Saúl Alejandro Flores

Estimados lectores, no haré una definición del derecho humano al agua porque ya hay varias que ustedes pueden consultar, pero sí haré algunas reflexiones que espero sean de su interés, insisto, hay diversos y destacados tratadistas que han definido y conceptualizado de una manera clara, profunda y completa, el derecho humano, sobre todo, el derecho humano al agua, con esto no quiero decir que el concepto está acabado, simplemente, porque el derecho, al tener un carácter social, inevitablemente es sujeto de trasformaciones propias de la dinámica que presenta cada sociedad.

Por tal motivo, no me detendré en hacer una definición o conceptualización, porque, insisto, ya existen y hay muchas que son excelentes, a lo que me abocaré será a un viaje panorámico general sobre el marco normativo que aplica al agua, que por supuesto es amplio, ya que el agua es un recurso natural (no humano) de carácter transversal, no es propiedad de la humanidad, pero sí un recurso que necesita la humanidad para existir, como toda forma de vida, es un recurso compartido, por todas las formas vivientes, flora, fauna y especies del denominado reino fungi. Así como la propia naturaleza en la panorámica que nos ofrece.

Para efectos del párrafo anterior, citaré a Don Pedro Arrojo Agudo, quien hace la analogía que un bosque es algo más que un almacén de madera, sino un ecosistema, lo mismo sucede con ríos y demás cuerpos de agua superficiales y subterráneos, que no son almacenes de H2O, sino ecosistemas plagados de vida y en la cual la especie humana es parte. En este sentido, el agua es un recurso transversal, desde la óptica humana, porque el agua se involucra en la salud, alimentación, higiene, servicios, desarrollo agropecuario, desarrollo industrial, tecnológico, comercial, medio ambiente y esparcimiento básicamente.

Existe un marco jurídico que es aplicable al agua, partiendo desde la propia Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Ley de Aguas Nacionales, Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente, Ley Agraria y sus correspondientes reglamentos, básicamente.

Al reconocerse el derecho humano al agua se incrementa la panorámica y a su vez la problemática en el sentido de conciliar y volver útiles a cada instrumento legal y reglamentario para solucionar verdaderamente los problemas. No debe olvidarse que el derecho es un instrumento para solucionar conflictos y aquí entra la interrogante de si hacer más leyes para hacer aplicables las existentes o crear y aplicar mecanismos que permitan concretizar y volver aplicables las leyes y reglamentos existentes.

Es importante que el derecho humano al agua no quede en buenas intenciones o leyes perfectas, sino en leyes y reglamentos aplicables y de resultados. Porque, insisto, hasta el momento sólo se ha visto al derecho humano al agua como un servicio y esta visión es corta, porque la reforma al Artículo 4 constitucional, como lo abordaré más adelante, va de la mano con un ambiente sano, y esto tanto se aplica como trasciende el rubro del agua como servicio, porque ya no se miraría sólo como el abastecimiento y distribución, conceptos que en la hidráulica tienen significado distinto, sino se entraría con el alcantarillado y el saneamiento, así como en la disposición y reutilización del agua tratada.

Es importante conocer y hacer un profundo análisis exhaustivo de todo el sector agua para que la aplicación del derecho humano al agua no sea sesgado, ni quede en buenas intenciones y que en interpretaciones erróneas se propicie el equilibrio que debe garantizar el sistema jurídico, como es el mantener la ecuación entre derecho y obligación.

Insisto, el derecho humano no es para una persona en particular, es para el género humano, por ello, debe velarse por el interés ambiental de preservar el agua como garante de vida, el derecho humano no debe ser únicamente garantizar por un tiempo determinado el abasto y saneamiento, pues no sólo es agua potable, sino la preservación del recurso, mirarlo como abastecer a una persona es miopía, el derecho humano al agua reviste un carácter general, como lo cité, y un específico y subjetivo como es el satisfacer las necesidades de un individuo o persona, como miembro del género humano sin distinción de sexo, raza, credo, etc.

Vuelvo a advertir que al tratarse de un recurso finito, y no abordarlo como tal, sino con un sentido, como suele decirse, populista, es atentar contra el propio derecho humano del ser humano, valga la redundancia.

El agua es un recurso transversal, por ello debe ser abordado desde diversas ópticas y no de manera sesgada, hacerlo es frustrar el interés de que sea un derecho humano que pueda cristalizar en la realidad. De aquí que resulta primordial, como le he citado en otras ocasiones en este espacio, trascender la visión antropocentrista, porque el agua es el principal componente de la vida y de los denominados ecosistemas hídricos que a fin de cuentas son todos, porque se depende de la vida, el ser humano sin agua no puede ni siquiera sobrevivir, menos desarrollar el sinfín de actividades productivas en las que se ha perdido y que en aras de una riqueza destruye un patrimonio natural como los ecosistemas hídricos abatiendo acuíferos, contaminando ríos, lagos y lagunas, océanos y lucrando con el agua, convirtiéndolo en una moneda, eso precisamente es lo que se debe ponderar al discutir sobre el derecho humano al agua. Porque, mis queridos lectores, buscar la solución es un camino que nos permitirá que en México y en Aguascalientes el agua nos alcance.

Mis amables lectores aprovecho para desearles una feliz navidad, y que disfruten esta noche buena.

Comentarios: [email protected] twitter:@saul_saalflo

 

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