César Martínez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 24-Sep.- A tres años de que una bala le destrozara el maxilar superior durante el ataque a normalistas, Édgar Andrés Vargas por fin retoma las riendas de su vida para estudiar derecho, con la intención de ayudar a quien, como él, lo necesite.
Aquella noche del 26 de septiembre de 2014, Édgar estaba en la Normal de Tixtla, Guerrero, cuando sus compañeros de primer año fueron agredidos por la Policía de Iguala.
En cuanto se enteró salió junto con otros alumnos para auxiliar a sus compañeros, pero al llegar a Iguala todos fueron atacados nuevamente por sujetos armados.
El joven sólo escuchó un zumbido en el oído y se tiró al suelo. Se arrastró para resguardarse y al mirar atrás observó un gran charco de sangre que no sabía de dónde venía. No se dio cuenta que su vida ya había cambiado en ese momento.
Desde entonces fue sometido a cinco cirugías mayores y otras que sólo requirieron anestesia local en el hospital Manuel Gea González de la Ciudad de México.
Le colocaron un pedazo del peroné para sustituir el hueso superior de la mandíbula y en él pusieron injertos de dientes, en un procedimiento que los médicos le advirtieron que nunca se había realizado en el País.
Pese a todas las intervenciones, la confianza de Édgar regresó apenas hace tres meses.
“Un cambio real, para mí, fue cuando me pusieron la prótesis de los dientes, porque ya me sentía con seguridad de que si voy a un lugar puedo comer e ingerir alimentos por la boca. Para mí fue algo muy relevante”, comenta en entrevista.
Con esa confianza inició hace un mes, a sus 22 años, sus estudios en derecho en una conocida universidad cuyo nombre no quiere que se revele, pero a la cual entró por sus méritos propios tras un examen de ingreso.
“Muchas personas, como en el Centro Prodh, me ayudaron, me apoyaron, y me siento agradecido y yo quisiera en un futuro ayudar a esas personas que lo requieran”, reflexiona.
“Defender casos, pero de personas que realmente lo necesiten”.
Aquella noche de hace tres años, luego de resultar herido, sus amigos normalistas lo llevaron a la clínica María Cristina, en Iguala, a donde llegó personal militar.
“En un momento me sentí como aliviado. Tenía la idea absurda de que ellos de volada me iba a llevar al hospital, pero yo vi los rostros de mis compañeros y ellos estaban muy asustados y me entró la duda”, recuerda.
“Y lo reafirmaron cuando llegaron (los militares). No llegaron con la intención de ayudar, fue con otra intención, no sé. Nos hablaron muy agresivos, echándonos la culpa de lo que había pasado; causaban temor en vez de apoyarnos. Desde ahí se perdió la confianza”.
Édgar terminó la licenciatura en la Normal de Ayotzinapa gracias al apoyo de sus compañeros de generación, quienes lo visitaron y buscaron la manera de que los maestros le permitieran seguir el curso a distancia.
“Pensaba en darme de baja de la Normal, pero mis compañeros siempre me dijeron ‘queremos que termines junto con nosotros’. Esa es la idea de que todos juntos regresemos”, dice.