Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

Tal vez no sea ningún Arthur Conan Doyle, pero Stephen Edwin King es, sin lugar a dudas, uno de los escritores más adaptados al 7º Arte. Su prosa populista, personajes humanos demasiado humanos y una narrativa constantemente remojada en los manantiales de la más pura visión americana lo han erigido como una versión torcida de Mark Twain para tres generaciones (la cuarta se encuentra en gestación) a las que el autor enraizado al condado de Bangor, Maine -estado norteamericano donde edifica la mayoría de su mitología en textos- les ha contribuido a una definición muy clara sobre lo que constituye el miedo, pues aun si varios de los adversarios que brotan en sus libros suelen ser de catadura mística y ultraterrena, al final es la configuración de la maldad misma proyectada y propulsada por el hombre lo que realmente atemoriza en su trabajo literario. Y como todo creador, en particular uno tan prolífico y encajado en la cultura popular, el resultado en conjunto no siempre será favorable, pues por cada pieza de relativo valor que aporte al género, obsequia diez más cuyo objetivo es tan solo dilatar su valor per cápita en el mercado pop mundial. Lo mismo ocurre con las numerosas adaptaciones fílmicas de las que han sido objeto sus novelas y cuentos, por lo que ante el inminente estreno de la iteración cinematográfica de “ESO” y el próximo 70º natalicio de King, enumeraremos aquellos filmes que rescatan los aspectos más valiosos de sus obras y logran a la vez trascender como propuestas audiovisuales en los anales del horror. Cabe puntualizar que se abordarán únicamente las versiones estrenadas en cine por cuestiones de espacio, así que “La Hora del Vampiro” (Hooper, E.U., 1979), “ESO” -la miniserie- y “Apocalipsis” (Garris, E.U., 1994) quedarán con mención honorífica gracias a su notable labor narrativa.
“CARRIE, EXTRAÑO PRESENTIMIENTO” (“CARRIE”) – En 1976, la oleada de adaptaciones a Stephen King debutó de manera más que afortunada, pues esta cinta dirigida por un Brian de Palma en la cúspide de sus poderes creativos plantea sobriamente los componente básicos en el tramado argumental de su autor: un personaje protagónico, víctima de circunstancias propias de su contexto sociocultural, encontrará los elementos necesarios para sobrellevar e incluso dominar tales factores, lo que puede o no conducirlo(a) hacia vías de fatalidad. En el caso de “Carrie”, la protagonista homónima (una convincente Sissy Spacek) sufre los embates tanto de sus compañeros de preparatoria como de su madre practicante de la fe cristiana mediante vías dolorosas verbal y físicamente hasta que se ve envuelta por la humillación en forma de sangre porcina durante la noche de graduación. Todas las metáforas que presenta la historia sobre la menstruación, los cambios emocionales y físicos femeninos y la dura realidad de la convivencia adolescente estadounidense se conjugan en la liberación de los poderes psíquicos de Carrietta White, quien demuestra que ningún infierno se compara al que desata una mujer degradada y maltrecha por las sacras instituciones culturales gringas.
“EL RESPLANDOR” (“THE SHINING”) – Una cinta que ha rebasado el estatus de culto para apropiarse un bien ganado sitio en los clásicos del cine de terror gracias al desapego que muestra el resplandeciente Stanley Kubrick a la novela de King para favorecer mediante una atmósfera etérea, actuaciones de antología cortesía de un desquiciado Jack Nicholson que aterroriza a una Shelley Duvall memorable como esposa de trapo y su pequeño hijo Danny capaz de hablar con gente muerta décadas antes que M. Night Shyamalan fuera siquiera un brillo de lujuria en los ojos de sus padres y una historia que teje hebras macabras por doquier. Y a pesar de la formidable música, los ribetes fantasmagóricos memorables y una fotografía que favorece la simetría, la geometría y la psicología fracturada de sus personajes producto de su mediocre estilo de vida, Stephen King la odia argumentando que Kubrick saboteó su novela, más en el fondo debe detestarla porque supera con maestría y clase su texto tibio y complaciente.
