desigualdadItzel Vargas Rodríguez
Es impresionante cómo en tan sólo algunas décadas, el estilo de vida de las generaciones (por ejemplo las que nos llegaron a contar nuestros padres y abuelos) hasta la que se vive y se sigue reestructurando día a día, ha cambiado enormemente. Tan sólo considerando el hecho de que por ejemplo 80% de la población en América Latina vive en ciudades, cuando a mitad del siglo pasado la mayoría de las poblaciones aún realizaban su vida en torno al trabajo rural como la agricultura o la ganadería.
Pero este fenómeno de migración cultural y geográfica, por sí mismo también trajo consigo grandes problemas, por ejemplo, empezaron a remarcarse más las desigualdades sociales.
Y, retomando estas últimas palabras, recientemente, periódicos como el Financial Times o The Economist han comenzado a elogiar los razonamientos del economista francés Thomas Picketty, quien incluso ha sido nombrado como “el moderno Marx”, pues su más reciente y polémica publicación “Capital in the 21st Century” hace un análisis económico-histórico de 30 países durante 300 años, en donde dedujo que el rendimiento del capital anual siempre ha sido mayor que el crecimiento económico, lo que ha provocado no sólo el estancamiento de dicho crecimiento, sino la distribución inequitativa de las riquezas.
Pese a las grandes críticas que su innovador análisis está causando (puesto que se basa mucho en datos históricos y eso quita foco en el acontecer contemporáneo), es muy interesante el hecho de que ponga el dedo en la llaga literalmente: hablar sobre la desigualdad, la cual ha crecido en las últimas tres décadas (el mismo Economist dice en cifras que 1% de la población tiene el 43% de los activos del mundo, lo que ya todo mundo sabe: el 10% más rico controla el 83%) y su predicción es tajante, la desigualdad continuará a menos que se pongan en marcha una serie de medidas progresistas de forma global, como un 80% de impuestos a la riqueza (…la sola propuesta es genial, para ser honestos).
Así que, proponer soluciones innovadoras se ha convertido ya en parte de la agenda de trabajo de las nuevas ciudades, porque no sólo éstas agrupan a la mayoría de la población, sino que sus características geográficas, políticas, estructura social y competitividad están delimitando el estilo de vida de sus ciudadanos.
La misma ONU promueve, por ejemplo, tres principios para lograr la equidad en las ciudades, es decir, buscar que no haya tanta desigualdad social. El primero es promover una planeación urbana sustentable que pueda permitir que las brechas de desigualdad en los territorios no sean tan marcadas y que origine prosperidad compartida entre los habitantes.
Luego, el encauzamiento de las leyes e instituciones hacia la igualdad, en la que se invite a contar con un sistema de rendición de cuentas y que se facilite la inclusión social. Por último, pero no menos importante, que se creen oportunidades económicas, en donde se articulen esfuerzos entre los gobiernos locales y la iniciativa privada, a fin de que se promueva un desarrollo económico con crecimiento integrador. En Pakistán, por ejemplo, las mujeres están combatiendo la pobreza a través del emprendimiento de nuevos negocios y la realización de organizaciones comunitarias femeninas (a modo de cooperativas).
Más allá de las diferencias de organización política, territorial o cultural, los países de primer mundo que ofrecen una alta calidad de vida a sus habitantes, lo hacen en parte porque a diferencia de los países que estamos en vías de desarrollo, tienen una brecha de desigualdad social muy inferior, es decir, el tema de la pobreza no trastoca tan miserablemente y en tanta cantidad como lo hace acá, hay más y mejores oportunidades para realizarse, y una persona es la que decide qué hace con su vida, no el entorno la delimita tristemente por su a priori y condicionado contexto que no le permite prosperar adecuadamente. Pero esto tiene muchas soluciones, locales, pequeñas y multilaterales en su vasta mayoría, sólo falta el tema de las voluntades compartidas, pero no hay razón para ser pesimistas… puede que el bien común algún día se ponga de moda. Por cierto, ¡Qué bien nos vendría realizarle ofrenda a un dios azteca de la equidad social! Uno que repartiera oportunidades de desarrollo a todos, sin desigualdades o discriminación.
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[email protected] / @itzelvargasrdz

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