Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Dudé, siempre dudo, en como titular estas mal pergeñadas líneas hebdomadarias. Estuve tentado, hasta el último momento, en titularla “El retoño del dedazo”, habiendo desechado “El regreso del tapado” y otras chambonas como “¿No que no?”, “El presidente ataca de nuevo” y “Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud”, finalmente se impuso el extraordinario cuento de Augusto Monterroso “El dinosaurio”, que ilustra perfectamente la supervivencia antidemocrática de la designación de un candidato presidencial en el Partido Revolucionario Institucional.

El 14 de julio de 2001, Homero Campa escribió en la revista Proceso: El doctor Roberto Casillas fue secretario particular del presidente José López Portillo y alcanzó celebridad por sus revelaciones que en su momento confirmaron lo que resultaba obvio: los presidentes surgidos del PRI designaban, ante sí y para sí, a quienes los sucedían. Testigo cercano del ejercicio del poder presidencial, el doctor Casillas escribió ahora el libro “El fiel de la balanza, o el ocaso de un partido”, que empieza apenas a circular. En sus páginas, y en una entrevista complementaria con Proceso, el autor describe los detalles de la forma como López Portillo designó a Miguel de la Madrid candidato de su partido para sucederlo.

En la picaresca política mexicana se conocía como el “destape” al procedimiento no exento de rituales, por el que por obra y gracia del presidente en turno se daba a conocer la identidad del que hasta entonces había permanecido como “tapado”, y al que de golpe y porrazo, ungido por el “dedazo”, se le descubrían todas la virtudes, todas las cualidades, todas las habilidades y destrezas, la sapiencia y la experiencia para conducir los derroteros de la nación. Tantas, que era prácticamente imposible no haberse dado cuenta antes, y sin embargo sucedía. Por supuesto era y es, un procedimiento no exento de magia. Algo así como el sí de la mujer amada, o la aceptación en la universidad, o el resultado negativo de la prueba de embarazo. Quien haya presenciado, aunque sea por televisión, la toma de posesión de la presidencia de la república habrá notado como, al entregar la banda presidencial el presidente saliente se apaga mientras al colocársela se enciende el entrante. ¡Es mágico!.

De nada sirvió que el gritón y epatante presidente del PRI, Enrique Ochoa se desgañitase denostando a otros partidos por sus métodos antidemocráticos, fue en balde que diera cuenta de los posibles mecanismos contemplados por el estatuto de su partido para la selección interna de un candidato, resultaron nulos todos los textos que abonan a la democracia interna y que mas valía haberlos tirado a la basura. Como en sus mejores tiempos el Revolucionario Institucional sin el menor rubor y con la complacencia (disciplina es el calificativo que se usa eufemísticamente) de todos los sectores apeló al Presidente, aunque sin duda sería mas propio decir que el Presidente se valió de su instrumento (el partido) para anunciar al ungido como su posible sucesor. Esto último, desde luego, no es cosa menor. Antes el ungido sería contra viento y marea, que en realidad no eran mas que una leve brisa y unas cuantas olas, el presidente de la república, ahora habrá de pasar por el proceso de elecciones que, con todos los defectos que se le puedan poner, contra lo carísimo que resultan, y aun con la posibilidad de ser cuestionadas, han resultado ser un mecanismo que ha permitido la alternancia, que por otra parte, solo ha significado cambio de nombres y de colores, sin que se haya presentado un cambio significativo para bien en las condiciones generales de la población mexicana, que por el contrario ha resentido las consecuencias de políticas públicas equivocadas sin duda, a juzgar por los resultados.

Algo diferente quizás, es el indudable desgaste del otrora partido aplanadora, al extremo de que el “destapado” es un “candidato ciudadano” que no tiene militancia en el PRI. Este hecho por sí mismo, muestra lo que se ha dado en llamar el hartazgo de la ciudadanía, pero muestra también que en décadas de experiencia, de detentar el poder, de haber colocado en la presidencia de la república la gran mayoría de presidentes desde su fundación, ha sido incapaz de preparar para la elección de 1918 un candidato de sus propias filas, que responda a sus estatutos, a su tradición, a su historia. En otras palabras es el gran fracaso del PRI como partido político. Incapaz de interpretar las necesidades de la población, con una insuficiente capacitación de sus militancias, con un desgaste de lo que pomposamente han llamado “la clase política” y con una paupérrima oferta cuando tiene que recurrir a un “parvenue” del partido, aunque con trayectoria burocrática de alto nivel, de familias de abolengo, de perfil tecnócrata de tan mala experiencia para los mexicanos.

En fin, seguramente el Presidente no se ha equivocado en la designación. Los que podemos estar equivocados, sin duda, somos los que pensamos en un país en que la democracia sea algo mas que una palabra en la declaración de principios en los documentos de un partido, los que anhelamos un viraje que permita castigar la corrupción para que la impunidad deje de ser característica de nuestro país, los que sentimos que una república debe ser la aspiración de nuestro país, república auténtica en el significado estricto de la palabra, que la cosa pública sea detentada por la ciudadanía a través de mecanismos de participación y deliberación.

Sin embargo, viéndolo bien, Meade no es un oscuro burócrata, no es un conejo que el mago se saque de la chistera, no es un improvisado. Tiene todas las cualidades para dirigir al país, posee el talento, el liderazgo, el carisma, la disposición de ánimo, el espíritu de sacrificio, la capacidad de trabajo, la visión de futuro, la sensibilidad para manejar los destinos de un país, la clarividencia para conducir el barco de la nación en las procelosas aguas de un mundo convulso y un país en graves crisis. Lo que no me explico es como no lo habíamos notado antes. No cabe duda que el Presidente en turno propició, porque ni pensar que lo designó, que las fuerzas vivas de su partido apreciaran todas las cualidades del que sin remedio será su candidato presidencial para el 2018.

bullidero.blogspot.com                  facebook jemartinj                  twitter @jemartinj