Noé García Gómez

La figura de la Consulta Popular como medio de participación ciudadana desde la democracia institucional, para influir en las decisiones del país está tomando un giro distinto, (o tal vez así lo pensaron los legisladores al momento de configurarlo). Los partidos políticos lo están llevando a una especie de receta vitamínica para poder llevar electores el día de la elección a sus arcas, pues son conscientes que cada día, por sí solos, entusiasman menos a los ciudadanos.

Primero fue la izquierda encabezada por el PRD que busca revertir la reforma energética, ahora es el PAN a través de su presidente Gustavo Madero que anunciaron que irían por una consulta que replanté los salarios mínimos con una pregunta que creen que es la del millón de dólares ¿Estás de acuerdo en que la Ley Federal del Trabajo establezca que la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami), fije un nuevo salario mínimo que cubra todas las necesidades de una familia, para garantizar al menos la línea de bienestar determinada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL)? Esta consulta popular que quiere el PAN parece solo discusión política de cara a las elecciones intermedias de 2015, más que un verdadero debate de la discusión sobre el poder adquisitivo del sueldo del obrero promedio en México ¿ya se olvidaron que impulsaron y aprobaron una cuestionada reforma laboral?

En marzo de este año, escribí mi colaboración ¡Que desaparezca el salario mínimo! donde analizaba la necesidad de debatir la funcionalidad del salario mínimo en nuestro país y atender las recomendaciones internacionales. Pero como México parece ser un país con una política kafkiana, llevar la necesidad de un salario digno a una consulta me parece una propuesta simplona. Digo por sentido común ¿no cree Gustavo Madero que la abrumadora mayoría de los mexicanos están de acuerdo en que se aumente el salario mínimo? creo que la respuesta la tenemos todos y nos ahorraríamos millones de pesos y árboles que se utilizarán en imprimir las boletas, sin contar el gasto en capacitación, tiempo, etcétera para llevar a cabo la consulta.

Si la clase política en verdad quisiera discutir la dignificación del salario de los trabajadores mexicanos empezarían por replantear el funcionamiento de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) ya que su presidente el señor Basilio González tiene un sueldo de 2 millones 798 mil 600 pesos, en promedio 7 mil 643 pesos diarios, ¿Con qué criterio y condiciones alguien con este salario puede mediar y establecer los salarios de los trabajadores de 63.77 pesos diarios?

También atender las recomendaciones de la OIT de su Informe mundial sobre salarios 2012/2013 que “los salarios mínimos deben ser fijados por las autoridades tras consultar con sus interlocutores sociales y que es necesario adoptar un enfoque equilibrado que tome en consideración las necesidades de los trabajadores y sus familias así como factores económicos, incluyendo niveles de productividad, requerimientos en términos del desarrollo económico y la necesidad de mantener un alto nivel de empleo”. Con estas recomendaciones tan variadas se generan dificultades para lograr ese “enfoque equilibrado”. Por una parte, que los trabajadores cuenten con un ingreso mínimo que, como lo determina en nuestro caso la Constitución, sea suficiente “para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”; por otro lado, si el nivel de remuneraciones no está respaldado por una productividad, no sería sostenible y puede generar un incremento en la inflación y en el desempleo, aquí es donde no me explico, si políticos y gobernantes dicen que la mano de obra mexicana es altamente competente y profesional, esto no se ve reflejado en los 63.77 ó 67.29 pesos y es que en nuestro país, el salario mínimo más sirve para justificar los raquíticos salarios que las empresas pagan, que para la subsistencia del trabajador. En comparación con otros países, nuestros trabajadores están por debajo de los raquíticos salarios mínimos de países como Guatemala o El Salvador y muy por debajo de los que se pagan en Chile o Brasil, ni hablemos de países Europeos o de nuestros vecinos del norte.

La actual realidad es que el poder adquisitivo del salario mínimo ha caído 76.3% en los últimos 25 años, y es ya solo una referencia económica, no el reflejo de una realidad; es por ello que convendría que hubiera una mayor discusión sobre las decisiones que se toman en México sobre el nivel y las repercusiones de los salarios mínimos y los salarios reales; y ya que se puso en el debate que se incluya en la agenda nacional, donde se genere un verdadero análisis y discusión profunda para evaluar en qué nivel debe de estar el salario mínimo, pero también las condiciones laborales y aprovechar para replantear la reforma laboral con un sentido social y de cara a la clase obrera de nuestro país.

honoerato@hotmail.com

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