Jesús Eduardo Martín Jáuregui


-Dijiste que no te movía la venganza.

-Porque lo que me mueve es el deber.

(Diálogo entre el camarero y James Bond, Casino Royale, Ian Fleming)

En una acción perfectamente planeada, concertada y ejecutada una pandilla de delincuentes asaltó un convoy del ejército, que luego de una acción contra grupos de delincuencia organizada, muy cerca del lugar de origen del Chapo Guzmán, regresaban a Culiacán con un delincuente herido que transportaban en una ambulancia. En un suburbio cinco camionetas con hombres armados con armas de grueso calibre, 50 mm., además de los consabidos cuernos de chivo AK-47 y los R-15, atacaron el convoy militar, incendiaron algunos de los vehículos militares, liberaron al detenido y en la acción perecieron cinco soldados.

En un acto luctuoso que el Secretario de la Defensa Gral. Salvador Cienfuegos calificó como privado, no obstante la presencia de gran cantidad de periodistas, familiares de los militares y efectivos del 94 Batallón de Infantería, en un enardecido e inusual discurso calificó a los atacantes como “enfermos, insanos, bestias criminales” y anunció que las fuerzas armadas “van con todo, con la ley en la mano y la fuerza que sea necesaria”. Destaca particularmente en el discurso del general el llamado al respaldo moral de la sociedad que debe exigir que estos y otros criminales “sufran” el castigo que merecen. En un tono enardecido y obviamente lastimado el Gral. Cienfuegos anticipó las acciones de represalia tendientes a castigar a los delincuentes que, al parecer ya se iniciaron con labores de búsqueda y localización.

El Partido de la Revolución Democrática en una declaración mas que oportuna, oportunista, señala que este grave atentado no debe ser el motivo de acciones de venganza, que se aparten de las normas que rigen a un estado de Derecho y que nada justificaría que no se respetasen los mínimos derechos que nuestros ordenamientos señalan para la investigación y persecución de los delitos.

A partir del atentado, se suscitaron como era de esperarse, comentarios, reflexiones y, por supuesto, muchas especulaciones. Se habló de que el artero ataque pudiera haber sido ordenado por los hijos del Chapo, Jesús e Iván Archivaldo, quienes rápidamente hicieron llegar a algunos medios de comunicación una declaración en que se deslindan de los hechos. Señalan, seguramente en un comunicado que resulta razonable, que si no encabezaron ninguna acción de venganza o represalia cuando la captura de su padre, menos lo harían en esta ocasión, precisando que sus conductas se han apartado de la violencia y de las acciones delincuenciales.

La acción criminal por supuesto es reprobable y ningún atenuante puede esgrimirse en contra de la acción de los delincuentes, pero el texto del discurso del Gral. Cienfuegos y el contexto invitan a realizar algunas reflexiones suscitadas por los sorpresivos e inusitados acontecimientos, incluido desde luego el discurso que, si no es amenaza, por lo menos es una seria advertencia de una acción que, seguramente muchos mexicanos esperamos, para el combate de criminales que, enferman a nuestra niñez y juventud, corrompen a las autoridades a todos los niveles, y sumen en el desconcierto y no pocas veces en la anomia, a la población que poco o nada puede hacer, frente a este Leviatán.

El especialista en materia de seguridad Eduardo Buscaglia ha señalado, para quien lo ha querido oír, que el endurecimiento del combate a los grupos delincuenciales, en particular con la utilización del ejército, que se incrementó a partir de la desafortunada “declaración de guerra” del entonces Jefe Supremo del Ejército Felipe Calderón Hinojosa, trae como consecuencia que la delincuencia organizada que obtiene pingües ganancias de su actividad ilícita, está en condiciones de conseguir todo tipo de armamento comparable al del Ejército y puede enfrentarse en algunas acciones en relativas condiciones de igualdad. Mientras el equipamiento de los delincuentes puede realizarse de un momento a otro, el Ejército (lo han publicado columnistas especializados) depende de la concesión que durante muchos años detentó una solo persona para importar armas. Buscaglia ha sostenido que el combate tiene que pasar, indispensablemente, por el ataque a los mecanismos financieros de esos grupos, que, se aprovechan de instituciones y figuras aparentemente correctas para el “lavado” y para la distribución de “estímulos” (cohecho y concusión).

Preocupa, y seguramente ello está en el pensamiento del Gral. Cienfuegos, que haya fallado la inteligencia militar. En una guerra es inadmisible la aparente ligereza con la que se desplazó el convoy militar. Preocupa que en las inmediaciones de Culiacán, prácticamente a la entrada, puedan moverse y apostarse esperando la llegada de los militares cinco o más camionetas con hombres fuertemente armadas sin que hayan sido detectadas ni por policías ni por militares que pudieran haber puesto sobre aviso al convoy. En las películas, y se perfectamente que esto no es cine sino triste realidad, suele haber “scouts”, avanzadas que tanteen el terreno y comuniquen si es posible transitar. En una guerra, y si esto no es guerra se parece bastante, todas las precauciones son pocas, todas las previsiones son indispensables, todos los cuidados deben tomarse. Es natural que el Gral. Cienfuegos esté indignado por el ataque y seguramente mas porque el convoy haya sido sorprendido en la forma que lo fue.

Ante un ataque de esta naturaleza el ciudadano común piensa que hubiera sido conveniente escuchar al Presidente de la República, a la Procuradora General de la República, al Secretario de Gobernación, anunciando un plan de combate a la delincuencia organizada que vaya mas allá de la respuesta airada que costará muchas vidas, de uno y otro bando, mexicanos todos, que no tendrían porque morir, toda muerte con violencia provoca esa sensación de desamparo y desesperanza que de un tiempo para acá nos invade a muchos mexicanos. Es natural, quizás incluso normal, que la ira provoque un deseo de venganza. Simon Wiesenthal, aquel implacable perseguidor de los criminales de guerra nazis, acuñó un lema que podría ser divisa para el combate de la delincuencia organizada y en particular de los responsables del ataque en Culiacán: “Justicia, no venganza”.

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