Jesús Orozco Castellanos

Hace unos días abrió sus puertas la Universidad Pontificia de México (UPM), campus Aguascalientes. La sede central está en la Ciudad de México. Es filial de la Universidad Gregoriana de Roma, que tuvo sus inicios en 1551, año en que San Ignacio de Loyola fundó el Colegio Romano. En 1583, el papa Gregorio XIII le adjudicó un nuevo edificio y le dio el carácter de universidad. Por eso recibió el nombre de Universidad Gregoriana. Como era de esperarse, es administrada por los jesuitas. El campus Aguascalientes de la UPM es el único fuera de la capital del país.

La UPM no es, como pudiera pensarse, la institución heredera de la Real y Pontificia Universidad de México, fundada en septiembre de 1551 mediante cédula real ordenada por el emperador Carlos V y firmada por el rey Felipe II de España. Fue la primera universidad en América. En los hechos, ese legado fue asumido por la Universidad Nacional Autónoma de México. Quizá por sus prejuicios antirreligiosos, los liberales suprimieron la Real y Pontificia Universidad en el siglo XIX. Después, en los inicios del siglo XX, don Justo Sierra fundó la Escuela Nacional Preparatoria con el fin de restituir la antigua universidad. Finalmente, en 1920 el maestro José Vasconcelos hizo realidad ese proyecto al fundar la Universidad Nacional, con el lema de “Por mi raza hablará el espíritu”. En los años 30 se le concedió el carácter de autónoma.

Recuerdo que hace unos diez años le sugerí al padre Ricardo Martín del Campo, que había sido rector de la Universidad Pontificia de México y que realizó sus estudios de teología en la Universidad Gregoriana, que promoviera la apertura de un campus de la UPM en Aguascalientes. Me dio a entender que no había condiciones para ello. Hoy, por fortuna, el proyecto se está convirtiendo en realidad. Por lo pronto, se han iniciado seis diplomados: Historia del arte sacro, Historia de las religiones, Fundamentos de nuestra fe, Biblia, Filosofía para no filósofos y Economía para no economistas. Se tienen proyectadas varias carreras como teología, filosofía, derecho canónico, derecho civil, ciencias y humanidades, ciencias religiosas. Además, hay el proyecto de una preparatoria. Se está buscando un predio para construir un campus en forma. Actualmente la sede es la casa episcopal, prácticamente a un lado de la iglesia de Nuestra Señora de los Bosques. Estoy cursando uno de los diplomados. Es justo comentar que las colegiaturas son realmente bajas. Se paga más por un semestre en la UAA que en la UPM. Es el mejor indicador.

Me parece que en Aguascalientes la oferta de educación superior privada de calidad es insuficiente. Por eso la apertura de la UPM es un acierto notable. Los rechazados de la UAA no necesariamente son malos alumnos y en muchos casos no cuentan con los recursos para pagar altas colegiaturas; requieren de una beca y son escasas. La UPM es una buena opción.

A propósito del diplomado y específicamente del de Historia del arte sacro, nos proyectaron un video sobre algunas de las ciudades y regiones en las que predicó San Pablo y que cuentan con importantes muestras de arte sacro. En la ciudad de Roma y en la región de Capadocia hay expresiones muy notables del arte paleocristiano, es decir, el de los primeros años del cristianismo. En Roma están las pinturas al fresco de las catacumbas, que llegan a tener hasta siete niveles. El acceso es muy restringido porque la gente sigue con la manía de querer tocarlo todo. Contra lo que se piensa, los cristianos no vivían en las catacumbas. Allí sólo estaban sus iglesias y realizaban sus prácticas religiosas en la clandestinidad por la persecución de que eran objeto. Tenían casas muy confortables, como casi todos los ciudadanos de Roma.

San Pablo predicó también en la ciudad de Éfeso, que entonces tenía 200 mil habitantes, muy grande para su tiempo (Antioquía tenía 150 mil y la excepción era Roma con más de un millón). Como todas las ciudades romanas, Éfeso disfrutaba de todas las comodidades: grandes calzadas de piedra para el desplazamiento de caballos y carruajes, mercados, baños públicos y privados, comedores públicos (equivalentes a nuestros actuales restaurantes), legiones romanas para garantizar la tranquilidad pública, agua para el consumo humano y para los baños. La fuente del agua estaba a 13 kilómetros de la ciudad y la hacían llegar por medio de un acueducto de piedra que no tenía ningún tipo de pegamento; el acomodo preciso de las piedras y los enormes arcos de medio punto garantizaban la solidez de la construcción. El nivel de confort de Éfeso y de todas las ciudades romanas, de acuerdo con la revista National Geographic, sólo fue alcanzado en Inglaterra a mediados del siglo XIX. Tuvieron que pasar casi dos ml años para recuperar el nivel.

En Éfeso había un anfiteatro al aire libre para 25 mil personas y se lograba la acústica mediante la distancia decreciente entre las gradas. Eso le permitía a San Pablo poder predicar ante semejantes multitudes. Se conservan vestigios de lo que fue el templo de Artemisa en Éfeso, una de las siete maravillas del mundo antiguo y la más grande iglesia profana jamás construida. Las columnas tenían 18 metros de altura. Cada segmento pesaba más de diez toneladas. La cantera de mármol estaba también a 13 kilómetros de la ciudad y desplazaban la carga por medio de troncos de árbol. Después, en los andamios, a cincel y martillo se le daba forma. Aquello era titánico.

La región de Capadocia se encuentra en lo que hoy es Turquía. Una de sus características es la existencia de conos gigantescos de piedra caliza que se formaron por la acumulación de cenizas durante milenios. Los cristianos de la época de San Pablo, para evitar las persecuciones, cavaron en la base de los monolitos para formar una red de túneles que comunicaban sus viviendas y sus iglesias. En estas últimas pintaron cuadros al fresco que contienen importantes aspectos de la figura de Cristo. Construyeron en esas cavidades iglesias muy grandes, auténticas basílicas que seguían el modelo romano. Sellaban las entradas y salidas de los túneles con piedras redondas de dos metros de diámetro y de unos 50 centímetros de espesor. En las épocas en que amainaba la persecución, salían de sus cavernas para llevar una vida normal en las ciudades y pueblos de Capadocia.

Mucha gente se pregunta por qué San Pablo, que tenía tantos seguidores en la región del Medio Oriente, decidió establecerse en Roma. Lo hizo por dos razones: porque Roma era el centro del imperio y porque allí estaba el mayor número de paganos a los que había que convertir. Lo mismo había hecho con anterioridad San Pedro. Y no se equivocaron. A finales del siglo V, tras la caída del imperio romano de occidente, el cristianismo se había propagado ya prácticamente por toda Europa. La iglesia de Pedro y Pablo hizo posible la transición entre el imperio romano y la Edad Media. En todos los señoríos feudales había una parroquia y eso robusteció a la iglesia como nunca antes. Después, tras el descubrimiento de América, tanto la Iglesia católica como las diferentes denominaciones evangélicas hicieron acto de presencia y se convirtieron en uno de los pilares de la identidad histórica de las nuevas naciones. Una de ellas, Estados Unidos, se convirtió en imperio, como Roma.