Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Como todo autor prolífico, no siempre lo que produce su fértil mente es oro molido. En el caso de Stephen King, son más los desvaríos que los aciertos al sumarse a un sistema de mercado que vela más por los intereses monetarios de quien genera el producto que por la calidad del mismo, sin importar que se trate de arte. Son contados los casos en que su prosa se ve comprometida a una propuesta honesta, y cuando ello ocurre los resultados son notables (ver columna anterior), pero el resto… Y de este yermo literario es de donde surgen las innobles adaptaciones que buscan capitalizar el apellido “King” a costa del entusiasmo que su nombre produce en un masivo e impenitente conglomerado de fanáticos que fagocitan todo lo que lleve su estampa, aún si se trata de tramas defectuosas que no deberían ofertarse jamás en algún tianguis literario. Dejando de lado las versiones meramente adecuadas (“Cujo”, “Christine”, “Bala de Plata”, “El Sobreviviente”, “Cementerio Maldito”,entre otras) y ejercicios menores ligeramente mediocres (“El Ojo Del Gato”, “Firestarter”, “El Jardinero: Asesino Inocente” y demás), he aquí algunas –pues hay mucho de donde escoger- de las producciones cinematográficas que, tanto por deslucimiento intrínseco a su ejercicio fílmico como por el desastre narrativo que pretende adaptar, han malogrado esa impoluta marca registrada que es Stephen King.
“LOS NIÑOS DEL MAÍZ” (“CHILDREN OF THE CORN” – 1984) – En un momento de la película, un rapaz sobredesarrollado llamado Malachai (CourtneiGaines) se coloca en una calle abandonada por razones a describir posteriormente y grita a todo pulmón: “¡Forastero! ¡Tenemos a tu mujer!”, mientras domina violentamente a la mencionada fémina. En este punto estamos viviendo uno de los momentos más atroces en la historia del cine de terror cortesía de un baquetón pasado por cineasta llamado Fritz Kiersch. La premisa es irresistible: la población adulta en un pueblito rural de Nebraska sucumbe ante la llegada de un ominoso jovencito llamado Isaac (John Franklin), quien ordena a todos los niños que asesinen a sus padres. Inesperadamente arriba una pareja de fuereños (interpretada por Peter Horton y una Linda Hamilton en los albores del estrellato) y la orden del día es sobrevivir a la horda de mocosos homicidas. Esta idea se va al caño ante una dirección patosa, actuaciones acartonadas y un clímax filmado en un maizal de involuntaria risa loca. Todo un éxito de taquilla en su momento, ahora sólo se reserva para completistas masoquistas de King.
“8 DÍAS DE TERROR” (“MAXIMUM OVERDIVE” – 1986) – No es una adaptación sino el debut (y despedida, por muy buenas razones) como director de Stephen King, pero mi conciencia me acosaría eternamente si no la incluyera en esta lista, ya que se trata de uno de los trabajos más penosos en los anales del horror en general partiendo de una premisa digna de comic cincuentero: un cometa pasa cerca de nuestro planeta y su radiación provoca que todos los aparatos eléctricos adquieran autonomía, aniquilando a todo humano que se topen. Esto pudo funcionar si el tratamiento se diera bajo una óptica satírica o meramente gore, pero King tuvo la gracia de contratar a Emilio Estevez como protagonista y obsequiarnos con escenas tan anómalas como una máquina expendedora de sodas asesina y cajeros soeces, todo bajo el ojo vigilante del siempre mezquino Dino de Laurentis. Lo mejor: una banda sonora a cargo de AC/DC que desafortunadamente entra en los momentos más inoportunos. Lo peor: el guion es del mismísimo Stephen, viniendo a demostrar que la escritura como oficio en un medio no siempre garantiza calidad en otro. Como reza el dicho: zapatero a tus zapatos, King.
“AL FILO DEL ABISMO” (“GRAVEYARD SHIFT” – 1990) – ¿Qué sucede cuando a un relato flojísimo se le da el tratamiento cinematográfico cortesía de un encargado de producción metido a director primerizo? Esta inane película sobre una fábrica textil asediada por una plaga de ratas liderada por un roedor monstruoso, valga la pena decirlo, muy bien hecho. Ralph S. Singleton pasó de trabajar con Mel Brooks en “La Loca Historia del mundo” (1981) o coordinar filmes taquilleros como “Golpe al Corazón” (1981) o “48 Hrs.: La Segunda Vuelta” (1990) a dirigir este bodrio sin pies ni cabeza incapaz de ser salvado aún con la participación del icónico Brad Dourif en el papel de un exterminador que termina en las dentadas fauces del roedor colosal. El filme ya ha pasado al descrédito entre los fans o el olvido más abyecto, excepto para quienes tuvimos la desdicha de verla en el extinto Cine Auditorio hace algunos ayeres.
