Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

El magisterio del país está dividido en varios grupos y cada uno de éstos quiere tener el control del sindicato nacional. Los líderes (de manera separada y con el apoyo de sus respectivos correligionarios) solicitan audiencia ante el Presidente de la República con el fin de pedirle su beneplácito para que sea su grupo el que se reconozca con el derecho de dirigir al sindicato nacional de los maestros; argumentando todos que cuentan con la mayoría del magisterio. Después de escuchar a todos los líderes de los grupos, el Presidente llama al que será su secretario de Educación para pedirle su opinión de cómo resolver la división de los maestros. El próximo secretario dice al Presidente: “No podemos darle el poder a un grupo, aunque éste tenga la mayoría; porque los problemas seguirán con los demás por tiempo indefinido. Tampoco podemos otorgar el poder a uno de los líderes; porque los demás quedarán inconformes y los problemas continuarán. Señor Presidente –dice el que será secretario de Educación– permítame manejar el asunto magisterial y yo le rendiré la mejores cuentas por el bien de la educación del país”. El Presidente de la República dejó en sus manos la solución de la división magisterial. Ocho días antes de tomar posesión como secretario de Educación, éste citó a reunión a todos los líderes magisteriales para indicarles que por el bien de la educación de México los maestros deben unirse; y que para ello, todos los representantes de los grupos deben firmar una convocatoria, de carácter nacional, para la elección democrática de la única dirigencia del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación. Poco después, hubo elecciones democráticas y se nombró a ameritados maestros del país en la dirigencia del SNTE, unificándose de esta manera el magisterio. Esto sucedió en 1943 siendo, Don Jaime Torres Bodet, secretario de Educación Pública.

Setenta y cinco años después, en 2018, la historia se repite en el ámbito magisterial; los líderes de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE), Elba Esther Gordillo Morales y dirigentes del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE), por separado piden audiencia ante el Presidente electo con el pretexto de entregar propuestas para el Acuerdo Nacional de la Educación (de la próxima administración), pero en el fondo cada líder pretende que sea su respectivo grupo el que se reconozca con el legítimo derecho de dirigir al sindicato magisterial. Ante este orden de hechos, el próximo secretario de Educación declara que será la voluntad democrática de los maestros del país, la que mediante voto secreto determine quiénes serán sus dirigentes sindicales. El resultado es predecible. En 1943, ni el Presidente de la República ni el secretario de Educación tenían preferencias ni compromisos con ninguno de los grupos en pugna; tan sólo tenían como prioridad la educación de México; por lo que lograron un arreglo ampliamente satisfactorio. En cambio, en 2018 o en 2019, si hubiera nueva elección de dirigentes del sindicato nacional de los maestros, aunque pareciera democrático el proceso, los dados ya están cargados en favor de determinados grupos por las preferencias y los compromisos contraídos con anticipación. Por esto, los resultados son predecibles.

Ante este orden de cosas, ¿hay alguien pensando en la educación de los niños, los adolescentes y los jóvenes? En los encuentros de los líderes de grupos magisteriales con las próximas autoridades federales, ¿se habrán analizado los problemas más sentidos del sector educativo y se habrán puesto en la mesa las sugerencias más viables para elevar la calidad de la educación mexicana?, ¿importará, realmente, la educación?

En la historia de la educación mexicana hay personajes que con sus ideas han engrandecido a la educación; pero también quienes la han estancado. ¿Qué pasará en los próximos años?