El viernes pasado, el periodista Ciro Gómez Leyva anunció su retiro como columnista del diario Milenio. Publicaba una columna diaria, de lunes a viernes. Antes ya se había dado la salida del articulista Jaime Sánchez Susarrey, que publicaba los sábados en el diario Reforma. No se dio ninguna explicación sobre el caso. Su lugar fue ocupado por Jorge Volpi, que escribía los domingos en el mismo diario. Ocurrió igualmente la suspensión del programa Tercer Grado que transmitía Televisa por el “canal de las estrellas” los miércoles a las 11.30 de la noche. Se ha dicho que al gobierno le molestaban especialmente los comentarios críticos de Víctor Trujillo (“Brozo”) en Tercer Grado. Se dio también la salida de Jorge G. Castañeda de Reforma. Escribía una columna semanal y ahora publica dos artículos por semana en Milenio. Por cierto, en su más reciente columna, Castañeda señala que los diarios mexicanos –todos– son demasiado complacientes con el actual Presidente de la República. Creo que debió mencionar un caso que me parece excepcional: el de la revista Proceso y su recientemente fallecido director, don Julio Scherer García. Fue un hombre ejemplar y sobre todo incorruptible. Para como están las cosas, es un caso muy digno de mencionarse. Proceso mantuvo siempre una posición de crítica al gobierno. Los contrapesos son necesarios.

De la misma forma pienso que, quizá por los vicios del centralismo que se da en nuestro país (o que padecemos), Castañeda dejó de lado a los diarios del interior del país. Yo tengo más de diez años publicando una columna semanal en El Heraldo de Aguascalientes y debo confesar, con la honestidad intelectual que el caso amerita, que jamás han sido censurados mis escritos. He gozado de la más absoluta libertad, cualquiera que sea el tema.

Creo que los casos mencionados merecen algún tipo de aclaración. Si fueron decisiones personales de los columnistas, no veo por qué no decirlo. Pero si hay una política de comunicación social obstinada en acallar las críticas, sería muy lamentable. Claro que el gobierno federal difícilmente podría reconocer el segundo escenario. Además, como ya lo he señalado en otras ocasiones, en el mundo de las redes sociales la censura es punto menos que imposible. Sin ir tan lejos, el propio Castañeda, en el artículo en el que critica a los medios, se refiere de manera muy crítica al tema del petróleo en México. Él ha dicho que tiene su situación económica resuelta y quizá por eso se da el lujo de manifestar lo que piensa sin cortapisas.

El tema del petróleo es crucial para México. El Congreso fijó un precio de 79 dólares por barril a la mezcla mexicana de crudo, con el fin de estructurar el presupuesto del gobierno federal para el 2015. Sin embargo, el precio ya bajó de los 40 dólares debido a la competencia que se está dando entre Estados Unidos y Arabia Saudita. Extraer un barril de petróleo en aguas someras cuesta cinco dólares. Extraerlo en cavidades de rocas, mediante el método de “fracking” (trituración) como lo está haciendo ya Estados Unidos, cuesta 30 dólares. A esto hay que agregar las utilidades de las empresas. Parecería que los 39.8 dólares a los que llegó la mezcla mexicana de crudo en días pasados, sería el límite hacia abajo. Es un escenario difícil para nuestro país porque el 38% del presupuesto federal depende de los ingresos petroleros.

El secretario de Hacienda, Luis Videgaray, declaró recientemente que en un entorno internacional difícil por la baja en los precios del petróleo, el gobierno federal optará por la reducción del gasto público y no por más impuestos o por la contratación de deuda pública adicional. Ahora bien, México ha contratado coberturas en previsión de una reducción de precios. Sin embargo, ¿qué porcentaje de la producción de petróleo abarcan esas coberturas? Castañeda dice que en México hay varios expertos en esos temas. Él consultó a dos. Uno le dijo que las coberturas abarcan el 100% de la producción; otro afirmó que sólo abarcan un 54% de la misma. Hay un mundo de diferencia.

Se ha dicho que México tiene una producción de dos millones 400 mil barriles diarios de crudo. La mitad se exporta y el resto es para consumo interno. Aplicar un subsidio de 39 dólares por barril de crudo es algo apenas imaginable. Estamos hablando de más de 500 mil millones de pesos anuales, tomando en cuenta la posición del peso frente al dólar en estos momentos. Ni remotamente alcanza con un ajuste del gasto público. Más del 90% del presupuesto está comprometido: sueldos de maestros, médicos, policías, etc.

No obstante, el escenario no es tan catastrofista, aunque por razones obvias el secretario de Hacienda no podría mencionar una salida posible: echar mano de las reservas internacionales. Algunos analistas han señalado que ya son excesivas: en días pasados alcanzaron los 193 mil millones de dólares. El Banco de México está inyectando al mercado 10 millones de dólares diarios para contener la embestida contra el peso. Al año sumarían 3,650 millones de dólares. El margen de maniobra seguiría siendo muy alto. Lo más grave sería que se confirmara lo que se viene diciendo, que en las últimas semanas salieron del país 50 mil millones de dólares porque en los mercados hay incertidumbre con respecto al rumbo del país. De ser cierto eso, estaríamos ante un escenario parecido al de finales de 1994 y principios de 1995, el del famoso “error de diciembre”. En aquella ocasión, el gobierno de Estados Unidos le inyectó a la economía mexicana 50 mil millones de dólares. No podían (ni pueden) permitir que su vecino se hundiera (o se hunda). Con una buena dosis de cinismo los dirigentes norteamericanos han declarado que México es su “back yard” (sus patio trasero). Cuesta admitirlo, pero así es.

Tengo mis dudas sobre esa supuesta fuga. Para empezar, las tasas de interés en Estados Unidos son bajísimas. Al parecer ya son negativas considerando el nivel de la inflación. En México algunos bancos están ofreciendo rendimientos del 11% anual en pagarés de mediano plazo. Son más de 7 puntos por encima de la inflación. De manera que depositar dólares en los bancos norteamericanos con el riesgo de salir perdiendo, es algo que no tiene sentido. Habría que ver cómo están las tasas de interés en Europa, particularmente en Suiza. En todo caso, a los empresarios les conviene invertir en México. Algunos ya lo están haciendo. Crean empleos y eso es bueno.

Insisto: el tema de los energéticos es crucial para México. Sin exagerar, en ello se juega el destino nacional. Si se toman decisiones equivocadas en esa materia por la obsesión de no perder las elecciones federales del próximo mes de junio, las consecuencias podrían ser catastróficas a la vuelta de dos o tres años. Y no sólo eso. Se le estaría pavimentando el camino a López Obrador con miras a la elección del 2018. Por algo está tan callado. Simplemente está esperando su turno al bat (como buen tabasqueño, es muy aficionado al béisbol). Y eso de las reservas internacionales a él no le quita el sueño. Finalmente es dinero. Si gana la elección y recibe las finanzas públicas en ruinas, no tendría el menor reparo en echar mano de las reservas, por más que sus asesores le recomendaran algo de prudencia, palabra que, según se ha visto a lo largo de los años, no está en su diccionario personal.