El Heraldo de Aguascalientes

Desde la ventana 05 de Mayo

Jesús Orozco Castellanos

El presidente Enrique Peña Nieto envió al Congreso una propuesta de reforma energética en la que, entre otras cosas, se propone una reducción del precio de los hidrocarburos y de la energía eléctrica. El cineasta Alfonso Cuarón Orozco, nacido en México y radicado en Los Ángeles, que ganó un Oscar al mejor director por su película “Gravedad”, le formuló al Presidente Peña Nieto diez preguntas muy sencillas sobre algunos aspectos importantes de esa reforma. Me permito resaltar especialmente cuatro preguntas. La primera es cuándo podrán ver los consumidores la reducción de los precios de los combustibles y de la energía eléctrica. La segunda es: si una buena parte del presupuesto federal (38%) se nutre de las aportaciones del sector energético, ¿qué va a pasar si se reducen los precios, de dónde se obtendrán los recursos faltantes? La tercera tiene que ver con la corrupción en el sindicato de Pemex. La cuarta se refiere al hecho de que en otros procesos de privatización a lo largo de la historia, los mexicanos hemos visto que sólo han servido para el beneficio de unos cuantos. Es el caso de las telecomunicaciones, las autopistas, los ferrocarriles y los bancos. Los consumidores jamás hemos visto una reducción de precios o tarifas en ese tipo de servicios. Ahora se plantea la privatización de Pemex y uno de los argumentos que se han utilizado para proponerla es justamente la reducción de precios. Habrá que ver.

El gobierno le respondió al cineasta con la publicación de un amplio documento de 13 páginas. En términos generales es una respuesta muy bien elaborada, bien estructurada, con argumentos, con datos y propuestas. Se ve que las dependencias del sector energético hicieron un buen trabajo.

La respuesta a la primera pregunta sobre cuándo bajarán los precios fue: dos años después de la aprobación de la reforma energética. O sea, en el año 2016 si la reforma es aprobada en las próximas semanas. Pero mientras eso ocurre, los precios de los energéticos siguen subiendo. El sábado tres de mayo se produjo el quinto “gasolinazo” del año. La gasolina magna subió nueve centavos y la premium, que se supone es de mejor calidad, once centavos. En la respuesta del gobierno no se dice cuándo se estabilizará la curva del alza y cuándo se iniciará la baja porque, como se dijo, la propuesta es bajar precios.

Por lo pronto, la confrontación en los medios parece que la está perdiendo el Presidente Peña Nieto. Las críticas han estado a la orden del día. Algunos articulistas señalan que debió haber seguido el ejemplo del Presidente Barack Obama, quien lanzó su propuesta de reforma al sistema de salud y recorrió el territorio de los Estados Unidos para defenderla. Al final obtuvo lo que se propuso. Ciertamente al Presidente mexicano le bastan los votos de su partido y los de su aliado el Partido Verde para que la reforma sea aprobada en el Congreso. No hace falta la mayoría calificada de dos tercios. Pero no es lo mismo una aprobación “de panzazo”, por así decirlo, que la obtención de un amplio consenso. Hay que contar con el respaldo no sólo del Congreso sino de la sociedad entera. Eso implica dar la batalla en los medios y en la calle.

Hay quienes señalan que el gobierno federal sobreestimó a Alfonso Cuarón. Creo que no es el caso. Se trata de un mexicano muy distinguido que no encontró en su país las facilidades para realizar su trabajo y tuvo que buscarlas más allá de la frontera norte. Y por desgracia no faltó el consabido alarde de patrioterismo. El legislador Arturo Escobar salió con el disparate de que si Cuarón viviera en México se habría dado cuenta de que las preguntas que hace han tenido ya respuesta en el trabajo que ha venido realizando el Congreso. Para empezar, en el Congreso jamás se ha dicho que en dos años bajarán de precio los hidrocarburos y la electricidad. Lo tuvo que decir el gobierno federal. Es el único que tiene los elementos para decirlo. Además, eso de que hay que vivir en México para poder hablar de los problemas del país, es algo que atenta contra la inteligencia. Supongamos que yo quisiera escribir un artículo sobre lo que pasa en Ucrania; con esa lógica, necesariamente debería visitar ese país. O si preferimos ejemplos más cercanos, para tratar sobre la violencia en Oaxaca, Guerrero y Michoacán, tendría que desplazarme forzosamente a esos estados. ¡Qué absurdo! Por lo visto el señor Escobar desconoce que hay un instrumento llamado internet.

Volviendo a las preguntas de Cuarón, veamos la segunda, que me parece muy relevante. Se pregunta qué va a pasar si se reducen los precios de los energéticos, en el entendido de que una parte importante del presupuesto del gobierno federal proviene de las aportaciones de ese sector. El gobierno confía en que con la apertura de Pemex al capital privado, habrá cuantiosas inversiones por parte de empresas nacionales y extranjeras y eso traerá como resultado inmediato un incremento considerable de los recursos fiscales. Incluso se hacen proyecciones sobre el crecimiento del PIB y del empleo. Es un escenario ideal pero la verdad es que no dejan de ser especulaciones. Es imposible saber con precisión cuáles serían y en qué momento llegarían los posibles beneficios. No tenemos bola de cristal para predecirlo.

La respuesta del gobierno al tema de la corrupción en el sindicato de Pemex se basa en el señalamiento de que se están creando instituciones públicas para el combate a la corrupción y, además, que ahora las aportaciones de los sindicalizados serán más transparentes, gracias a la nueva legislación en materia de licitaciones y otros procesos administrativos. Creo que una respuesta de fondo sobre el tema de la corrupción es que forma parte del funcionamiento del Estado mexicano a partir de la Revolución. Un combate frontal para erradicarla sólo es imaginable si se llegara a producir una verdadera sacudida en el aparato del Estado. Es lo que propone López Obrador. Como ya lo he comentado, en ese punto estoy de acuerdo con él.

Finalmente está el tema de la experiencia histórica en los procesos de privatización. La respuesta del gobierno fue endeble porque los datos duros le dan la razón al cineasta. En efecto, comparados con los de otros países, los servicios de telecomunicaciones son caros, al igual que las autopistas que, para colmo, suben las tarifas cada que les da la gana. De los bancos ni hablar: los servicios son caros y de pésima calidad. Se pierden horas y en algunos casos no hay ni donde sentarse. Ciertamente los bancos son ahora empresas privadas pero no hay quien las meta en cintura. Los servicios de carga de los trenes son también caros si tomamos como referencia los de Europa y Estados Unidos. Se suponía que con la privatización de esos servicios aumentaría su calidad y se reducirían los precios para el consumidor. No fue así. Es más, recientemente se anunció que bajaron los gastos de las empresas del sector de telecomunicaciones. Pero esa disminución no se vio reflejada en los precios que pagamos los consumidores. Una de dos: o vivimos en un mundo al revés o no hay suficiente capacidad regulatoria por parte de los órganos del Estado.

P. D. Me parece que lo mejor de la entrega de los óscares fue lo que alguien dijo, parafraseando a Alex Lora y a la vocalista de La Quinta Estación, cuando Alfonso Cuarón recibió el suyo: ¡Que viva México, cuarones!