Jesús Orozco Castellanos

Me tomé unos días de vacaciones con la familia. Decidimos visitar un lugar llamado San Mateo, enclavado en la zona montañosa de Oaxaca, en plena Sierra Madre Occidental. Es un conjunto de cabañas de madera en las que sólo se puede sobrevivir con el fuego de la chimenea. El frío de la montaña es muy intenso. Y estamos hablando de finales de julio. No quiero ni pensar cómo será en diciembre y enero.

El trayecto es largo. Yo tenía que arreglar unos asuntos en la Ciudad de México y de allí salimos a Oaxaca, de donde parten unas camionetas con rumbo a la montaña. Son unas tres horas de viaje. De hecho no es necesario pasar por la capital del país. Se puede ir directo de Aguascalientes a Puebla y de allí a Oaxaca. Habíamos viajado varias veces a la ciudad de Oaxaca en vehículo propio. Ahora lo hicimos en autobús. De México a Oaxaca se hacen entre siete y ocho horas. La única línea que hace el recorrido es ADO. Los choferes están muy bien capacitados y, por lo que pude escuchar, les pagan bien. En la ruta México-Oaxaca hay unos precipicios verdaderamente espeluznantes. No puedo imaginarme a un conductor cansado, o en estado de ebriedad, haciendo ese recorrido de noche. No se viviría para contarlo. El solo hecho de ver los desfiladeros produce vértigo, sobre todo cuando se atraviesan los puentes.

Llegamos a Oaxaca a eso de la una y media de la madrugada. Descansamos y ese mismo día, a las once de la mañana, partimos a la montaña. A las dos de la tarde estábamos allí. Después de instalarnos en el hotel, fuimos al pueblo a comer. En términos generales se come muy bien. Como especialidad en la bebida preparan un mezcal de manzana (¡!), bastante bueno por cierto. Y en la comida no pueden faltar el tasajo, la cecina, las tlayudas (especie de tortillas) y el mole (negro, verde, amarillo, coloradito). Los chapulines con guacamole sólo se comen en la ciudad de Oaxaca, especialmente en un lugar llamado La Casa de la Abuela. Por cierto, hace un par de años nos encontramos allí a la cantante oaxaqueña Lila Downs. Su nombre completo es Ana Lila Downs Sánchez y tiene 46 años. Es una gran intérprete. Estuvo este año en el Teatro del Pueblo durante la Feria. Y en Oaxaca estaba en lo mismo que nosotros: comiendo chapulines con guacamole. Entiendo que vive en la ciudad de Los Ángeles, California, pero por lo visto se da sus vueltas a la tierra natal.

De regreso en el hotel descansamos un rato y como a las seis de la tarde llegó el señor encargado de encender la fogata. No es cosa fácil. Tienen que prender el fuego por medio de ocotes. Como sabemos, el ocote contiene una resina especial y una vez que se prende, no para de arder. Desde hace muchos años tengo un gusto muy especial por estar contemplando el fuego y por atizarlo, desde luego. Ya con la chimenea prendida a todo lo que da, duerme uno como niño de brazos. Y pueden ser nueve o diez horas, que al fin y al cabo no hay prisa. El desayuno, muy suculento, lo hacíamos en el restaurante de las cabañas. Me llamó la atención que ni la mesera ni el cocinero sabían de la existencia de Aguascalientes. Más aún, no saben que existe la Feria Nacional de San Marcos. Yo suponía que eso es del conocimiento universal pero no es así. Por lo menos en la montaña de Oaxaca no están enterados.

El paisaje de la montaña es de una belleza muy especial. La vegetación consiste básicamente en bosques de coníferas. Las caminatas son inevitables. De la cabaña en la que nos hospedamos al restaurante hay unos 600 metros y cuando el recorrido se hace cuesta arriba, llega el momento en que se corta la respiración. No se recomiendan los trayectos hacia abajo de las cabañas. Se dice que hay toda clase de alimañas, incluyendo serpientes.

El estado de Oaxaca tiene siete regiones. La más importante desde el punto de vista económico y cultural es la región de los valles centrales. La gente valora mucho las regiones. Cada una de ellas tiene sus propios grupos de danza y canto. El colorido de los trajes de las mujeres es especialmente llamativo y hay diferencias en la vestimenta entre una región y otra. En general son muy apegados a sus tradiciones. No sólo tienen aprecio por sus expresiones culturales. Valoran mucho, por ejemplo, las mayordomías. Los mayordomos son los encargados de atender todo lo relativo a los santos patronos. En esas regiones del país la religiosidad popular está muy arraigada.

El ilustre oaxaqueño José Vasconcelos cuenta en sus memorias que tenía unas tías en Tlaxiaco, capital de una de las regiones de Oaxaca. Fue a visitarlas y lo invitaron a desayunar. A eso de las diez de la mañana le ofrecieron un “vinito”. Él creyó que se trataba de vino tinto, una de sus bebidas predilectas. Pero en realidad era un “caballito” de mezcal. Lo rechazó casi con violencia. Resulta que a principios del siglo XX el consumo de bebidas como el tequila y el mezcal era considerado como una señal de barbarie. La gente elegante tomaba cognac. Hoy estamos casi al revés. El tequila es considerado el aperitivo más importante del mundo, o por lo menos el que más se consume.

Por cierto, una callejuela de Oaxaca lleva el nombre de José Vasconcelos. Eso me llamó la atención porque refleja el desprecio que le tenía la clase política mexicana por haber tenido el atrevimiento de lanzarse como candidato presidencial en 1929, contraviniendo los designios del “jefe máximo” don Plutarco Elías Calles, que había optado por el michoacano Pascual Ortiz Rubio. A Vasconcelos no le valió el hecho de haber fundado en 1920 la Secretaría de Educación Pública, de la cual fue titular y que, según la opinión generalizada, no ha sido superado hasta la fecha. Eso haría suponer que las dos avenidas más importantes de Oaxaca deberían ser Juárez y Vasconcelos. Pero sólo Juárez, el héroe nacional por excelencia, contó con esa suerte.

Algo que me pareció lamentable en este viaje fue el mal trato que reciben los indígenas por parte de los demás grupos sociales. En uno de los trayectos que hicimos en camioneta se subió una señora indígena y el chofer le dijo que se tenía que ir parada porque no había lugar. La señora no replicó. Mi esposa vio que en el asiento delantero había lugar suficiente para una persona más y se lo dijo al chofer. A regañadientes le permitieron sentarse en ese espacio. En general hay un trato discriminatorio. Y la verdad es que ocurre lo mismo en varios estados de la República. Para no ir muy lejos, tenemos cerca el caso de los huicholes. Hay quienes se burlan de ellos por su vestimenta, o se llevan la mano al bolsillo para buscar alguna moneda y dárselas como limosna, sin que hayan recibido petición alguna. Con sólo verlos los consideran mendigos.

Dicen que los viajes ilustran. La ciudad de Oaxaca es patrimonio cultural de la humanidad. Sus construcciones de cantera verde son únicas en todo el país. Los servicios turísticos son de primera. En términos generales, la gente es muy amable. Antes lo habíamos visto en la ciudad de Oaxaca. Ahora nos dimos cuenta de que esa amabilidad es característica en todo el estado. Es una (buena) forma de ser. Tal vez se debe a que en buena medida viven del turismo. O mejor aún si decimos que se trata de una virtud genética.