Por J. Jesús López García 

Desde hace ya algunos lustros, el tema de la densidad urbana se encuentra en las discusiones centrales de los debates sobre la ciudad. El crecimiento de la mancha urbana obedece a una mezcla de especulación sobre el precio del suelo, la búsqueda de mayores rentas en el desarrollo inmobiliario y una serie de modos suburbanos de ocupación del territorio que encuentra en la motorización del transporte particular, una respuesta fácil a la problemática desencadenada por viajes cada vez más largos para eslabonar vivienda, trabajo y ocio, despojando de un tiempo para llevar a cabo aquellas actividades que se enmarcan en los tres conceptos y saturando el espacio de acciones de transición, haciendo más complicadas las operaciones municipales para mantener un sistema de abasto, mantenimiento y salvaguarda de la seguridad pública en un centro urbano cada vez más distendido.

La densidad urbana no sólo se relaciona con la concentración demográfica sino con todos los aspectos espaciales y de acciones que le acompañan: mayor porcentaje de construcción por metro cuadrado para hacer más eficientes los suministros y las medidas de mantenimiento, mayor concentración de funciones en puntos de la ciudad donde los usos de suelo diversificados den oportunidad a la sincronía de maneras de ocupar el suelo, estructurando una cobertura de servicios más concentrados, y con ello más asertivos.

Si bien los edificios más icónicos en toda ciudad son los que proveen un servicio público, o bien se consideran del dominio de una colectividad haciendo que la gran masa erigida de todo centro de población sea el conjunto de viviendas. El fenómeno que acontece con la proliferación de casas unifamiliares en detrimento de otras modalidades de vivienda, es que la distensión urbana lejos de permanecer en límites de crecimiento más controlables se dispara, produciendo con ello, una fuerte dificultad para reunir los esfuerzos de abasto de servicios tales como el agua potable, drenaje, alumbrado, limpia y seguridad públicos, de manera más operativa.

Sin embargo, la densidad no sólo reclama una mayor condensación de una modalidad edificatoria en una superficie determinada; esa construcción es más eficiente si se mezclan usos de suelo diversos, sirva el ejemplo los edificios que poseen en su programa de espacios dependencias para la vivienda, para el trabajo y para otros servicios periféricos.

El edificio ubicado en la esquina de las calles de Galeana y de Rayón, antiguo cuartel conocido como «Las Palomas», se concibió como el primer multifamiliar en Aguascalientes. Un periódico local lo expuso así:

“…es casi seguro que en el predio del ex cuartel de Las Palomas se levante el primer edificio multifamiliar en Aguascalientes. Según parece, el gobernador consiguió, en su reciente viaje a la Ciudad de México, que la Dirección de Pensiones aporte el dinero suficiente para la construcción del multifamiliar, que estará destinado a resolver el problema de la habitación popular, para los burócratas estatales… (además que)… A causa de la tromba del jueves 3 de julio de 1958, de la cual múltiples viviendas y el Mercado Calera, se vieron afectadas, se decidió demoler éste y construir uno nuevo en el terreno del ex cuartel de Las Palomas en donde el nuevo mercado ocuparía… la planta baja, pues en dicho lugar se tiene proyectado un edificio de varios pisos que se destinarán a apartamentos para los trabajadores al servicio del Estado”.

Como se observa, en la planta a nivel de calle alojó alguna vez un mercado, en donde el día de hoy se encuentran oficinas de atención a servidores públicos. Otros edificios de características similares, mezclan locales para servicios abiertos al público que van dosificándose a medida que se accede a los niveles superiores hasta llegar a la vivienda particular en el piso superior.

El mecanismo con que estos sistemas arquitectónicos disponen los espacios es simple y eficiente: se accede a través de la planta baja a las actividades interiores abiertas a un gran público, y a medida que se asciende las funciones van insertándose en la particularidad de la vida privada y todo en terrenos que no superarían en un desarrollo horizontal una manzana, desde luego que estos inmuebles antes de levantarse debieron observar las capacidades de los servicios públicos en la zona, los impactos sobre las vías rodadas y un conjunto de especificaciones urbanísticas, más ello es aliciente de hacer de nuestra ciudad un mejor entorno humano que ve en las distancias un motivo para la dispersión y no para la cohesión comunitaria.

Esta clase de edificios es una ocasión perfecta para lograr una imagen urbana de mayor permanencia en la memoria de la ciudad, al margen de lo vistoso o anodino de las características formales de los edificios, pues la masa misma es útil para marcar un sitio específico, además de constituirse en vías para lograr una profesionalización de todos cuantos intervienen en la construcción, ya que la envergadura de tales inmuebles demanda una mayor y mejor experiencia de los proyectos arquitectónico, urbanístico, estructural, de instalaciones y la experiencia constructiva misma, de una complejidad mayor que la que rodea a una casa o un local.