alarmaItzel Vargas Rodríguez

Corría el año de 1964, los periódicos llenaron sus primeras planas con una noticia aterradora, habían descubierto decenas de cadáveres de mujeres y bebés en lo que parecía ser un cementerio clandestino en San Francisco del Rincón, Guanajuato. La búsqueda de culpables de los hechos arrojó varios veredictos, entre ellos se encontraban muchas historias aterradoras de trata de blancas, corrupción, violaciones, inhumaciones… Les nombraron “Las Poquianchis” y con ellas, un caso escandaloso que mostraba una parte enfermiza de la sociedad, donde una vez más victimizaba al sector históricamente más vulnerable: la mujer.

Hace unos pocos días los medios difundieron de forma masiva el discurso proclamado por la actriz inglesa Emma Watson en la Asamblea de las Naciones Unidas, en donde se proclamaba a favor del feminismo. Ella, un tanto nerviosa durante su intervención, llamó la atención de propios y extraños por el contenido de lo que decía, aportándole una visión desmitificadora al término, mencionando que éste apelaba a la equidad de género, no a una disputa por ver qué género era mejor que otro.

Además del contenido del discurso, que fue loablemente bien planeado, en donde ella ponía ejemplos de pasajes de su vida como actriz, de su entorno y los llamamientos en común a la sociedad, éste fue un rotundo éxito porque adicionalmente a que ella es reconocida por su protagonismo en la saga de Harry Potter, posee una evidente belleza que fue sin duda uno de los catalizadores para que sus fans y admiradores la proclamaran como una grande.

El enfoque que aportó, si bien no es tan innovador porque los señalamientos a los que hizo mención son los que históricamente la lucha del feminismo ha repuntado, el momento en que lo hizo, cómo lo hizo y que fue ella quien lo hizo (porque no me imagino a una mujer promedio dando el mismo discurso y teniendo ese éxito), fue crucial para que tuviera ese impacto. Personalmente fue un gusto toparme con ese discurso, pues entre tantas corrientes ideológicas al respecto, unas tan someras, otras tan radicales, existe una cierta necesidad de recibir un llamamiento a la equidad de género sin sonar “exagerado” o “hembrista” o incluso “machista” y ella, salió airosa.

Este acontecimiento fue rápidamente atacado por lo que se ha denominado Fappening, un acto realizado por hackers de la red que robaron recientemente fotografías íntimas a celebridades de Hollywood desde sus teléfonos personales (acción que causó un momento de gusto a muchos y mucha indignación a otros cuantos por la clara violación a la privacidad), en donde estos mismos antihéroes amenazaron con publicar fotografías privadas de Watson, justo momentos después del afamado discurso. La acción que significa esta amenaza es sin duda alguna, una enfermiza y con tintes machistas. Se traduce claramente en el uso de fotografías al desnudo de una mujer para imponer presión sobre una ideología que se muestra contraria. Esta es la parte fea de lo que un discurso logra, más siendo uno feminista.

Estos sencillos hechos que ocurrieron todos en menos de un par de semanas, nos dejan a relucir varias cosas: 1) que hace mucha falta de comprensión sobre el verdadero significado de la equidad de género, 2) que vivimos en una época en la que la brecha de privacidad personal, cada día se estrecha más, 3) que hasta en el mundo on-line un sector que sigue siendo vulnerable es la mujer, se le expone fácilmente, humilla y ridiculiza con facilidad.

La equidad de género es una lucha que probablemente siga por varios años más, hasta que sea mayor la cantidad de población la que haga consciente y valore porqué tomar en cuenta este aspecto y porqué practicarlo, aprenderlo y educarlo. Mientras tanto, así como Las Poquianchis, o como las recientes amenazas cibernéticas a Watson, seguirán apareciendo casos que muestren la parte retorcida e incomprensiva de la sociedad.

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