“EL TRITURADOR” (“THE MANGLER” – 1995) – Hablando de íconos del horror, Robert Englund (el otrora “Freddy Krueger”) estelariza esta inaudita cinta donde el adversario es, ni más ni menos, una antigua plancha a vapor tamaño industrial. Podemos suponer que, para la mente de Stephen King, cualquier cosa siendo debidamente poseída por las entidades demoniacas correctas puede ser un adecuado enemigo para la sociedad. Mamucadas aparte, esta cinta fue dirigida por el extinto y añorado Tobe Hooper en un momento donde ningún productor apostaba por su labor, por lo que la consiguiente depresión pudo erogar en este trabajo tan miserable en todos los aspectos. O simplemente, el cuento en el que se basa es tan atroz que ni todo el celuloide del mundo podía hacer de una bazofia un lingote de oro fílmico.
“MILAGROS INESPERADOS” (“THE GREEN MILE” – 1999) – Después del éxito de crítica que significó “Sueño de Fuga”, el director Frank Darabont decidió probar suerte de nuevo cinco años después con esta cinta, la cual retoma todos los aspectos que ennoblecen aquella producción con Tim Robbins y Morgan Freeman (tesis narrativa sobre la identidad de componentes integrales al ser humano como libertad, humildad y conciencia, atmósferas añejas propias de una ambientación de época, reparto sólido, etc.) y las pone del revés en una de las adaptaciones más cursis e insufribles de King. Tom Hanks es un carcelero encargado de llevar a los condenados a muerte a la silla eléctrica cuya visión sobre la vida cambia cuando un impresionante reo afroamericano (el finado Michael Clarke Duncan, lo único rescatable de todo el filme) le cura su infección prostática gracias a sus poderes mágicos. El resto es una serie de adoctrinamientos en moralidad gringa donde planteamientos complejos y ricos sobre la muerte y el acto de ejecutarla quedan de lado por bonitas escenas bucólicas o personajes penosamente maniqueos. El filme es odioso desde el título, una muestra de la flojera que argumentos tan predecibles y melosos como este causa en las dispersas mentes de quienes bautizan en nuestro país las cintas extranjeras.
“EL CAZADOR DE SUEÑOS” (“DREAMCATCHER” – 2003) – Hasta la fecha considerada como uno de los filmes más fallidos en cuanto a adaptaciones al trabajo de King, y con mucha razón. La película frustra más de lo que molesta, pues la premisa es interesante: cinco amigos de la infancia se reúnen en una cabaña en medio de un ambiente nevado sólo para descubrir que se encuentran en medio de una invasión por alienígenas que tienen una fascinación por ser expulsados en el recto. Morgan Freeman, Jason Lee, Thomas Jane y Tom Sizemore son algunos de los destacados actores que preferirían ver este trabajo borrado de su currículum debido al morrocotudo guion de los usualmente eficaces William Goldman y Lawrence Kasdan que meten hasta los trastos de la cocina en la trama, incluyendo un final que rebasa la estupidez para tornarse algo casi surrealista. El mismo Stephen King detesta este libro, el cual asegura fue escrito bajo la influencia de las drogas que le prescribieron después de su aparatoso accidente automovilístico, y algo me dice que es en ese estado el único modo de disfrutar este bodrio.
“LA TORRE OSCURA” (“THE DARK TOWER” – 2017) –La saga másambiciosa del autor de Maine fue triturada y compactada cual auto viejo en una de las adaptaciones más pingües que se tenga memoria, con una historia que se antojaba épica (una misteriosa torre que unifica los universos conocidos y desconocidos protegida por un pistolero infalible y buscada por un malvado hechicero que pretende derribarla para favorecer a las entidades malignas que buscan entrar a nuestro mundo) pero que termina siendo un petardo lastimero. Para más información, ver la columna escrita por su servidor hace apenas un par de semanas.

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