Con la misma precisión con la que se lanza un proyectil al objetivo, la terapia blanco molecular se dirige a las células cancerígenas para evitar su proliferación en casos de cáncer avanzado.
En 2012, a Federico, de 45 años, le diagnosticaron cáncer renal y le extirparon el riñón derecho, pero la enfermedad hizo metástasis en el riñón y pulmón izquierdos y, desde hace tres años, oncólogos del Centro Médico Nacional (CMN) Siglo XXI le administran la también llamada terapia dirigida.
Cuenta que pese a estar diagnosticado con cáncer en etapa avanzada, la terapia le ha permitido llevar una vida muy funcional.
“Me he sentido muy bien y más por el efecto que tiene la terapia. El cáncer no ha avanzado, me tomo tres pastillas diarias durante quince días, descanso una semana. Cada seis meses me hacen estudios y, hasta ahorita, se ha mantenido estable”, comparte.
La terapia dirigida es la piedra angular de la medicina de precisión y está aprobada para tratar algunos tipos de cáncer como el renal, de mama, de pulmón, de colon, de estómago, melanoma, los linfomas y algunos tumores gastrointestinales, afirma Samuel Rivera Rivera jefe de Oncología Médica del Siglo XXI.
“La terapia blanco molecular está compuesta por varios medicamentos, entre ellos, moléculas pequeñas con una estructura simple, y hay moléculas más complejas que son como los anticuerpos de nuestro organismo que sirven para atacar a ciertos agentes extraños del cuerpo”, explica el especialista.
Detalla que los medicamentos van a un punto específico de la célula (cancerígena) y con ello se bloquea el crecimiento de esa célula o evita que se nutran por medio de los vasos sanguíneos que ellas mismas llegan a favorecer en su formación.
Aunque no cura el cáncer, subraya el jefe de Oncología, esta terapia sí eleva la calidad de vida del paciente y la prolonga.
El CMN Siglo XXI dispone de nueve diferentes terapias “blanco molecular” y, actualmente, 750 pacientes reciben este tratamiento médico, ya sea vía intravenosa o a través de fármacos para consumo oral.
“Lo que nos da de beneficio es que se retarde la enfermedad o que no vuelva a aparecer y también que el paciente viva mucho más tiempo. Desafortunadamente no va ser un tratamiento curativo, pero sí nos va a dar muchos beneficios”, afirma.
La preparación de la terapia que es suministradas vía intravenosa a los pacientes, se hace en una zona aislada.
Dado que se trata de fármacos innovadores con moléculas activas, el personal de enfermería que prepara los fármacos debe portar una mascarilla de protección para evitar contacto con alguna molécula que quede flotando en el ambiente.
Después se colocan los fármacos en una campaña de flujo laminar para su inmediato suministro al paciente.
Algunos efectos secundarios que la terapia puede producir son fatiga, elevación de la presión arterial, glucosa, grasas en la sangre y una baja de defensas en el cuerpo.
En Wilfrido Urbano Ponce, de 50 años, el cáncer hizo metástasis en el pulmón izquierdo y en el cerebro, pero la terapia blanco molecular le permite llevar una vida funcional.
“Mi vida empieza desde las 4:30 de la mañana, llevo una vida normal. Por las tardes, cuando puedo salgo a caminar. Tomo dos pastillas por la mañana y dos por la noche, descanso poco más de una semana.
“No hay que caer en depresiones, la mejor cura nosotros mismos nos la podemos proporcionar viendo siempre adelante, siempre positivamente y no dejarnos rendir”, añade el paciente que en 2012 fue diagnosticado con cáncer renal en etapa avanzada.