Gerardo Muñoz Rodríguez

El pasado domingo por la noche, se logró llegar a un acuerdo comercial entre las naciones de Estados Unidos y Canadá, justo el último día hábil que tenía marcado el gobierno de Donald Trump para realizarlo. Gracias a esto, se concretó un nuevo ordenamiento comercial entre los países que conforman la región América del Norte.

El denominado USMCA (El Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá, por sus siglas en inglés), pone fin al reinado de 24 años que tenía, en materia comercial, el denominado “TLCAN”. Indaguemos algunas de las nuevas características de este nuevo tratado.

Un tema que siempre fue de vital importancia durante el proceso de la negociación, fue la fabricación de autos. Después de que el NAFTA, revolucionara el mercado automotriz en la región, el nuevo pacto cambia las cosas.

El gobierno estadounidense, fue enfático desde el comienzo en la necesidad de aumentar el porcentaje de manufactura para la región; el objetivo se logró. Una vez puesto en marcha, el porcentaje de elaboración asciende a 75 por ciento de contenido regional.

Sin embargo, es importante resaltar que el 40 por ciento de la producción, debe elaborarse en áreas de alto salarios (16 dólares por hora), en donde nuestro país se encuentra muy por debajo de las dos superpotencias.

Aunado a esto, los fabricantes vehiculares de la región, deben encontrar la manera de no traspasar el mayor costo de la mano de obra al precio final de su producto; ya que, de esta forma, el único que perderá será el consumidor final. Esperemos no se reste mucha competitividad en el mercado.

Una cosa positiva es que se mantuvo la resolución de disputas en el tratado. A pesar de la insistencia del equipo de negociación de EU de extinguir dicha cláusula, ésta se mantiene y continuarán las responsabilidades si algún país quebranta el ordenamiento que dicta el propio USMCA.

En cuestiones generales, se modernizan las áreas de comercio electrónico y propiedad intelectual, algo que hace 24 años no figuraba en el mapa de la economía de un país. Dentro del llamado “e-commerce” se aumenta al doble el límite de importaciones libres de impuestos, mientras que la regulación sobre derechos de autor se robustece.

Dentro de lo negativo, se dejaron a un lado ciertas cuestiones arancelarias, como las relacionadas con el acero y el aluminio, por poner tan solo dos ejemplos. Esto es, Estados Unidos podrá poner presión a sus socios, con la imposición de alguna tasa impositiva. Recordemos que México, tiene una balanza positiva con EU en este sector. La búsqueda de remplazar el consumo importado, por la propia demanda interna, debe ser prioridad para la próxima Secretaría de Economía.

La denominada cláusula “sunset” no tendrá como vigencia 5 años, pero sí un periodo de revisión cada 16 años. Es impositivo que no existan en tan solo media década, aunque pueda poner en riesgo una inversión en el largo plazo.

Uno de los puntos que no debieron aceptarse, es el que hace referencia con la imposibilidad de no signar acuerdos comerciales con económicas que no sean consideradas de mercado. Esta flecha va dirigida al gigante asiático de China.

Si bien el trato tiende a ser positivo para la región, también lo hace más proteccionista. Para nosotros, China era la vía perfecta para lograr una diversificación de nuestra balanza comercial. Habrá que buscar nuevas opciones, en vías de evitar la dependencia con EU.

La noticia calmó la incertidumbre y ocasionó que el tipo de cambio y la Bolsa Mexicana de Valores, tuvieran un par de jornadas positivas, aunque después perdieron terreno ante el fortalecimiento global de la divisa estadounidense.

Se debe celebrar que, dentro del nuevo acuerdo, continúan interactuando los tres países de la región; pero no debemos olvidar que no existe una negociación que solo sea ganar-ganar-ganar. México perdió en muchos aspectos, pero a su vez consiguió buenas victorias en otros. Es parte de la compleja agenda diplomática de un país.

Lo que es una realidad es que la noticia llega justo antes de la reunión de la junta de gobierno del Banco de México este próximo jueves. La mejoraría en la aversión al riesgo gracias a la firma de acuerdo y la desaceleración de la inflación, seguramente quitará presión a los miembros de la misma, a pesar de ir contra de lo realizado por la Reserva Federal, no de incrementar la tasa de referencia por 7.75 ocasión en lo que va del año.

¿Una última victoria para el sexenio de Peña Nieto? Solo el mediano y largo plazo nos dará la respuesta.

 

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