Como lo esperaba el mercado, el Banco Central Mexicano disminuyó en 25 puntos bases la tasa de interés, utilizada como referencia para el mercado financiero.

La decisión tomada por la junta de gobierno, de manera unánime, continúa la tendencia de las últimas cinco reuniones.

De esta forma, Banxico se une a la mayoría de sus homólogos en el mundo, en donde las decisiones de política monetaria están siendo más relajadas y flexibles.

En términos generales, la economía mundial mantiene características de deceleración, baja inflación por lo que las posturas monetarias continúan relajándose. Indaguemos las razones particulares de nuestro país, que orillan a la baja de las tasas.

Primeramente, la actividad económica en México se ha mantenido estancada por varios trimestres y con debilidad generalizada de los componentes de la demanda agregada. Tan sólo unos días atrás, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía confirmó la contracción del PIB, para el 2019, en 0.1 por ciento frente al del 2018, con series desestacionalizadas.

Como hemos comentado, el sector primario mostró un dinamismo positivo, logrando una variación de 2 por ciento en su comparativo con el 2018. El sector secundario, se contrajo en 1.8%, mientras que el terciario logró números negros con 0.5 por ciento.

La poca ponderación en el PIB, de la agricultura, cría y explotación de animales, aprovechamiento forestal, pesca y caza; hace que el porcentaje final venga a la baja por el sector de la manufactura, destacando los derrumbes monumentales de la minería petrolera y la construcción.

Esto confirma el estancamiento de la economía en el primer año de la administración federal, algo que no se veía en los últimos tres sexenios. Dejando el pesimismo a un lado, el panorama para el crecimiento económico, en este 2020, no luce convincente.

De entrada, se tiene el riesgo y la enorme incertidumbre que puede ocasionar la propagación del coronavirus, aunado a la poca contribución a la confianza de los inversionistas, brindada por el Gobierno Federal. La negativa de la apertura de las rondas petroleras ni la asociación de Pemex con empresas privadas, son la punta de lanza de esta incertidumbre. Cuesta mucho entender las decisiones tomadas por el Estado.

En segundo lugar, el comportamiento de la inflación. En la primera quincena de febrero, el Índice Nacional de Precios al Consumidor, registró un alza quincenal de 0.12%, lo que situó a la tasa de inflación anual en 3.52 por ciento.

Esto posiciona, aún, a este indicador dentro del objetivo del banco central de 3 por ciento con un rango de oscilación de 1%. Para lo que resta del año, se espera una inflación controlada, derivada de poca oscilación en los precios del petróleo, aunque una economía débil. Vimos cómo la formalización del Tratado de Libre Comercio “T-MEC”, inyectó certidumbre y logró apreciar al peso mexicano, el coronavirus vino a revertir dicha tendencia. El tipo de cambio juega un rol clave en la conservación del alza generalizada de los precios. El camino se vislumbra cuesta arriba también.

Por tal motivo, la Junta de Gobierno considera que una baja en su tasa de referencia, podrá lograr poner mayor circulante en las calles lo que incentivará el crecimiento económico, sin que éste posicione a la inflación en números preocupantes, como los que hemos vivido en los últimos años. Algunos expertos prevén que puedan presentarse un par de disminuciones más y logremos pasar del siete por ciento actual, para cerrar el año en alrededor de 6-6.25%. La moneda está en el aire.

OVERTIME

La propagación del llamado COVID-19, tumbó a las principales bolsas de valores a comienzo de semana, incluida la mexicana, y parece no detenerse, hasta mostrar síntomas de control. Tan sólo el día de ayer, se presentó el primer caso en América Latina. La maltrecha economía mundial, afronta otro, como si no tuviera suficiente, reto que abatir para evitar derrumbarse a finales de año; como la mayoría visualiza.

 

 @GmrMunoz