Josemaría León Lara Díaz Torre

Año con año, Día de Acción de Gracias (Thanksgiving Day en inglés), es sin lugar a dudas, la fecha de celebración más significativa para los estadounidenses. Esta se celebra el tercer jueves de noviembre del año en curso, y no es otra cosa que la conmemoración del agradecimiento de los peregrinos hacia los nativos americanos, por haberles enseñado a cultivar en aquellas tierras para poder sobrevivir el crudo invierno. La tradición ha ido evolucionando, más, sin embargo, es la ocasión acostumbrada para que las familias de aquel país se reúnan a cenar y que cada integrante pueda compartir todo aquello por lo que se siente agradecido.
El origen de dicha tradición puede resultar controversial para más de alguno, puesto que el resultado histórico derivado de los abusos en contra de los nativos americanos por parte de los colonizadores ingleses es ciertamente discutible. A diferencia de los conquistadores españoles en Mesoamérica, los ingleses no optaron por el mestizaje, lo que dio como resultado la segregación de las tribus originarias, así como el exterminio de otras. Es por esto, que se puede llegar a considerar la celebración del Día de Acción de Gracias como una hipocresía histórica.
Aún así, más allá de la controversia histórica que pueda existir, para el pueblo de los Estados Unidos, esta fecha representa más que un simple acontecimiento histórico, representa una tradición cultural lo suficientemente arraigada, que no conoce ni de credos ni de ideologías; por lo tanto, Thanksgiving es el acontecimiento por antonomasia de la cultura y el estilo de vida de nuestro vecino país del Norte.
Y mientras el día de ayer millones de familias estadounidenses se reunieron a celebrar, a degustar de un delicioso pavo y a agradecer por lo que se tiene, el día de hoy comienza el famoso Black Friday (viernes negro) evento que año con año demuestra el punto más absurdo del consumismo capitalista estadounidense. Es por de más simpático ver las imágenes por televisión, de los centros comerciales donde la gente olvida la razón y decide comprar por comprar, arrebatándose productos e inclusive hasta llegar a los golpes, solo bajo el pretexto de ofertas inigualables.
Simpática la ambivalencia que se presenta en menos de 24 horas, dónde la humildad de corazón se hace presente a la mesa y justo al día siguiente la codicia y la ambición no conocen límites. Más esto no es del todo malo, es cierto que eventos de este tipo ayudan a una reactivación de la economía, tal es el caso que hace algunos años en México decidimos tropicalizar esta tradición y le llamamos “el buen fin”, mismo que concluyó el lunes pasado.
Antes de concluir, cabe mencionar una de las tradiciones más extrañas, pero a la vez cómicas que acompañan al Día de Acción de Gracias. Desde la presidencia de George Bush (padre), se acostumbre que el presidente de los Estados Unidos en un acto público, perdone la vida de un pavo, para que éste no termine cocinado en la cena de Acción de Gracias. Por último, aprovecho para enviar un saludo al pueblo estadounidense, deseando que hayan pasado un buen día de Acción de Gracias.