De seres divinos

El Arco del Triunfo en París fue levantado después de la batalla de Austerlitz cuando Napoleón prometió a sus tropas «Volveréis a casa bajo arcos triunfales».
El arco, dedicado al genio militar de Napoleón, se ubicó en el centro de la Plaza de la Estrella, hoy Charles de Gaulle, donde confluyen doce avenidas, entre ellas el bulevard de los Campos Elíseos.
Mide 50 metros de alto y por ahí pasaron los restos de Bonaparte y los desfiles triunfales de ambas guerras mundiales. Y la vista desde su terraza es espectacular y se puede llegar a ésta subiendo sus 286 escalones.
Al pie del monumento se encuentra la Tumba del Soldado Desconocido, con su llama eterna. En los muros están grabadas las batallas ganadas y los nombres de los generales participantes. Llama la atención la representación escultórica llamada La Marsellesa, obra de Francoise Rude que muestra la personificación femenina de la revolución. Con su gesto y voz dirige a la tropa en defensa de las fronteras.

ÍCONO DE BERLÍN
La Columna de la Victoria es uno de los símbolos de Berlín. Se construyó entre 1864 y 1873 bajo la dirección de Heinrich Strack en la entonces llamada Königsplatz (hoy Plaza de la República) y que, desde 1939, está en el parque Tiergarten por la remodelación de la «capital de Germania».
Conmemora la victoria de Prusia en la guerra germano-danesa de 1864. Después se añadieron otras dos victorias, la de la Guerra alemana de 1866 contra Austria, y la Guerra contra Francia de 1870/1871. La columna se coronó con una escultura de bronce obra de Friedrich Drake, de 8.3 metros de altura y 35 toneladas de peso.
Durante el Tercer Reich, la Columna se alargó con un cuarto tambor, con lo que alcanzó los 69 metros de altura.

LOS MEJORES CUSTODIOS
El puente de Sant’Angelo, de cinco arcos sobre el río Tíber, en Roma, fue edificado entre los años 134 y 139, llamándose originalmente puente de Adriano, porque dicho emperador lo construyó para comunicar el centro de la ciudad con su mausoleo personal y familiar. Antiguamente era el paso más importante para el tránsito de peregrinos hacia la Basílica de San Pedro.
El Papa Gregorio Io rebautizó como Sant’Angelo, dado que le pareció ver al Arcángel San Miguel sobre el monumento, anunciando el fin de una epidemia sobre la ciudad.
El Papa Clemente VII utilizó el peaje que se cobraba por cruzar el puente para financiar estatuas de San Pedro y San Pablo. Entre 1667 y 1669, Bernini diseñó 10 ángeles para su embellecimiento, habiendo esculpido sólo uno de ellos, el que porta la corona de espinas de Cristo, cuyo original se conserva en la iglesia de Sant’Andrea delle Fratte.

URBANISTAS CELESTIALES
Entre los grandes aciertos del Museo Internacional del Barroco, en Puebla, destaca la maqueta de la ciudad en el siglo 18, que consigna que: «La Ciudad de Puebla de los Ángeles, como Jerusalén y México Tenochtitlan, existió en el sueño de los hombres antes de haber sido construida sobre la Tierra».
Este pensamiento es fiel
al modelo de grandeza buscado, una visión utópica que compartió con Morelia y la Ciudad de México.
La fundación de Puebla aconteció en 1531. Fray Toribio de Benavente, más conocido como Motolinía, escribió: «es una Nueva Jerusalén o Ciudad Celestial: La Ciudad de los Ángeles [ ] en la Nueva España».
Por lo anterior, Puebla es llamada Angelópolis y no es de extrañar encontrarse con ángeles en la vía Atlixcayotl, o dos ángeles, urbanistas diría yo, que se dice la trazaron y desde luego los 58 ángeles que rodean el atrio de la gran catedral poblana.