Jesús Orozco Castellanos

El pasado miércoles se anunció el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, después de 54 años de ruptura. Me parece una decisión acertada, a pesar del rechazo de la mayoría de los cubanos residentes en Miami. En el fondo la medida tiene un sustento económico. Con el petróleo por debajo de los 50 dólares el barril, Venezuela ya no está en posibilidades de seguir apoyando al régimen cubano mediante la entrega de 100 mil barriles diarios de crudo subsidiado. Con el pragmatismo que lo caracteriza, Raúl Castro puso la mirada en la única opción que tiene ahora: Estados Unidos. Dice el escritor Jorge Castañeda que los empresarios petroleros de Montana y Texas lograron lo que nadie había logrado y que poco a poco iremos viendo cambios tanto en la política como la economía de Cuba. El Congreso norteamericano va a exigir cambios para garantizar el respeto a los derechos humanos. Además, al Congreso le corresponde el levantamiento del embargo contra Cuba, de manera que la normalización de relaciones es apenas el primer paso, muy importante, desde luego. Por eso es una decisión histórica.

He visitado Cuba en tres ocasiones. La última vez fue hace diez años. Con mucha facilidad se podía percibir el descontento entre la gente. Nos hospedamos en el hotel Meliá de La Habana. En el hotel había todas las comodidades, incluyendo internet y televisión por cable, servicios de los que carecía el conjunto de la población. Además, un mesero del restaurante de ese hotel recibía entre 45 y 50 dólares diarios de propinas. En cambio, el rector de la Universidad de La Habana ganaba 33 dólares al mes. Ciertamente, el gobierno cubano brindaba a todos los ciudadanos, en forma gratuita, educación, salud, vivienda, transporte, alimentación. Y hay que reconocer que los sistemas de educación y salud en Cuba son de excelencia. Pero con ese sueldo era imposible comprarse un automóvil. Los únicos que compraban vehículos eran los meseros. Es muy difícil mantener un sistema sin incentivos. ¿Para qué estudiar si puedo tener mucho más dinero como empleado de un hotel? Sin estímulos es punto menos que imposible construir una clase media.

Es altamente probable que con la normalización de relaciones con Estados Unidos cobre mayor impulso la industria hotelera. Cuba está a 90 millas de la península de La Florida. El turismo norteamericano podría inundar literalmente las playas y las principales ciudades cubanas. Hace diez años, con recursos de la UNESCO, se estaban iniciando los trabajos de remozamiento del centro histórico de La Habana. Es hermosísimo. Como decía el escritor mexicano Carlos Fuentes, las ciudades coloniales del Caribe son verdaderamente únicas por su belleza y por su historia. Para el estadounidense de clase media podría resultar mucho más atractivo visitar Cuba, en lugar de Miami. La zona de los cabos, en el norte de la isla, tiene playas tipo Cancún: se pueden recorrer kilómetros con el agua a la cintura y con un suelo de arena blanca finísima. Son formidables.

En términos culturales, Cuba es un país muy importante. En América Latina sólo hay tres países con una gran tradición literaria: Argentina, Cuba y México. La música cubana es también de primera. Para México, Cuba ha sido siempre de especial interés. Durante el auge de la industria del henequén en Yucatán, a finales del siglo XIX y principios del XX, La Habana era la principal conexión de Mérida, más que la Ciudad de México. Había una especie de corredor internacional entre La Habana, Nueva Orleáns y Nueva York. Los grandes intelectuales como José Vasconcelos hacían con frecuencia ese trayecto. Además, en el transporte marítimo La Habana fue siempre, desde los tiempos de la colonia, el punto de enlace entre Veracruz y el puerto de Cádiz en España. De hecho, antes de que se construyera el canal de Panamá, el tráfico marítimo de América del Sur se concentraba en Cartagena de Indias (Colombia) y de allí se partía hacia La Habana, donde se concentraba toda la llamada flota de Indias, una parte de la cual llegaba al puerto de Cádiz y la otra a Sevilla, remontando el río Guadalquivir.

Con una clase media cubana en ascenso, seguramente se irá reduciendo la tentación de abandonar la isla. Todavía en este momento los dirigentes cubanos saben que la gran mayoría de los que abandonan el país ya no regresa, salvo que tengan familia. Se han dado muchos casos de represalias contra los familiares. Ha ocurrido en el caso de los desertores que participan en competencias deportivas. Pero si el nivel de ingresos es similar por lo menos al de otros países latinoamericanos, la gente podría entrar y salir del país sin ningún problema, como lo hacemos nosotros, por ejemplo. Todo dependerá de los recursos económicos con que se cuente.

Cuba tiene enormes carencias todavía, especialmente en materia de vivienda y transporte. Las casas de las colonias de clase media están en ruinas. No han recibido mantenimiento prácticamente desde los inicios de la Revolución. La reforma urbana del régimen castrista fue un fracaso, al igual que la reforma agraria en México. Entregaron casas a todo el mundo pero sin otorgar los recursos para mantenerlas. El transporte urbano de La Habana es fatal. Acondicionaron tráileres a los que ensamblaron un caparazón de lámina y los convirtieron en orugas. Son malísimos. El transporte entre las diferentes ciudades del país es casi inexistente. Nosotros fuimos de La Habana a las playas de Varadero (algo así como 150 kilómetros) en un autobús turístico muy confortable. Pero la gente que trabaja en los hoteles de los destinos de playa se desplaza por medio de “aventones”. Se forman filas de personas a las orillas de las carreteras. La supercarretera de La Habana a Varadero es muy buena. Sin embargo, las carreteras del interior dejan mucho que desear. La primera vez que visitamos Cuba llegamos a un pueblo que se llama Ciego de Ávila, en el centro del país. Llegamos a un hotel construido para el turismo cubano. Era relativamente nuevo y se estaba cayendo a pedazos. Las camas estaban desvencijadas. Eso sí, por los altavoces se escuchaban todo el día los discursos del comandante Fidel Castro y las canciones revolucionarias. Para colmo, en el aeropuerto de La Habana se nos perdieron las maletas. Era un aeropuerto de pueblo (todavía no se había construido el nuevo, moderno y funcional). Había tiendas especiales para los turistas. A las afueras había gente con dólares en la mano para encargarle a uno ciertas compras.

En fin, ojalá que con la apertura de relaciones con Estados Unidos y con la oleada de turismo que se espera, la situación económica y social comience a normalizarse. Los dirigentes cubanos siempre han dicho que el turismo trae aparejados algunos problemas como la prostitución y las drogas. De hecho la revolución castrista se realizó en buena medida para terminar con esos vicios, que estaban muy arraigados en la Cuba de Fulgencio Batista, la de los años 40 y 50 del pasado siglo. Pero las cosas han cambiado. Tenemos el caso de México. Se le ha dado una gran promoción al turismo, que es una de las principales fuentes de empleo en nuestro país. Los problemas de prostitución y drogas en las ciudades turísticas son los mismos que hay en el resto de las zonas urbanas. En fin, todos esperamos que les vaya bien a los cubanos.