David Reynoso Rivera Río

En los últimos años, nuestro país ha venido sufriendo múltiples modificaciones a la diversa normatividad, mismas que han consolidado lo que yo considero un centralismo disfrazado. Lo anterior, dado que México se considera una república federal desde nuestro propio ordenamiento constitucional que en su artículo 40 consagra la voluntad del pueblo mexicano y consolida al Estado como una República representativa, democrática, laica y federal, compuesta por Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior, y por la Ciudad de México, unidos en una federación establecida según los principios de la propia Constitución.

No obstante, se ha detectado que existe un fenómeno generalizado de irresponsabilidad en  las Entidades Federativas y este fenómeno ha causado múltiples desórdenes y escándalos producto en su  gran mayoría, del lacerante cáncer mexicano denominado corrupción. Por ello es que se han ideado reformas estructurales para regresar legal y constitucionalmente a un control central en determinados ámbitos como lo son la disciplina financiera, la justicia administrativa y el combate a la corrupción; vulnerando nuestra esencia federalista, pero al mismo tiempo convirtiéndose en un medicamento o en un simple paliativo, según la óptica con la que se quiera ver.

Ahora bien, desde la etapa de campañas políticas, he decido dar puntual seguimiento a las propuestas de nuestro ahora Presidente electo y tengo que admitir que cautivó mi atención su plan para lograr la “descentralización” de dependencias para transportar las oficinas centrales a las diversas Entidades Federativas; sin embargo, por otro lado pareciere que esos movimientos son tan sólo una apariencia, ya que también intenta modificar el pacto de coordinación fiscal existente y eliminar las delegaciones federales en las Entidades para dar paso a una nueva figura que fungirá como autoridad administrativa y será denominada: coordinadores estatales de programas de desarrollo.

Lo curioso aquí resulta ser que a través de esta novedosa figura se destinarán todos los recursos y programas que provienen de ramos federales, mismos que religiosamente eran distribuidos a los Estados y que podrían ser claramente auditados a los Estados. Por lo que ahora existirá un nuevo esquema que deja ver cómo bajo una novedosa propuesta se intenta desaparecer las múltiples y porqué no decirlo, en ocasiones caras delegaciones federales; sin embargo, se estará por otro lado empoderando a un solo individuo para que disponga a diestra y siniestra los dineros federales.

Lo han plasmado ya varios columnistas a nivel nacional y en esta ocasión no puedo dejar pasar la oportunidad de hacerlo: el tema estará en demostrar que  estos nuevos coordinadores estatales de programas de desarrollo serán parte de un ejemplar movimiento de austeridad, ahorro y/o simplificación de funciones. De lo contrario, serán la muestra más pura de un centralismo autoritario que a nivel federal combatirá el poder de los gobernadores opositores con sus propios “pseudo-gobernadores” llamados coordinadores, generando estructuras para contiendas electorales; convirtiéndose y superando nuevamente a todo aquello que tanto criticaron cuando buscaron el poder.

Esperemos venga lo mejor…. Tiempo al tiempo.

Correo: [email protected]

Twitter: @davidrrr

 

¡Participa con tu opinión!