activó tres de las cuatro etapas necesarias para explotar[1]. El DOD explicó que la bomba “nunca hubiera explotado”, cosa que nadie se lo creyó, y este es hasta la fecha el incidente más peligroso que ha vivido EEUU. Ahora imagine usted un proceso como Deterrence, varios niveles de complicación por arriba de una sola bomba, y decida si le confiaría la vida del planeta.

Analizado más a fondo, inclusive los puntos a favor están en contra, porque presuponen que se dan las tres condiciones (jefes con información completa. Y que no sean suicidas. Y capaces de analizar racionalmente). Esta objeción es más que aparente hoy, 11 de agosto de 2017: ¿de quién estamos hablando? De Kim Jong-um y de Trump. El primero está haciendo más o menos lo mismo que hacía su padre y esgrimiendo públicamente la única arma que tiene contra una intervención militar o económica de EEUU: anuncia que tiene bombas poderosas (como el madero de Teller), y espera que los norteamericanos reconozcan que así es y lo dejen en paz. Kim Jong-um nada más ha demostrado independencia y altanería contra EEUU, no ha dado pruebas de ser un imbécil. En cambio Trump no es capaz de juzgar objetivamente dos fotografías, la de su toma de posesión y la de Obama, y aceptar que la de Obama tenía mucha más gente, aunque las fotografías están ahí para que las vea todo el mundo. The Washington Post dice en su edición de hoy que probablemente no habrá guerra[2], porque que lo que dice Corea es lo que ha dicho siempre:

En caso de que EEUU nos ataque primero, entonces…

Es decir, Corea no va a tirar la primera piedra. Por lo tanto, el articulista David Kang deja el peso de la decisión en Trump, quien de acuerdo a las leyes de su país puede atacar nuclearmente a quien quiera, solamente deberá pedir permiso al Congreso sesenta días después del ataque. ¿Para qué querría el permiso después de lo que ya hizo?

Esto nos hace reflexionar sobre los mecanismos de control que existen en Corea del Norte y en EEUU para prevenir una guerra por accidente o error de cálculo. En EEUU se deja la decisión en manos del presidente y todo mundo deberá obedecer. Por el lado coreano, las fotografías de Kim Jong-um invariablemente muestran a un séquito de subordinados militares o políticos dispuestos a aplaudir, a reírse de sus chistes o a lamer las botas del jefe; ¿cuál de ellos cuestionaría una orden de atacar? Sin embargo, me parece que Kim Jong-um es inteligente y sabe que cualquier movimiento en falso provocaría la destrucción de su país, así que por ese lado creo que no lanzarán el primer disparo.

Otra esperanza está en China y Rusia, quienes hace poco celebraron maniobras militares conjuntas en Kaliningrad[3], con lo que les muestran a EEUU que están unidas para defender intereses comunes, como esa región del mundo, Corea del Norte, que posee frontera con China y con Rusia. Un ataque a Corea del Norte se consideraría como mínimo un agravio contra China y Rusia, lo que podría escalar el conflicto a un nivel mayor, y una cosa es amenazar a un país de 25 millones, que estar en pleito contra la mayor superficie y la mayor población del mundo, China y Rusia combinadas. Tampoco sancionarán un ataque coreano; hoy mismo, China le advierte a Kim Jong-um que si él ataca primero, irá por su propia cuenta.

Todo queda, entonces, en manos de Trump, ese regalo de la democracia norteamericana para el mundo entero.

[1]https://en.wikipedia.org/wiki/1961_Goldsboro_B-52_crash

[2]https://www.washingtonpost.com/news/worldviews/wp/2017/08/11/are-we-on-the-brink-of-nuclear-war-with-north-korea-the-consensus-is-probably-not/?hpid=hp_hp-top-table-main_wv-nuclearwar-145am%3Ahomepage%2Fstory&utm_term=.4369b9de243f

[3]https://www.nytimes.com/2017/07/25/world/europe/china-russia-baltic-navy-exercises.html

 

[1] Edward Teller: Memoirs. Perseus Publishing, Cambridge, Massachusetts, 2001. Pág. 510.

[2] Jack el Destripador

[3]https://www.jfklibrary.org/Research/Research-Aids/JFK-Speeches/American-University_19630610.aspx