Jesús Orozco Castellanos

El gobierno del Estado de Aguascalientes compró una finca que se encontraba en la calle de Nieto. Se pagaron al dueño 4.6 millones de pesos, cantidad que fijó un perito designado a satisfacción de las partes. El edificio será demolido de inmediato para que pueda quedar visible el lado oriente del Teatro Morelos. Recordemos que el próximo 20 de octubre se cumplirán 100 años de la realización, en ese recinto, de la Soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes. Creo que es una medida acertada que contribuirá al mejoramiento del centro histórico de la ciudad.

Si bien la ciudad de Aguascalientes fue fundada en 1575, de acuerdo con la cédula real firmada por el rey Felipe II de España, su fisonomía moderna se inició con el establecimiento de la Gran Fundición Central Mexicana a finales del siglo XIX. Después se instalaron los talleres de mantenimiento de los ferrocarriles. De la época de la Fundición sólo quedan un par de casas y el horno de ladrillo en el que se fundían los metales. Sabemos que había un fraccionamiento para los empleados de la empresa. Incluso había un hipódromo en esa zona. Los dueños de la fundidora (la familia Guggenheim) procuraban ofrecer a sus ejecutivos los niveles de confort y las formas de recreación que tenían en los Estados Unidos, su país de origen. Lo mismo hicieron los dueños de los ferrocarriles. Construyeron para su personal directivo un enorme centro deportivo y lo que hoy es la Colonia Ferronales, que se encuentra en muy buen estado de conservación. Algunas casas son espléndidas. Son del tipo chalet, con techos a dos aguas y están rodeadas de jardines. Los actuales dueños, en su gran mayoría, han sabido cuidarlas.

En el año de 1900 la población de Aguascalientes era de alrededor de 34 mil habitantes, los cuales vivían básicamente de la Fundición y de los talleres ferroviarios. El medio de transporte por excelencia, en aquella época, eran los tranvías, primero tirados por mulas y después eléctricos. Comunicaban la estación de los ferrocarriles con la Fundición, pasando por el centro.

Sin embargo, la agricultura y la ganadería seguían ocupando un lugar no desdeñable. Los dueños de las haciendas se desplazaban principalmente a caballo. Por eso me llama la atención que en las casas de la calle Venustiano Carranza, donde vivían familias de terratenientes como los Salas López (dueños de la Hacienda de La Labor), no hay vestigios de la entrada para caballos. Recuerdo muy bien que en la casa de mis abuelos maternos, en un pueblo de Los Altos de Jalisco, había un corredor lateral, con sus propias puertas, destinado a la entrada y salida de los caballos. Mis abuelos tenían un rancho situado a unos cuatro kilómetros del pueblo. Es obvio que no iban a meter los caballos a los corrales por la sala de la casa. Ahora bien, en el caso de Aguascalientes es probable que la entrada de los caballos estuviera en la calle de Nieto. Las casas eran muy grandes (de calle a calle).

Cuando se celebró la Soberana Convención Revolucionaria, la economía de la ciudad de Aguascalientes se mantenía en auge. Ya se habían instalado los servicios básicos como el agua entubada, el drenaje, el pavimento en las calles del centro, el alumbrado público y la electricidad en las casas, industrias y comercios. Incluso había teléfonos. Además, era un punto estratégico del país: comunicaba la Ciudad de México por el centro, el oriente y el poniente. Lo que ahora es la Carretera Panamericana, conocida también como la 45, es lo que se conoció como el Camino Real de Tierra Adentro, que comunicaba la ciudad de Santa Fe (Nuevo México, Estados Unidos) con la Ciudad de México. El desarrollo industrial y comercial de Aguascalientes se volvió un atractivo para la realización de negocios en la región. Eso hizo necesaria la construcción de los primeros hoteles modernos: el Washington y el Francia. Éste último funciona todavía. Quizá por todo eso los dirigentes revolucionarios decidieron realizar aquí la Convención. Al que mejor le acomodaba la situación era al general Francisco Villa, que podía desplazar sus tropas por ferrocarril desde Chihuahua hasta la capital del país.

Hay quienes se preguntan por qué el norte del país, con tanta escasez de recursos, con zonas desérticas o semidesérticas, ha tenido mayor crecimiento económico que las muy fértiles regiones del sur y el sureste de México. Una razón puede ser justamente la existencia de sistemas comunicación en el norte: ferrocarriles y telégrafo, principalmente.

A propósito de comunicaciones, cuenta el maestro José Vasconcelos en sus memorias que su padre era recaudador de impuestos en la Secretaría de Hacienda. Primero lo enviaron a un pueblo perdido de Sonora. Después a Piedras Negras, Coahuila, en la colindancia con Eagle Pass, Texas, donde él estudió la primaria y pudo aprender inglés. Por cierto, relata que al instalarse en la Ciudad de México, tenía su despacho de abogado en el centro histórico. Por su conocimiento del inglés, le pidieron que sirviera de traductor en una entrevista en el Palacio Nacional entre el entonces presidente Porfirio Díaz y un empresario norteamericano. Al final, don Porfirio le preguntó a Vasconcelos de dónde era originario y cuál era su segundo apellido. Soy de Oaxaca y mi segundo apellido es Calderón, le contestó. El Presidente le preguntó si era pariente del doctor Calderón. Era mi tío, hermano de mi madre, le dijo Vasconcelos. ¿Ya murió?, inquirió el viejo dictador. Le contestó que sí. Cuánto lo siento, comentó don Porfirio y agregó: el doctor Calderón me curó de una herida, después de una de mis tantas batallas en Oaxaca. Posteriormente, en varias ocasiones Vasconcelos saludó cortésmente a don Porfirio en lo que hoy es la calzada de Tacubaya en la Ciudad de México. Iban en sus respectivos carruajes, sin mayores lujos, y el presidente de la República respondía amablemente el saludo. Más allá de sus errores políticos, don Porfirio era un hombre austero y cordial. Brincaría en su tumba si viera el océano de corrupción y cinismo en el que nos hemos metido.

Años después, la familia Vasconcelos se tuvo que desplazar a Campeche. Para llegar a este último punto, había que ir en tren de Piedras Negras a Torreón, donde se abordaba el ferrocarril proveniente de Ciudad Juárez, con destino a la Ciudad de México. Después había que ir de México a Veracruz, también en tren, tras un día de descanso. Finalmente se abordaba un barco de Veracruz a Campeche y el recorrido duraba dos días. Era un trayecto de casi una semana. Hoy en día, el vuelo en avión de Aguascalientes a Campeche no debe tardar más de unas tres horas. Son las ventajas del avance tecnológico.

El Teatro Morelos, de estilo neoclásico, terminó de construirse en el año 1885, cuando era jefe político del Estado de Aguascalientes Alejandro Vázquez del Mercado. El lugar se volvió emblemático porque allí se reunieron los dirigentes revolucionarios que decidieron realizar una Soberana Convención. Y como ya hemos comentado, si la Convención hubiera triunfado, nuestro régimen político hubiera sido parlamentario, distinto al centralismo que impusieron los revolucionarios sonorenses. Pero así se escribió la historia.