“CUENTA CONMIGO” (“STAND BY ME”) – Curiosamente, cuando King recurre a la nostalgia y abandona los devaneos pavorosos, es cuando nos encontramos algunos de sus relatos más potentes en términos de prosa y argumento, algo que dejó muy claro con “Cuenta Conmigo”, filme de 1986 dirigido estupendamente por un Rob Reiner aún interesado en hacer cine genuino donde un escritor (elemento de proyección presuntamente fantástica del mismo autor al que recurre con regularidad en un grueso relevante de su quehacer literario), interpretado por Richard Dreyfuss, rememora las aventuras vividas durante su infancia el verano de 1959 cuando él y tres amigos de características emocionales y psicológicas disímbolas pero entrañables, buscaron el cadáver de un chico. La plástica bucólica y los diálogos profundos en su simpleza contribuyen a la creación de un universo creíble y bien adaptado a la época, además de un virus lúdico que infecta con eficacia al relato creando secuencias imborrables como el concurso de ingesta de tartas con escatológicos resultados, todo soportado por un reparto joven responsable que crea personajes sublimes.
“MISERIA” (“MISERY”) – Ejercicio minimalista que apuntala su efectividad en sus dos protagonistas: Una magistral Kathy Bates como enfermera cuya dañada psique se desvive por adorar a un escritor de novelas rosas encarnado por James Caan en su último papel relevante antes de entregarse a comedias inanes. El cautiverio de este último por la primera en una modesta cabaña es un relato de sumisión y obsesión enmarcado por una blancura casi diabólica debido a las incesantes nevadas características de Colorado. Una guerra psicológica apasionante y devastadora que perdura en la memoria gracias a las extraordinarias actuaciones y una caracterización amplia en matices no exenta de visceralidades que escalan in crescendo su nivel de impacto para el espectador. Para muestra, una escena donde un par de pies conectan brutalmente con el frío y cruento extremo plomizo de un mazo, demostrando que no se requieren perros rabiosos, autos poseídos o niñas piroquinéticas para producir auténtico miedo.
“SUEÑO DE FUGA” (“THE SHAWSAHNK REDEMPTION”) – Del maestro del horror llega una historia cuyo basamento argumental es la dignidad, el amor propio y la localización del núcleo humano como herramientas de supervivencia. “Sueño de Fuga” es un trabajo ejemplar donde la prisión que sirve de escenario para el desarrollo narrativo es el personaje principal, pues sus estériles paredes y su construcción laberíntica provee los motores motivacionales a sus habitantes, un microcosmos sociocultural centrado en Andy Dufresne (Tim Robbins), encarcelado injustamente. Su estadía en la Penitenciaría de Shawshank fortalecerá su voluntad y determinación, cincelando un modelo de humanidad que contagia a su amigo Red (Morgan Freeman) y sacará de quicio al monomaníaco alcaide (Bob Gunton). La película es un deslumbrante muestrario de formalidad y cinematografía clásica que acrisola brillantes actuaciones, ritmo contundente y personajes bien dimensionados. Un fracaso taquillero en su momento que ahora se revalora con creces.
“SOBRENATURAL” (“THE MIST”) – El engañoso título en mexicano esconde una trama que coquetea con los horrores cósmicos de Lovecraft que explora los arquetipos favoritos de King para presentar uno de los filmes de terror más duros y secos de los últimos años. Una misteriosa niebla cubre a una pequeña comunidad, confinando a un grupo de personas en un supermercado al percatarse que en ella se esconden criaturas que sólo buscan nuestra destrucción. La congregación es todo un compendio de caracteres estadounidenses muy vigentes en la era Trump, pues hay fanáticos religiosos, militares, jóvenes confundidos, campesinos fascistoides y un padre de familia que sólo busca el bienestar de su pequeño hijo aun si esto implica cometer actos deleznables. La intensa dirección de Frank Darabont sofoca cualquier posibilidad de humor y su convincente ritmo nos lleva hasta una fatídica pero realista conclusión. “Sobrenatural” muestra una vez más que el verdadero monstruo somos nosotros, aun si desfilan algunos de fantasía realmente pavorosos.

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