Jesús Orozco Castellanos

Estoy leyendo el libro autobiográfico del ex canciller Jorge G. Castañeda Gutman que lleva por título “Amarres perros”. Suena un tanto cacofónico pero tiene sentido: una de las ideas centrales que expone es la importancia de los contactos, las relaciones, para conseguir un objetivo determinado. “Amarres perros” sería como decir “contactos de primera”. Ahora los jóvenes dicen que algo está “perrón” cuando es muy bueno. A propósito de contactos, Castañeda y Adolfo Aguilar Zínser jugaron un papel importante en la aprobación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte por parte del Congreso norteamericano, gracias a la enorme red de relaciones que ambos fueron tejiendo a lo largo de muchos años. Adolfo Aguilar Zínser, hijo del afamado penalista Adolfo Aguilar y Quevedo, fue un diplomático de altos vuelos, representante de México ante las Naciones Unidas. Murió en un accidente automovilístico en junio del 2005 a la edad de 55 años. Se distanció de Castañeda porque habiendo sido ambos los principales asesores de Vicente Fox en materia de política exterior durante la campaña presidencial, Jorge fue nombrado canciller al inicio del gobierno y Adolfo Aguilar se quedó literalmente “colgado de la brocha”. Supongo que llegó a pensar que Castañeda “se le atravesó” con Fox para que éste no lo tomara en cuenta. Años después, Aguilar fue designado representante de México ante la ONU pero la relación con Castañeda ya estaba deteriorada.

Castañeda recorrió el mundo desde muy temprana edad. Su padre, don Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa, fue nombrado embajador de México en Egipto en 1962. Se fue con toda la familia a El Cairo. Castañeda Gutman tenía 9 años. De Egipto se fueron a Nueva York debido a que don Jorge fue designado representante de México ante las Naciones Unidas. Años después regresó a México porque el entonces presidente José López Portillo lo nombró canciller de México en 1980, tras la pifia de haber nombrado secretario de Relaciones a Santiago Roel, un hombre sin la menor experiencia en el servicio exterior. López Portillo entendió que debía nombrar canciller a un diplomático de carrera. Don Jorge pasó más de 40 años de su vida en el servicio exterior. Por cierto, los Álvarez de la Rosa estaban emparentados con la familia del general Felipe Ángeles, el célebre artillero de Pancho Villa. O sea que prosapia no les faltaba. La esposa de don Jorge, Oma Gutman, era una judía de origen lituano. La conoció en la Ciudad de México en la década de los años 40 del siglo pasado. Eran una pareja ilustrada, aficionada a los libros y a la cultura en general. Ese fue el entorno de Castañeda Gutman.

Cuando don Jorge fue nombrado canciller, su hijo lo siguió de cerca en todas sus actividades, sin tener un cargo formal. Después de la cancillería lo nombraron embajador de México en Francia y posteriormente representante de México ante los organismos internacionales con sede en Ginebra. Su hijo se fue a París a estudiar. Todo esto le permitió a Castañeda Gutman dominar tres idiomas: español, inglés y francés. De hecho, la señora Oma Gutman fue durante varios años traductora simultánea de francés en las Naciones Unidas.

Otro personaje del mundo cultural que se convirtió en amigo cercano de Castañeda es el historiador Héctor Aguilar Camín. En el año 2008 publicaron en coautoría un libro con el título de “Un futuro para México”. Contiene un diagnóstico sobre el país y una serie de propuestas. En el ámbito educativo sugirieron implementar en México un proyecto conocido por sus siglas en inglés como OLPC (One Laptop Per Child: Una Laptop Para cada Niño). La idea era dotar a todos los niños de una computadora portátil de muy bajo costo: 100 dólares por unidad. El proyecto fue promovido por el Instituto Tecnológico de Massachusetts y en especial por el señor Nicholas Negroponte, hermano de John Dimitri Negroponte, que fuera embajador de Estados Unidos en México. Lo presentó en el Foro Mundial de Davós en el año 2006. En México se aplicó mal: no se escogió la computadora adecuada. Además, se suponía que el Ing. Carlos Slim habría de proporcionar gratis todos los aparatos y al final sólo regaló 100 mil. En enero de 2013, a unas semanas de haber tomado posesión Enrique Peña Nieto, viajó a Uruguay para que le mostraran el OLPC que en ese país se aplicó correctamente. Lo acompañaron el propio Castañeda, Luis Videgaray y el embajador Cassio Luiselli. Los tres conocían de sobra el proyecto. No entiendo por qué tuvieron que llevar al Presidente hasta Uruguay. Bien pudieron haberle mostrado algún video para observar el proyecto en operación. A menos que las ganas de viajar fueran muchas y sobre todo a costa del erario público. Pero el tiempo del Presidente es muy valioso como para desperdiciarlo en viajes innecesarios.

Volviendo a Jorge Castañeda padre, como canciller de México jugó un papel muy activo en el proceso de pacificación en América Central. Ayudó a la consolidación de los sandinistas en Nicaragua y al desarrollo político de los movimientos guerrilleros en El Salvador y Guatemala, que finalmente accedieron al poder. Para don Jorge era vital que México desempeñara un papel estratégico en la Cuenca del Caribe para poder negociar frente a Estados Unidos con cartas en la mano. Por la misma razón promovió el diálogo norte-sur en un foro internacional realizado en Cancún. Era un canciller de los buenos, formado en la mejor tradición de la política exterior mexicana. Si bien la situación actual es de cierta estabilidad en el continente americano, me parece que sigue siendo necesario el activismo diplomático por parte de México. Hay puntos de apoyo como es el caso de Venezuela y el proyecto de Barack Obama para la regularización del flujo migratorio. Creo que fue un error garrafal del gobierno mexicano el haber declarado que el tema migratorio era un asunto de “política interna” de Estados Unidos. Por supuesto que está de por medio el interés de México. Hay millones de mexicanos involucrados. Otro asunto, como lo comenté la semana pasada, es que aparentemente el canciller J. Antonio Meade se enteró por la prensa, al igual que nosotros, de la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Los mediadores fueron el gobierno de Canadá… ¡y el Papa! Sigo pensando que uno de los problemas de nuestra actual política exterior es que el canciller no tiene ninguna experiencia en el campo diplomático. Fue secretario particular del presidente de la Comisión Nacional de Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros y después fue subsecretario en Hacienda.

Finalmente, Jorge Castañeda Gutman siguió los pasos de su padre: como decíamos, fue nombrado canciller de México por Vicente Fox en el año 2000. Dos años y medio después renunció, creyendo que su misión había terminado. Le pidió a Fox la Secretaría de Educación Pública y no se la dio. Intentó formar un partido político para convertirse en Presidente de México. No logró ni lo uno ni lo otro. Actualmente da clases en la Universidad de Columbia en Nueva York. Creo que está sobrado, dada su inteligencia y trayectoria. Me parece que personas como él deberían estar al frente de los gobiernos en América Latina, región agobiada por la pobreza, la desigualdad social y, en algunos casos (como el de México) por la corrupción y la impunidad.

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