Por: Itzel Vargas Rodríguez

Este fin de  semana terminaron por fin las precampañas después de millones de spots que escuchamos, cientos de dimes y diretes y una que otra cosa jocosa, tanto al igual que lamentable.

El año pasado habíamos visto cómo terminaba un José Antonio Meade con aire de grandeza y hasta arrogancia, con la confianza que le daba su desempeño profesional y público, y por haberse jactado de haber sido cara de dos gobiernos presidenciales pero sin mancharse de colores de ningún partido.

Ahora, después del proceso, vemos un Meade que no pudo levantar las encuestas de preferencia. Que decirle “ciudadano” a un candidato sólo porque no tenía la credencial partidista de afiliación, no lo hizo acreedor al gusto de la ciudadanía. Que por más preparación y buen currículum, la marca PRI le está llenando de piedras pesadas los zapatos, que el mismo presidente del partido pasó por una descalificación tremenda al usar términos despectivos y descalificativos como “Prietos” en su ansia por atacar al contrincante mayor: Morena, y que en ese camino en las dirigencias de ese partido se olvidaron de atacar a su otro contrincante: el PAN, que aprovechó, hizo su papel y ahora se encuentra en segundo lugar.

Ni todo el dinero que gastaron en precampaña les valió, los camiones pagados, aquellas prácticas antiguas y ya metódicas que utiliza el PRI, los regalos de tortas, refrescos y playeras. El cambio continuo de logotipo de Meade… ese caos interno aunado a la pésima percepción que cosechó el Gobierno Federal, terminó reflejándose en números de desaprobación. ¿Podrá Meade, un personaje hasta hace poco muy desconocido por la población, encumbrar el camino hacia la Presidencia en las próximas elecciones? Muy difícil, pero veremos.

Por otro lado, Ricardo Anaya terminó siendo el abanderado del PAN a la Presidencia a fines del año pasado, en una única elección interna del partido, en el que, fiel a su masivo discurso que desde hacía tiempo venía encumbrando, posicionó más aquél mensaje de “El PRI se tiene que ir” y “México no va por el camino correcto”. La estrategia discursiva ha sido impecable y aplaudible. Cualquiera se sabe de memoria esas frases.

Quizá sus desaciertos fue esa exacerbada manera de querer imponer un nuevo estilo de comunicar electoralmente: con canciones. Dirían unos “una rola está bien, pero ya dos no”. Y es que aquél primer video difundido con Zepeda, sin lugar a dudas fue llamativo, pero ese abuso de cantar y subirse al tren del meme acompañando también la melodía del partido Movimiento Ciudadano, eso último sí que fue demasiado.

Pero es de reconocerse que continuó posicionándose en el segundo lugar, y aún y cuando lo separan casi 10 puntos de preferencia de Andrés Manuel, aquél Anaya Araña, que en su último evento se subió a saludar al público desde una infraestructura del escenario, mandó un mensaje claro: soy joven, preparado y ya he dejado atrás al PRI. Su batalla será quizá, más perceptible que la de Meade, y cargada de sorpresas también.

Andrés Manuel por su cuenta, mostró un personaje político muy diferente a aquél que ha sido oposición en el 2012 y en el 2006. Ahora es un político que va a echar toda la carne al asador, y eso incluye hacer alianzas con gente poderosa y de pésima reputación, recurrir al nombramiento de artistas y personajes de la farándula televisiva y futbolística a que sean candidatos de Morena en estas elecciones, a perdonar a todo aquél que se una a sus filas y eso sí, a condenar públicamente a quienes no lo hacen, y a dejar de lado la ideología de izquierda, para encabezar proyectos que le garanticen ganar.

Ahora AMLO va por todas, tiene las preferencias, tiene una visión conciliadora en extremo y puede ganar porque por vez primera, al parecer está dispuesto a negociar.

De entre los tres eso sí es bastante destacable, que AMLO ha sido quien más eventos públicos ha encabezado y quien menos dinero ha gastado. Del PRI y del PAN ni hablemos, tener eventos multitudinarios de partido, con pantallas a colores y efectos, eso sí cuesta una millonada.

Aquellos que se quedaron como una opción sumamente rezagada, desgraciadamente fueron los candidatos independientes. Quienes no sólo no pudieron recabar firmas como creían que podrían en un inicio, sino que además recurrieron a métodos muy criticables, mismo que ellos han penalizado en las prácticas partidistas: las firmas falsas y duplicadas estuvieron a la orden del día.

Tomemos aire, porque será sólo cuestión de horas para que volvamos a recibir nuevos cachetadones de publicidad y ahora sí, va en serio. A ver que pasa.

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