“Se derrochan miles de millones de pesos en procesos electorales, cuando hay verdaderas necesidades en salud, educación y seguridad; por tanto, en el reparto presupuestal, deben ser una prioridad los grupos vulnerables”, señaló el P. Carlos Alvarado Quezada, al cuestionar el hecho de que se creen necesidades para justificar un fin.

Consideró que los 25 mil millones que solicita el INE para el proceso electoral del año entrante, es una exageración; debe ser más austera la partida a este rubro, que incluye partidos políticos y organismos electorales.

Por otro lado, en el tema de los abuelos, exhortó a no verlos como un proceso de caducidad, pues son los pilares de la sociedad.

“Un pueblo que no respeta a los abuelos, no tiene futuro, porque ha perdido la memoria. La Iglesia no puede y no quiere conformarse a una mentalidad de intolerancia, y mucho menos de indiferencia y desprecio respecto a la vejez. Debemos despertar el sentido colectivo de gratitud, de aprecio, de hospitalidad, que hagan sentir al anciano parte viva de su comunidad”.

Añadió que se quisiera una sociedad que desafíe la cultura del descarte con la alegría desbordante de un nuevo abrazo entre los jóvenes y los ancianos.

“Muchas veces son los abuelos quienes aseguran la transmisión de los grandes valores a sus nietos, y muchas personas pueden reconocer que deben precisamente a sus abuelos la iniciación a la vida cristiana”.

Comentó que conocer y poder tomar posición frente a los acontecimientos pasados es la única posibilidad de construir un futuro con sentido; “no se puede educar sin memoria. Las narraciones de los ancianos hacen mucho bien a los niños y jóvenes, ya que los conectan con la historia vivida tanto de la familia como del barrio y del país. Una familia que no respeta y atiende a sus abuelos, que son su memoria viva, es una familia desintegrada”.

Indicó que una civilización en la que no hay sitio para los ancianos o se los descarta porque crean problemas, esta sociedad lleva consigo el virus de la muerte, ya que se arranca de sus propias raíces.

“Nos hará bien pensar en tantos ancianos y ancianas, que están en casas de retiro o en el abandono. Pidamos la gracia de custodiar, escuchar y venerar a nuestros antepasados, a nuestros abuelos”, recomendó.

El sacerdote también habló de las casas de ancianidad, que cada vez tienen más necesidades y un menor presupuesto, ya que en algunos asilos los donativos se han reducido.

Finalmente, destacó que a los abuelos no hay que festejarlos un día, el 28 de agosto, sino todo el año; “hay que estar pendientes de ellos, siempre”.

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