Típico: luego de una fiesta donde hubo mucho alcohol y comida, el malestar generalizado conocido como resaca hace su aparición.
Para paliarlo hay decenas de consejos, muchos de ellos tradicionales: comer unos chilaquiles muy picantes, un pozole bien caliente y una cerveza muy fría, son algunos de los más comunes.
Sin embargo, ninguno de estos remedios aporta un bienestar físico, pues sus efectos son simplemente psicológicos.
“Picantes y caldos a base de chiles no ayudan en realidad, son mitos. Estos alimentos condimentados lo único que provocan es una disminución de la presión en el esfínter superior (que une esófago con estómago), provocando reflujo e irritando mucosas esofágica y gástrica.
“El efecto calmante de caldos picantes o condimentados ante los estragos causados por el consumo de alcohol son más bien de carácter sicológico, no fisiológico”, explica la gastroenteróloga Yolanda Zamorano.
Una deshidratación aguda, combinada con irritación del estómago, son en realidad los efectos causados por la ingesta excesiva de alcohol, lo cual es conocido coloquialmente como cruda o resaca. Para remediarlo, lo ideal es reponer los líquidos perdidos por la bebida y no someter al organismo a estrés, al menos mientras dura el periodo de recuperación.
“Si se quiere corregir el grado de deshidratación o cruda lo recomendable es beber sueros orales con alto contenido de sales (…) Tomar grandes cantidades de agua o bebidas hipertónicas, ricas en sodio, potasio y pequeñas cantidades de cloro, compuestos que generalmente forman los electrolitos.
“Las bebidas a base de harina de arroz, como atoles, también aportan electrolitos naturales y forman una capa protectora, de efecto calmante, sobre la mucosa. Sin embargo, el mejor alivio es el reposo relativo”, apunta.