Alejandro León
Agencia Reforma

TULTEPEC, Edomex.- El descubrimiento de 824 huesos de 14 mamuts en este Municipio del Estado de México, a 10 kilómetros de donde se construye el aeropuerto de Santa Lucía, dado a conocer ayer, permitió a arqueólogos comprobar la teoría de que el hombre sí cazaba a estos mamíferos en el pleistoceno.
Se trata de un hallazgo sin precedentes en el País, pues junto a los restos óseos fueron localizadas, por primera vez, dos trampas construidas por cazadores.
El descubrimiento, además, tiene trascendencia internacional, debido a que no existe constancia de este tipo de fosas en el mundo.


«Hay muchos sitios así en Europa y en Siberia, pero los autores hablan de trampas naturales, no excavadas. Por eso, esto es importante. Porque nos está hablando de la organización de los cazadores recolectores, primero, para ubicar los sitios; luego, para cavar las trampas, y después para destazar a los mamuts», explicó, durante un recorrido en el sitio ofrecido a la prensa, el arqueólogo Luis Córdoba, del INAH, quien está a cargo de la investigación.
Narró que los grupos de cazadores aprovechaban el bajo nivel de agua y el desecamiento del entonces Lago Xaltocan para excavar en el sedimento y concebir las trampas, de 1.70 metros por 25 metros de diámetro.
Se estima que las fosas fueron usadas durante cinco siglos, y datarían de unos 15 mil años atrás, aunque, según preciso el arqueólogo, «todavía no se ha realizado a los restos encontrados la prueba del Carbono-14».
Una vez atrapados los mamuts, contó, los cazadores destazaban a los animales y aprovechaban los huesos para hacer navajas que les permitieran quitar la grasa de la carne, mientras que con los restos hacían rituales de agradecimiento a la naturaleza.
Otros indicios de que los grupos de colectores cazaban a los mamuts fue el hallazgo de marcas de 15 centímetros en el cráneo del animal, lo que hace alusión al ataque realizado con una lanza.
«En las capas estratigráficas se notó que hay cortes de 90 grados que no son naturales, es decir que aquí se infiere que los cazadores recolectores del final del pleistoceno excavaron trampas específicamente para atrapar a los mamuts, y posteriormente destazarlos para aprovechar la carne, la piel, posiblemente, y algunos huesos», explicó Córdoba.
Las piezas óseas de estos animales, como mandíbulas, costillas, vértebras y cráneos, salieron a la luz cuando trabajadores municipales hacían excavaciones para hacer una celda para relleno de basura en San Antonio Xahuento.


En la zona ya se tiene experiencia de exploraciones arqueológicas relacionadas con estos animales, ya que en 2016 se encontró allí, dentro del proyecto Tultepec I, la osamenta casi completa de un ejemplar cuyo esqueleto se puede visitar en la Casa de Cultura del Municipio mexiquense.
El área del nuevo hallazgo fue rebautizada por los arqueólogos como Tultepec II, y su importancia es mayor.
Tal volumen de vestigios descubiertos, más de 800 huesos, supone ya la entrada de México a el catálogo de «megasitios» de mamuts, es decir, de territorios en los que se han encontrado restos de estos proboscídeos de forma masiva, una lista reservada hasta ahora para naciones europeas.
«Quizás los de Siberia (Rusia), algunos de Austria y la República Checa lo superan como ‘megasitio’, porque allí hay miles de huesos de mamuts, pero, por el hecho de que hay hasta ahora restos de catorce ejemplares y que todo indica que es una línea de trampas, debe haber muchos más enterrados en esta zona», reveló Córdoba.
Encima de los restos hallados también se encontró ceniza volcánica emanada del Volcán Popocatépetl, que fue expedida hace 14 mil 700 años aproximadamente.
Los trabajos de arqueología se iniciaron a principios de año, precisó el el Coordinador Nacional de Arqueología del INAH, Pedro Francisco Sánchez.