Jesús Eduardo Martín Jáuregui

El pasado miércoles se celebró en esta ciudad el Foro por un Acuerdo Nacional sobre la Educación, convocado, a instancia del gobierno electo, por la UAA y la ANUIES. Este es un extracto de la ponencia que presenté.

La cuestión educativa reviste una grave complejidad porque tiene que vérselas con dos entidades de suyo complejas: el hombre y el mundo, estos foros sin duda serán crisol de inquietudes, de esperanzas, de reproches, de deseos, de ilusiones, de reivindicaciones y seguramente de conclusiones prácticas.

Después de sesudas, (así lo sentí), cavilaciones, llegué a un diagnóstico que expreso en términos llanos: La mal llamada reforma educativa consistió en “poner la carreta delante de los bueyes”, hizo énfasis en la evaluación antes de enfocarse en la capacitación. Me parece que las propuestas del gobierno electo apuntan en el sentido de que “con estos bueyes hay que arar”, partir de lo bueno que tenemos y mejorarlo, para ello estamos aquí.

Paulo Freire, si no descubrió, si distinguió plenamente dos vertientes de aproximación. Una, de naturaleza o expresión política en el sentido surgido de Aristóteles, y otra de carácter técnico. La primera comprende las formas, procesos e interacciones que una comunidad propone o reconoce para que a través de entidades organizadas formalmente se transmitan los conocimientos, comportamientos y valores que se consideran indispensables para la incorporación del individuo a la vida comunitaria. La segunda, de carácter técnico se plantea cuáles son los contenidos que habrán de transmitirse y la metodología y la técnica más apropiada para su transmisión por los docentes y recepción y asimilación por los discentes. Más o menos en el tenor de la Didáctica Magna de Juan Amos Comenio. Solo que la velocidad de producción del conocimiento hace que para cuando un alumno termine el período de instrucción básica el conocimiento ya se habrá duplicado varias veces.

En su libro “La Edad de las Máquinas Espirituales” Ray Kurzweil se refiere a los cambios de paradigma,  hasta el año mil de nuestra era los cambios de paradigmas tardaron miles de años. A partir del año mil se requirieron 100 años para cada cambio de paradigma. En el siglo 19 hubo más cambios de paradigmas que en los 900 años previos y en los primeros 20 años del siglo 20 hubo más cambios que en todo el siglo 19. Kurzweil calcula que durante el siglo 20 hubo cambios de paradigmas cada 10 años en promedio y que en el 21, el cambio será mil veces más acelerado que en el siglo anterior. Se calcula que la velocidad de duplicación del conocimiento es ahora de 1 a 2 años.

Este texto soslaya la primera avenida y se propone aportar algunas reflexiones para la segunda. La sociedad es un sistema complejo en el que se interrelacionan seres complejos por lo tanto es también complejo el resultado de una política educativa.

Ezequiel A. Chávez, el gran educador casi olvidado en Aguascalientes, precursor de la práctica y la enseñanza de la psicología en su Ensayo de Psicología de la Adolescencia señalaba (que los educandos) unidos al cabo con sus educadores, se encaminen a la realización del fin último de todo esfuerzo educativo bien orientado y aporten, en consecuencia, su concurso, para organizar la armonía que urge imponer a las antagónicas fuerzas entre las cuales se divide el mundo; no sólo a fin de evitar que éste llegue a desplazarse, como tantos ilustres pensadores lo temen, sino, con el rehacer de la cultura, restituir la posibilidad de que todos los pueblos, y especialmente México progresen. Esencia de su llamada Psicología de la Reconciliación. Suenan tan actuales sus palabras.

Chávez planteaba también su idea de la Escuela Rupestre, una escuela que se limitase a dotar de instrumentos básicos para que el alumno por sí mismo ampliase y desarrollase su aprendizaje, sus conocimientos, y su cultura. Saber leer y escribir, saber hacer cuentas, conocimientos de higiene, formación cívica integral, y dos o tres mas saberes necesarios para instalarse en el mundo. Yo utilizo concientemente el concepto Orteguiano de instalación.

Edgar Morin, precursor del estudio del pensamiento complejo, la multiversidad, la transcuturización, entre otras aportaciones, señala: Hay siete saberes «fundamentales » que la educación del futuro debería tratar en cualquier sociedad y en cualquier cultura:

I: Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión. Es muy diciente el hecho de que la educación, que es la que tiende a comunicar los conocimientos, permanezca ciega ante lo que es el conocimiento humano, sus disposiciones, sus imperfecciones, sus dificultades, sus tendencias tanto al error como a la ilusión y no se preocupe en absoluto por hacer conocer lo que es conocer. El conocimiento del conocimiento debe aparecer como una necesidad primera que serviría de preparación para afrontar riesgos permanentes de error y de ilusión que no cesan de parasitar la mente humana.

II: Los principios de un conocimiento pertinente. Existe un problema capital, aún desconocido, que es el de la necesidad de promover un conocimiento capaz de abordar los problemas globales y fundamentales para inscribir allí los conocimientos parciales y locales.

III: Enseñar la condición humana. El ser humano es a la vez físico, biológico, psíquico, cultural, social, histórico. Es esta unidad compleja de la naturaleza humana, la que está completamente desintegrada en la educación actual a través de las disciplinas y que imposibilita aprender lo que significa ser humano.

IV: Enseñar la identidad terrenal. En lo sucesivo, el destino planetario del género humano será otra realidad fundamental ignorada hasta ahora por la educación.

V: Enfrentar las incertidumbres; Las ciencias nos han hecho adquirir muchas certezas, pero de la misma manera nos han revelado, en el siglo XX, innumerables campos de incertidumbre. La educación debería comprender la enseñanza de las incertidumbres que han aparecido en las ciencias físicas (microfísica, termodinámica, cosmología), en las ciencias de la evolución biológica y en las ciencias históricas.

VI: Enseñar la comprensión. La comprensión es al mismo tiempo medio y fin de la comunicación humana. Ahora bien, la educación para la comprensión está ausente de nuestras enseñanzas. El planeta necesita comprensiones mutuas en todos los sentidos.

VII: La ética del género humano. La educación debe conducir a una « antropo-ética » considerado el carácter ternario de la condición humana, que es el de ser a la vez individuo + sociedad + especie.

Si recreando a Emmanuel Kant el hombre es un “autofin” la educación habría de dar los instrumentos para que cada quien llegase a ser en acto, (imprescindible Aristóteles), lo que es en potencia.

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