Alberto Bortoni
Agencia Reforma

GRAZ, Austria.- Cuando Porsche sacó a producción la Cayenne hubo un grupo de puristas que puso el grito en el cielo. La idea de que la compañía fabricara un SUV iba demasiado lejos. Sin embargo, en mucho sentidos, la Cayenne salvó a Porsche. Y no sólo financieramente.
También fue la demostración de que la fabricante podía llevar vehículos deportivos a los segmentos familiares. Hoy Cayenne está en su tercera generación y la marca ha presentado un nuevo modelo, la Cayenne Coupé.
Ésta no es una adaptación de la Cayenne normal, sino un modelo contemplado desde el desarrollo de la tercera generación, por lo que, de acuerdo con la compañía, ambas versiones nacieron de forma simultánea.
Tanto así que hay diferencias entre los dos modelos, por ejemplo, la versión coupé es un poco más larga en la distancia entre ejes y es también un poco más ancha.
Estéticamente y en persona luce más ligera de lo esperado.
La caída del techo hacia la parte trasera es notoria pero no se sacrifica mucho en espacio interior.
Sigue teniendo lugar para tres pasajeros en la parte trasera, o dos si se opta por los asientos deportivos en tela y con consola central.
Tampoco el espacio de carga fue muy afectado. Evidentemente la altura no es la misma en la cajuela, pero para las maletas de cuatro pasajeros será suficiente.
Durante la prueba de manejo estuvimos conduciendo la versión S y la versión tope de gama que es la Turbo. Entre éstas las diferencias se encuentran en la motorización. Ambas pueden ser ampliamente equipadas, pues Porsche mantiene una gran cantidad de opciones para las dos versiones.
En la Cayenne S el motor es un V6 de 2.9 litros de desplazamiento.
Es una motorización pequeña considerando el tamaño del modelo, pero con una muy alta potencia. Cuenta también con turbo, pero la marca no la nombra para evitar ser confundida con la versión que equipa el motor V8.
El seis cilindros genera 440 caballos de fuerza. La aceleración es contundente: menos de 5 segundos para ir de 0 a 100 kilómetros por hora. Lograrlo requiere sólo de determinación del conductor al momento de presionar el acelerador. La Cayenne hace todo lo demás.
En casi ningún momento la Cayenne S se siente lenta. La única excepción es intentando perseguir una Cayenne Turbo, que la deja atrás. Muy atrás.
Para la Turbo, Porsche usa un V8 de 4.0 litros con 540 caballos, los cuales son suficientes para dejar la cifra de aceleración por debajo de los 4 segundos.
Creo que ya no quedan muchas personas que quieran intentar argumentar que una Cayenne no puede ser deportiva.
Al conducir la versión Turbo sí se puede notar una diferencia.
Y no sólo al acelerar a fondo, sino también a medio acelerador. De hecho, el V8 se siente musculoso desde bajas revoluciones. No necesita acelerarse demasiado para moverse, incluso pareciera que no necesita de los turbos en demasía pues con el torque de los ocho cilindros resulta suficiente.
Si consideramos que un auto es para ir de un punto A a un punto B, realmente no existen muchas justificaciones para adquirir una Cayenne Coupé.
Pero ésta es una de esas situaciones en donde la utilidad se convierte en intangible. Una montaña rusa no va a ningún lado y bien vale el costo del boleto.
En el caso de la Cayenne Coupé, ir de un punto A a un punto B con las emociones de una montaña rusa es suficiente para justificar su compra.