Josemaría León Lara Díaz Torre

La filosofía ideológica de la Teoría General del Estado está desapareciendo. Se ven ya lejanos los días en donde las diferencias entre liberal y conservador o derecha e izquierda verdaderamente significaban algo; quizá trate de ser romántico al respecto, pero la dicotomía histórica entre ambos bandos fue factor que ayudó a México como un país verdaderamente independiente en el siglo XIX, que aunque fuera el motivo incansable del surgimiento de guerras fratricidas, al menos en aquel tiempo la gente era verdaderamente fiel a sus convicciones y creencias.
Hace ya algún tiempo que en este mismo espacio realicé una crítica constructiva respecto a las alianzas que se han venido fraguando, particularmente con el caso del PAN y el PRD; tanto se ha hablado de esto, que si el agua y el aceite no se juntan, que si la ideología particular de cada partido se antepone a la del otro y por ende las “alianzas” son únicamente de carácter electoral. Tanto a nivel estatal como municipal, Acción Nacional y la Revolución Democrática han compartido tanto triunfos como derrotas, más tal parece que es la primera ocasión en que a través de una alianza van de la mano en la carrera presidencial.
Azules y amarillos juntos, es algo que dejó de sorprender hace algún tiempo y la inclusión de los naranjas, no parece ser un factor que fortalezca el afán de crítica, pues no deja de ser pan con lo mismo. Por el contrario, en la otra esquina del cuadrilátero, la alianza anunciada esta semana es tan sorprendente y tan absurda al mismo tiempo, que es difícil entender cuáles son sus pretensiones. Morena, el partido político del “mesías” de México, donde han buscado refugio los verdaderamente izquierdistas, ahora han firmado alianza electoral con la ultra derecha evangélica de Encuentro Social.
Me cuesta trabajo pensar el cómo, el tabasqueño más famoso del país, seguidor fiel del secularismo de Juárez, pueda incluir en su discurso político el mensaje evangélico. Sin embargo cabe mencionar que ha sido alguien que ha dejado entrever su simpatía con la iglesia; basta con recordar su presencia en la misa multitudinaria del Papa Emérito en Silao a principios de 2012, o que fue uno de los primeros líderes políticos mexicanos en reunirse con S.S. Francisco en 2015.
Pero al final del día, resulta patética la hipocresía y la falta de integridad frente a lo que uno cree y lo que uno profesa. En este caso, al menos el PRI en las últimas décadas aparentemente ha sido congruente en su política de “centro” donde supuestamente caben tanto conservadores como liberales. Más en resumen, toda vía o método es válido en la búsqueda del poder.
Si viviéramos en un país verdaderamente democrático, la mezcla de opuestos resultaría más que absurda; y aunque en países que se jactan de serlo, también tienen lugar estas hipocresías ideológicas, México no se cansa de sorprendernos. Cuando uno piensa que lo ha visto todo, así como ver los alcances que pueden llegar a tener nuestros gobernantes, siempre está un conejo preparado para aparecer de dentro de una chistera, para llegar y romper todo paradigma del pasado.
La política en este país no deja de sorprender, al ver como sus actores son capaces de prostituir hasta sus propios ideales con el fin de llegar al poder. Actualmente se supone que un proyecto político debe de ser abierto e incluyente, dónde más personas se puedan sentir identificadas; pero lo que se está cocinando para el próximo año, tal parece que no tiene ni pies ni cabeza, serán candidatos con propuestas de chile, de mole y de manteca.