Hechos es precisamente lo que no hay, solo interpretaciones.

Friedrich Nietzsche

Confieso sin rubor a los pocos distraídos que mal gastan su tiempo leyéndome, que de tiempo atrás he sido seducido por el mundo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional gracias a sus diversos significados, tales como la deuda pendiente por pagar que tiene “México” –lo que se entienda por México- con los pueblos indígenas; los resultados buenos y malos que desencadena la segregación de un grupo de individuos autoexiliados; la audaz intención de llevar las teorías filosóficas a la práctica; los efectos colaterales que ha generado en todos los espacios sociales; el debate intelectual que detonó en nuestro país; la enorme producción de textos filosóficos y políticos surgidos desde el campamento “La Realidad”; y hasta el mitote de hablar de un “movimiento guerrillero”.

Por ello, la columneja de hoy es una reflexión a la figura del Sub comandante Marcos, a propósito del aviso que éste diera en días pasados de que ya no existirá más y además, aun más interesante o absurdo, a explorar lo que plantea el oriundo de Tampico: la posibilidad de dejar de existir y convertirse en otro.

Desde 1957 las autoridades civiles y religiosas lo registraron bajo el nombre de Rafael Sebastián Guillén Vicente, luego, en 1994, salió a la luz pública evolucionado en el Sub comandante Marcos, mismo que él mismo decidió matar en días pasados para ahora ser el Sub comandante Insurgente Galeano.

Este filósofo autor de más de 30 libros incluidos fábulas e historias para niños como “La historia de los colores”, supo crear un personaje melodramático que inquietó a la autoridad, asustó a la sociedad e inspiró a miles de indígenas mayoritariamente del sureste mexicano.

Aún y con la inaceptable sangre que se derramó hace 20 años, es envidia y admiración de uno que otro intelectual por ser de los pocos amantes del estudio del conocimiento de la realidad que han transitado, o al menos intentan transitar, la difícil brecha entre el pensar y el hacer. Sin duda un tipo sagaz que al filo de sus sesenta años se deshizo de su alter ego y creó uno nuevo.

¿Por qué Marcos? y ¿Por qué Galeano?, al parecer, por ser los nombres que llevaban hermanos zapatistas caídos en combate, el último, el pasado 3 de mayo en un conflicto con la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos en la región, lo interesante es comprender las razones para el cambio del disfraz o botarga, como él mismo señaló; lo interesante es analizar porque éste ganador del premio Gabino Barreda (No confundir con el Gabino Barrera que Usted entona en las cantinas) al mejor alumno de la facultad con tufo marxista de Filosofía y Letras de la UNAM, decidió matar al símbolo más intenso del movimiento zapatista.

“Así que hemos decidido que Marcos deje de existir hoy.” “Y al final, quienes entiendan, sabrán que no se va quien nunca estuvo, ni muere quien no ha vivido.” Escribió el de la pipa adherida.

En su carta de extinción o metamorfosis titulada “Entre la Luz y la Sombra” Guillén, con esa mezcla tan peculiar de escribir donde emplea su ya conocida retórica revolucionaria adornada de mexicanismos y humor irreverente, advierte el futuro del EZLN, deja ver en tono mesiánico que él llego pero que ahora es tiempo del relevo al mando, no solo generacional, sino de clase y de raza; mantiene su postulado máximo de gobierno sintetizada en la frase democrática radical “mandar obedeciendo”; no suelta el discurso de olvido y marginación indígena resumida en las famosas “aquí estamos los muertos de siempre, muriendo de nuevo, pero ahora para vivir” y “nada para nosotros”; y persiste en la calamidad de afirmar la posibilidad de la existencia de la violencia legítima.

A 20 años, el movimiento zapatista sigue latente aunque ha cambiado su rumbo, los pizarrones sustituyeron a las armas y los hospitales a los cuarteles, habrá que ver qué futuro le depara a Galeano, lo cierto es que como buen actor de este drama mexicano, el cambio no es mera forma, también es fondo, ¿Egocentrismo? ¿Desesperación? ¿Despedida? ¿Estrategia? Solo Marcos, perdón, solo Guillén, perdón, solo Galeano, lo sabe; lo que sabemos nosotros fue que este apóstol izquierdoso de “los de abajo” como él les llama, si bien representa una pieza clave en la transformación de una comunidad, no generó propuesta política seria para la reivindicación de los derechos del indígena. No sólo de frases brillantes se construye un mejor país.

En cuanto a su místico pasamontañas, Yvon Le Bot, sociólogo que dedicó años a estudiar al EZLN, concluyó: “…el pasamontañas es un espejo para que los mexicanos se descubran, para salir de la mentira y el miedo que los enajenan. Un espejo que llama al país a interrogarse así mismo sobre su porvenir, a reconstruirse, a reinventarse…” ¿Será? Quién sabe, pero la idea no es mala ¿O sí?

@licpepemacias