Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Desde el surgimiento de la escuela, los esfuerzos de los maestros se han encaminado, principalmente, hacia la impartición de conocimientos y el desarrollo corporal; esto es, lo importante ha sido que los educandos adquieran nociones de Matemáticas, Ciencias, Historia y otras asignaturas de carácter intelectual, así como el desarrollo de las habilidades y destrezas somáticas mediante la Educación Física y los deportes. En los últimos años, como resultado de exhaustivas investigaciones, se ha estado enfatizando que en el proceso educativo de los alumnos es fundamental atender también la parte emocional con el fin de lograr su desarrollo integral.

Dicen los expertos, en materia educativa, que un estudiante puede tener gran capacidad intelectual para aprender, analizar, razonar, discutir, argumentar y evaluar avances de sus conocimientos; pero si ese alumno anímicamente está alterado por un coraje, una exaltación o una profunda preocupación; su estado anímico o emocional le bloquea en sus aprendizajes, no le permite adquirir los conocimientos deseados mientras le agobie esa agitación o turbación en su estado de ánimo. Por tanto, a los maestros nos debe quedar claro que cuando un alumno experimenta tristeza, miedo, temor, bajo autoestima, angustia, desesperación, alarma, desconcierto, dolor, trastorno, desazón, celos, ira, entre otras emociones negativas, difícilmente aprenderá lo que nosotros pretendemos enseñarle. ¿Qué hacer, entonces, ante este orden de cosas? La primera condición es conocer a nuestros alumnos: conocer su situación familiar y la del medio social en que viven, conocer su desarrollo biológico y psicológico, conocer sus capacidades y limitaciones intelectuales y conocer las emociones que experimenta por diversos motivos. Una vez conociéndolos, entonces podremos atenderlos según sus necesidades. Por ejemplo, si un alumno está sumamente alterado por algo que le está pasando, antes que pretender darle nociones de Matemáticas o Química, primero habrá que buscar las formas para darle tranquilidad; si otro alumno experimenta miedo, temor, angustia y desesperación, habrá que darle confianza o cultivar su autoestima; de tal forma que cuando hayamos logrado su ecuanimidad, seguridad, entereza y equilibrio emocional, entonces sí podemos intentar que adquiera o desarrolle sus conocimientos. Mientras no atendamos, dicen los estudiosos, el estado emocional de nuestros educandos, estaremos sembrando en el  desierto.

Antes de adjetivar a un alumno, pues, de faltista, apático, flojo, irresponsable o distraído, sería bueno que nos preguntáramos: ¿Qué le estará pasando? ¿Qué situaciones estará viviendo en su familia? ¿Qué le aflige de sus pares? ¿Qué lo inquieta sobremanera? ¿Qué le angustia o desagrada de la escuela? ¿Qué le molesta en el salón de clases? Y tantas otras preguntas que deberíamos formularnos con el fin de comprender al educando y actuar en consecuencia. Palabras más, palabras menos, es lo que debemos entender por Educación Socioemocional que enfatiza el Modelo Educativo y el nuevo diseño curricular que entrarán en vigor a partir del próximo ciclo escolar 2018-2019.

Ciertamente, el desarrollo emocional no es algo totalmente nuevo; algunos (contados) maestros le han dado la importancia que tiene y lo han aplicado en la atención de sus alumnos. Ahora bien, el Modelo Educativo lo que pretende es generalizarlo, que todos los docentes de preescolar, primaria, secundaria y educación media superior, pongan en práctica el contenido de la Educación Socioemocional en los procesos educativos. Tal vez no sea la panacea que logre superar todos los factores que inciden negativamente en la educación, pero sí estamos seguros que es una gran contribución para mejorar tanto la práctica docente como los aprendizajes de los alumnos. La cuestión es entender la Educación Socioemocional, tener certidumbre en ella y buscar las técnicas y los recursos didácticos para aplicarla, transversalmente, en nuestro diario que hacer.

El Modelo Educativo, en el contexto de la Reforma, contiene extraordinarias ideas y valiosas aportaciones para elevar la calidad educación, pero habrá que leerlo e interpretarlo con un estado de ánimo positivo.

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