Mario Abner Colina
Agencia Reforma

CDMX.- Trollear a media industria de Hollywood y no ser linchado podría ser calificado como un superpoder. Y Ryan Reynolds lo tiene.
Tal y como lo hizo en Deadpool, la exitosa película de 2016, el actor y productor no deja títere con cabeza en la secuela, que llegará a México el 18 de mayo.
El “Mercenario Bocazas” se burla de las vacas sagradas de la Meca del Cine, de la oscuridad del universo de DC, del villano de Marvel Thanos, de ídolos musicales y todo lo que se le ponga enfrente.
“No creo que haya un límite en el trolleo. Bueno, Fox a veces dice: ‘por favor, no digas eso’. Son agradables. Pero no me dicen: eso se tiene que ir de la película. El límite, pensándolo, sería lastimar a alguien. Eso es algo que nunca queremos hacer.
“Aunque también soy pesado conmigo. Amo cuando me toca burlarme de Ryan Reynolds. Me encanta grabar esas escenas”, señala Reynolds en entrevista durante su visita a la Ciudad.
El canadiense, de 41 años, nombrado por la revista People el Hombre Más Sexy del Mundo, admite tener un superpoder adicional.
“Diría que tolerar mis debilidades bastante bien. Creo que ese es un superpoder. Integrar y aceptar que hay cosas que no haces bien, o que hay gente a la que no le agradas.
“En algún momento quise caerle bien a todos. Estaba muy preocupado por causar buena impresión en todos. Eso es algo muy canadiense, pero ahora no me importa”.
El actor no tiene problemas con quienes no piensan como él. Por ejemplo, todos aquellos que consideran que el cine de superhéroes es una plaga.
“Hay quienes creen que este tipo de películas están haciendo a un lado a otras, pero no es verdad. Sólo están de moda.
“Si las comedias románticas fueran lo de hoy, inundarían todo y habría cierta gente cansada. Yo prefiero estar de este lado”, aseguró Reynolds, quien está casado con la actriz Blake Lively y es padre de dos hijas, James, de 3 años, e Ines, de uno.
De acuerdo con fuentes allegadas a la promoción de Deadpool 2, Ryan Reynolds usó ayer un microbús adornado con elementos de la cinta, y custodiado por policías en motocicleta, para turistear por la Ciudad y realizar una actividad con influencers.
El vehículo llevó al canadiense a conocer el Ángel de la Independencia y el Palacio de Bellas Artes.