Carlos Reyes Sahagún
 Cronista del municipio de Aguascalientes

Quienes son de la idea de que el mausoleo dedicado a Jesús F. Contreras en el Museo de Aguascalientes debe ser retirado de su emplazamiento aducen, entre otras razones, el hecho de que la construcción tapó los dos relieves que el escultor homenajeado realizó para el Palacio Azteca de París, que se encuentran empotrados en la pared sur oriente de la casa de las musas, y que ahora no se ven desde la calle.
Quizá a primera vista no se note, pero esto de la visibilidad/invisibilidad de las artes es todo un tema; algo para reflexionar y escribir.
Estos bronces, dedicados a los monarcas de la Triple Alianza, Cacamatzin y Cuitláhuac, fueron colocados en la parte sur del museo a fines de 2004, en un espacio incorporado al museo mediante la adquisición de una casa y su consiguiente derribo. Las piezas, realizadas en 1889, fueron llevadas a la antigua Escuela Normal del Estado desde su sede anterior, en el Casino de la Feria, donde permanecieron casi seis años. En el mismo espacio en que fueron colocadas, se prepararon otros dos emplazamientos para recibir dos de las esculturas de Contreras que custodia el Museo del Ejército, en la Ciudad de México, y que pertenecen a Totoquihuatzin y Netzahualcóyotl. Estos relieves, junto con las reproducciones de Izcóatl y Cuauhtémoc, colocadas frente a frente en 1991 en la explanada, completarían la colección del Museo de Aguascalientes. Sin embargo las negociaciones con el Ejército no prosperaron y los espacios se quedaron ahí, marcados en un par de paredes resaltadas del conjunto, enjarradas, y enmarcadas con cantera.
El hecho es que el mausoleo tapó los relieves para el viandante de la avenida Zaragoza; para quien circula en automotor. A despecho de esto, la construcción les ofreció a estas obras un marco muy digno para una contemplación reverente, no sólo de la grandeza del mundo prehispánico expresado en esas esculturas, sino también para la valoración de la época en que fueron realizadas y, sobre todo, del talento del joven de 23 años que era Contreras cuando realizó estas obras en París.
Por cierto que este asunto de si se ven o no, me remite a un tema que me parece de lo más interesante. La verdad es que resultaría sorprendente enterarse sobre la cantidad de cosas que permanecen en calidad de invisibles; objetos, edificios, calles, personas, organizaciones, que están ahí, frente a nosotros, a tiro de mirada, pero que por diversas razones simplemente no vemos, y más tratándose de artes.
Hace un par de años, por ejemplo, me vi en la necesidad de andar unos días en taxi. Según dejé constancia en este espacio, en el momento de informarle al conductor mi destino, la Escuela de Música de la UAA, o la de Teatro, a propósito no mencioné en donde se encontraban. La respuesta fue que ninguno de ellos supo la dirección de estas instalaciones; nadie. Para mucha gente estos lugares son invisibles, pero ése es otro asunto.
Las artes se vuelven visibles mediante la educación; el entrenamiento de los ojos, de los oídos, de la mente, y en el caso que me ocupa, de nada serviría que los relieves estuvieran ahí, a la vista del respetable, si no tenemos ojos para verlos. Mínimamente el problema se resuelve si entramos en el museo y en el mausoleo, y más si somos ilustrados; sensibilizados. Y a propósito de entrar, recupero la reflexión con la que concluí la entrega anterior: tengo la impresión de que la mayoría de los críticos no ha entrado en el lugar, y que de hacerlo, posiblemente cambiaría su percepción sobre esta obra.
Una de las últimas veces en que estuve ahí, fue unos días después de que fue pintarrajeado. Habían pasado poco más de dos horas después del mediodía, y era la hora de la salida de clases en la vecina escuela Melquiades Moreno. Las inmediaciones del museo estaban llenas de gente, niños y padres de familia; las inmediaciones, pero no el museo o el mausoleo, en donde sólo estaba yo.
La experiencia fue gratificante, en verdad. Hacía calor, pero dentro el clima era fresco; agradable. A lo lejos, como si en verdad fuera lejos, no sólo en términos espaciales, sino también temporales, y no tras la pared y en el mismo momento, escuché los ruidos nerviosos de los vehículos que se hacinaban en la calle, los motores, las bocinas, la impaciencia de la hora, los gritos de los niños, la alegría de la liberación escolar. Tomar conciencia de esto, en el lugar donde estaba, me hizo sentir que el mausoleo me ofrecía la oportunidad de, por unos minutos, romper con la rutina diaria, salir de este tiempo cotidiano y entrar en otro, fresco y tranquilo; silencioso, de cara a un pasaje de la historia, o más bien dos: el que representaban los relieves y el que representaba el momento de su creación.
Por unos minutos el mausoleo produjo para mí una atmósfera que me permitió hacer a un lado las cosas que me ocupan cotidianamente y concentran mi atención, las prisas, el calor, el tráfico, las tareas pendientes; y apartarme de todo eso para contemplar la obra de este joven de 23 años y sentirme sorprendido por ello, los relieves, el contraste de éstos con la portada de nuestro Partenón, y luego el de éste con el mausoleo. Alternada con la visión de los relieves estuvo la del mausoleo propiamente dicho, la observación de esa abundancia de líneas y formas; el color de la cantera, más luminoso o más sombreado, según el lugar donde se encuentra, su inclinación, y la visión del espacio en la luz del mediodía –porque no es lo mismo si lo observa en la mañana o en la tarde– y luego vuelta a observar los relieves…
Finalmente, es preciso decir que el mausoleo no sólo cubrió los relieves de Contreras de la vista del caminante. También lo hizo, y para bien, con una altura superior al museo, el segundo piso de una finca, que ensucia el paisaje arquitectónico del lugar. Se trata de cuatro paredes de diversa longitud, parcialmente enjarradas y pintadas de “amarillo aquí estoy”, la pintura ennegrecida por la acción del sol y la lluvia, que gracias al mausoleo no se ven de frente, pero que las verá si observa el museo desde atrás del templo de San Antonio. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected])