Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

Dicen que el amor es ciego, pero en este caso se traduce en una afasia sensorial total cuando el romance involucra el habitual componente femenino y otro inusualmente horrendo, no limitándose al aspecto físico, pues como ya nos ilustró Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve en 1740 con su clásico y muy referenciado cuento “La Bella y La Bestia” el cariño no limita su ingreso a la persona tan solo por los ojos cuando entra en juego diversos factores de índole emocional, pero en el caso de los aspirantes por conquistar el corazón de sus respectivas “Dulcineas” en las cintas que se abordarán a continuación, el aspecto físico es lo de menos, pues hablamos de pretendientes que desafían los convencionalismos naturales, biológicos e incluso humanos que, en otro contexto, podrían ser considerados amenazas incontenibles y pavorosas que meten miedo en la conciencia de los hombres (y en algunos casos, eso es lo que son), pero se derriten ante la presencia de alguna bella fémina que amansa sus ímpetus bestiales con la fuerza de su terso tacto o sus delicadas palabras. Tal es el poder de la mujer ante hombres y monstruos. O como entonara Huey Lewis and The News, tal es el poder del amor.
1.- “KING KONG” (1933, 1976, 2005) – Lecturas zoofílicas aparte, este relato fraguado originalmente por Merian C. Cooper y Edgar Wallace en la década de los 30 sustenta la idea de que la vinculación emocional no necesariamente parte de la atracción física, pues el pantagruelesco gorila llamado Kong que gobierna y protege a la Isla Calavera junto a sus habitantes aborígenes invariablemente se rinde a los encantos de una rubia exploradora, no por razones freudianas sino por la respuesta emocional de ella hacia el pathos que el simio descomunal proyecta una vez que éste es capturado por el siempre ambicioso hombre de ciudad. La versión original lo expresa contundentemente en el ya mítico desenlace de la cinta una vez que el gigantesco antropoide sucumbe a su ataque aéreo en la cima del Empire State (“No fueron los aeroplanos. Fue la bella quien mató a la bestia”), retomándose con ciertos dejos manipuladores en la versión estelarizada por Jessica Lange y con más honestidad y psicología en la versión dirigida por Peter Jackson. Al final, una vez enjugadas las lágrimas por el trágico destino de uno de los personajes más célebres en la historia del cine; uno solo puede preguntarse ¿Se trataba tan solo de una gran amistad entre una dama y una especie cripticozoológica, o fue un romance interespecie frustrado? Usted decide.
2.- “EL MONSTRUO DE LA LAGUNA NEGRA” (1954) – Si “King Kong” sugería con tierna cordura la posibilidad de un flirteo quimérico entre doncella y leviatán homínido, esta cinta dirigida por Jack Arnold sobre un hombre pez que posaba sus acuáticos ojos en la bella Julie Adams durante una expedición en el Amazonas, lo desarrolló abiertamente (bueno, tanto como la censura de la época lo permitía) mediante sugerentes tomas submarinas donde Adams realiza una serie de movimientos sutilmente eróticos al nadar en el río mientras la Criatura (majestuosa creación de la diseñadora Millicent Pastrick, quien vio su crédito arrebatado por el jefe del equipo de maquillaje Bud Westmore, machismo rampante) la observa con sigilo y en silencio hasta raptarla para conquistar su afecto. La dinámica que se establece entre ambos es, por increíble que parezca, muy verosímil, y las actuaciones tanto de ella como de Ricou Browning, veterano stuntman de Hollywood, quien logró trabajar un fluído lenguaje corporal a pesar del pesado traje escamoso. La historia rebasó los cánones de los convencionalismos terroríficos establecidos por la Universal y pasó a la historia como uno de los romances más memorables del cine, tanto así que Guillermo del Toro se rindió a su hechizo realizando su propia versión con “La Forma del Agua”, otra alegoría sentimental rebosante de poesía abisal.
3.- “EL VENGADOR TÓXICO” (1984) – Muestra innegable de que no todos los idilios de esta naturaleza deban ceñirse al lirismo o la decodificación psicosexual más compleja, pues también surgen enamoramientos monstruo-mujer guarros como es el caso de “El Vengador Tóxico”, tal vez la obra maestra (en la versión más laxa del término) de los Estudios Troma dirigida por los lunáticos Michael Herz y Lloyd Kaufman, quienes literalmente perpetraron esta delirante cinta que fascinó a los estirados críticos franceses durante su presentación -fuera de competencia, claro está- en el Festival de Cannes de ese año, quienes se dejaron seducir por la torpísima fotografía, las espantosas actuaciones, los guacareantes efectos especiales y su historia de amor entre un pobre diablo llamado Melvin, transformado en bizarro engendro con tutú por su exposición a desechos tóxicos y una despampanante rubia, ciega, claro. Así, con su dama en un brazo y un trapeador en el otro, combate el crimen a la vez que besa apasionadamente a su blonda compañera. Esto lleva la expresión “relación tóxica” a otro nivel.
4.- “LA MOSCA” (1986) – Este remake al clásico de ciencia ficción de 1958 posee todos los componentes del idiolecto de su director David Cronenberg, incluyendo altos índices de visceralidad, reflexiones sobre la identidad de la carne y la mente, y momentos de intenso dramatismo. Lo que nadie esperaba es que la trágica historia de un científico (Jeff Goldblum) quien al autoexperimentar con la teletransportación termina fusionado genéticamente con una mosca común transformándolo gradualmente en una criatura insectoide, centraría todo su foco emocional en el amor que brota entre él y una periodista (Geena Davis) capaz de quererlo con honestidad y apasionamiento a pesar de su horrenda condición. Las magníficas actuaciones dotan de verosimilitud a los personajes y el guion del mismo Cronenberg dota de emotividad apoteósica esta relación, al punto en que no podemos más que fascinarnos por una pareja donde ella lo besa con devoto aprecio, aun si él recién ha vomitado en una dona porque no puede ingerirla de otra manera. Eso, damas y caballeros, es amor de verdad.
5.- “DRÁCULA, DE BRAM STOKER” (1992) – Más allá de las delicadas y barrocas tomas desarrolladas con esmero por su director, Francis Ford Coppola, encontramos una historia que busca redimir emocionalmente a su personaje principal, el vampiro más célebre tanto por sus diversas adaptaciones como por su otrora disposición brutal y despiadada, incapaz de generar nada más que fantasías eróticas vedadas a través de los enrojecidos ojos de un animalesco Christopher Lee en los 60’s y 70’s. El trabajo argumental de Coppola parece en momentos superado por sus ambiciones plásticas, reservando ciertas escenas donde Drácula (un eficaz Gary Oldman) y la mojigata Mina (la tiesa, sí, tiesa Winona Ryder) al terreno de la fotonovela barata, pero cuando el director de “El Padrino” logra equilibrar esfuerzos con su reparto, el resultado es estremecedor. Debió quedarnos claro que el rumbo narrativo de la cinta estaría enfilado hacia el drama romántico cuando el tema principal cantado con fineza por Annie Lennox se titulaba “Canción de amor para un vampiro”. A pesar de ello y los pétreos gestos del impasible Keanu Reeves, la película cautiva y succiona suspiros además de sangre, tan solo cuando el hematófago protagonista exhala con pasión que “ha cruzado océanos de tiempo” para encontrar a su amada. Placeres culposos cursis como pocos.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

 

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