Hace 15 días le conté de Otro cajón de sastre, un nuevo libro que reúne textos del padre Jorge Hope Macías, fallecido el 25 de junio de 2007, y de personas que lo estimamos, algunos de ellos sabrosas miniaturas y anécdotas que conforman un gran ramo de flores que esparcen el perfume amable y acogedor de la amistad, y ayudan a retratar al gran hombre que fue el padre Hope.

Pienso en él y me acuerdo de aquella parábola que consta en el evangelio de san Lucas; la del hombre acaudalado que cree los rumores que le llevan en torno a la actitud dispendiosa de su administrador. Lo llama y le anuncia su despido, y entonces, antes de que esto ocurra el caído en desgracia negocia con los deudores de su patrón, y lo hace para beneficiarlos y alcanzar la gratitud suficiente para ser recibido por ellos cuando ocurra la defenestración.

Así se me figura que fue el padre Hope, el hombre que ante las circunstancias adversas que enfrentó, nos ofreció el obsequio de su ejemplo y palabra; su simpatía, y en el momento de desgracia obtuvo el cariño y la admiración de muchos de nosotros, por desgracia no sin haber apurado el trago amargo de la incomprensión y el desprecio.

Este nuevo libro, editado por Gustavo Vázquez Lozano con el patrocinio de María Dolores Ramírez Gordillo, me recuerda una de esas esferas forradas de vidrios de colores que se colocan en el techo de las discotecas y que lanzan sus destellos luminosos hacia todas partes. Así sucede con este volumen, pletórico de gratos destellos, de acuerdo al punto de visión y experiencia de quien escribe. Algunos textos abundan en hechos y anécdotas, pero todos tienen en común el gozo y la emoción que nacen de la atracción y el contagio de esa personalidad lo suficientemente poderosa como para persistir hasta ahora en el recuerdo de quienes le conocimos.

Quienes no tuvieron este privilegio y se acerquen al libro, obtendrán una visión aceptable de Jorge Hope Macías, e incluso me atrevería a decir que asombrosa, y todo ello a partir de las colaboraciones de quienes fueron sus familiares, amigos y admiradores. Pero también es este un libro desgarrador, un poquito triste… Así me lo parece al leer los relatos de Abel Alemán Mora y Óscar Malo Flores, en los que resulta notable la nostalgia por el tiempo perdido, ese tiempo vibrante en la vida de Aguascalientes que señala el doctor Alfonso Pérez Romo en su texto.

El recuento de las múltiples actividades que él y quienes lo acompañaron ofrecieron a la sociedad de Aguascalientes en aquellos años me recuerda a la Iglesia de la contrarreforma; la Iglesia barroca, que en el México virreinal trajo las pastorelas, los viacrucis, las piñatas… Una iglesia que debió espabilarse, salir de su modorra y enfrentar el desafío formidable que significaba el protestantismo y que, entre otras cosas, vio en las artes una herramienta para mover a las almas hacia Dios. En fin, esa Iglesia que dio pie a la creación de portentosas obras maestras, en arquitectura, en escultura, en música, en pintura…

Tengo presente esto porque el padre Hope tuvo en el cultivo de las letras, en el teatro, en la poesía, en la plasticidad de los carros alegóricos de las romerías que organizó, un sendero idóneo para que las artes cumplieran con su misión bondadosa de elevar a las personas, además de propiciar el despliegue del fervor y la piedad, el estímulo idóneo para la experiencia de la fe y, tal vez, del amor.

Su ingenio y el de quienes lo acompañaron tuvieron la virtud de convertir más de alguna noche del 15 de agosto en una noche buena anticipada, a la espera del gran regalo de luz y color que fueron aquellas romerías pletóricas de arte. Lo mismo puede decirse de las posadas que organizó en el seminario diocesano, abundantes en villancicos y plasticidad. Por estas razones, y de seguro de manera subrepticia, surge la involuntaria y odiosa comparación… Entre aquel tiempo y este; entre esta generación de sacerdotes y aquella.

¿Cómo no hacerla cuando Abel Alemán Mora y Óscar Malo Flores evocan a los contemporáneos del padre Hope?, aquella generación de consagrados, sus distintas capacidades y gustos; su brillantez, lo que hacían a favor del ejercicio de su ministerio, de manera independiente al cumplimiento de las funciones propias del altar.

En verdad que la nómina es digna de mención: Jesús Galván, Jesús Durón, Felipe Ornelas, Elías Arellano, Cecilio Morán, Jesús Ornelas, Guadalupe Díaz Morones, y desde luego el querido padre Gustavo Elizalde Mora…

¿Como olvidar, por ejemplo, la valiosa contribución que el padre Elizalde ha hecho al desarrollo de la cultura musical en Aguascalientes? Gracias a su celo y a sus conocimientos de acústica y electrónica, y desde luego a su sencillo entusiasmo, muchos templos se han beneficiado con uno de los órganos que ha fabricado y que sin duda han enriquecido la liturgia.

Por otra parte, y ya para terminar, es preciso señalar que este libro no se refiere sólo al padre Hope. También está presente, y con una fuerza arrolladora, el tiempo que le tocó vivir. Por eso el texto es también un examen de conciencia sobre una época de grandes, y hasta escandalosos claroscuros en la historia contemporánea de Aguascalientes.

Fue el tiempo de múltiples expresiones pletóricas de luz, que buscaron que en verdad las personas vivieran de acuerdo con esa imagen de Dios que el redactor de libro del Génesis le asignó al hombre; un tiempo de trabajo a favor de la elevación de las personas; su auténtico progreso, pero también de la disputa enconada, de las agresiones ruines y las divisiones destructivas.

En este sentido, Otro cajón de sastre ofrece una serie de asideros para la reflexión sobre aquel tiempo agridulce de la vida de Aguascalientes, la forma de ser de quienes aquí vivimos, lo que hicimos o dejamos de hacer, lo que dijimos u omitimos; lo que aceptamos y lo que rechazamos, y en este momento no puedo menos que recordar la investigación de Yolanda Padilla Rangel, pionera en los estudios sobre estos temas en Aguascalientes, que a principios de los años noventa publicó su trabajo Con la Iglesia hemos topado, una indagación seria, profunda, que buscó explicarse las razones del conflicto eclesial; las motivaciones de los beligerantes, etc.

En este sentido, Otro cajón de sastre no es redundante con lo ya publicado por Padilla, sino que agrega nuevos puntos de visión, por demás interesantes y aleccionadores. Estas y otras razones hacen de Otro cajón de sastre una estación obligada para profundizar sobre el conocimiento sobre Aguascalientes. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected]).