Por: Itzel Vargas Rodríguez

Del 25 de noviembre y hasta el 10 de diciembre, se realizarán 16 días de activismo contra la violencia de género, literalmente “Pintando el mundo de naranja”. Por ello, no será raro ver colores, motivos, portadas, campañas y demás, utilizando este color como una forma de unión a la concientización, de la necesidad que implica ponerle fin a la violencia de género.

Esta es ya una actividad que viene haciendo la ONU desde el 2008 y a la que paulatinamente se han unido organismos públicos, de la sociedad civil, empresas y entidades de cooperación internacional, pero justamente la intención es que cada vez sea más visible que el problema de la violencia hacia la mujer existe, es real y desgraciadamente, muy frecuente.

Y como muestra, vayámonos a Hollywood en el país estadounidense, en donde como antesala encontraremos un reciente caso, lleno de escándalos de abuso sexual y violaciones, producto de posiciones de poder que otorga el ámbito artístico.

Hace ya varios meses en que salió el nombre de Harvey Weinstein, un afamado productor de cine, como el causante de decenas de casos de abuso sexual sobre todo en mujeres, entre ellas modelos y actrices.

Desde él, prácticamente cada semana hemos visto aparecer y aparecer nombres de más artistas, incluso políticos, que han sido denunciados por el mismo hecho, y esto, porque como bola de nieve, ha provocado que las mujeres víctimas de abuso salgan a la luz toda vez que ya se han animado antecesoras a hacerlo.

Ayer justamente estaba leyendo en Twitter sobre las tendencias en la red y lo hashtag, y fue interesante observar cómo la gente decía “cuando veo un nombre en tendencia ya no sé si es porque nació un día como hoy o está acusado de abuso sexual” y aunque pareciera un comentario de humor negro, tiene toda la razón.

Las últimas semanas han ido apareciendo nombres que se han convertido en temas de lo más discutido en la red, justamente por el abuso sexual. Un ejemplo claro, de la presencia de la violencia de género en la sociedad, que justamente se invisibiliza porque, como aquellas víctimas famosas, no se denuncia en su momento por miedo y ahora que gracias a la transparencia que ofrece el internet, reciben y sienten un mayor apoyo para alzar la voz, porque saben, que con las redes sociales habrá respuestas masivas.

Es interesante este movimiento de la denuncia, porque justamente los casos de agresión sexual se han viralizado en redes mediante una movilización de mujeres que han dado a conocer sus historias con el hashtag #MeToo (#YoTambién) y con ello, han logrado generar un entretejido de apoyo, con otras mujeres que han sufrido lo mismo.

Aquellos pedestales enormes de perfección en los que la fama un día colocó a grandes artistas y productores de esa enorme industria del cine llamada Hollywood, que por años ha perpetuado prácticas reprobables como el abuso sexual y la discriminación de género e incluso racial, hoy arroja lo peor de la actividad de una persona, poniéndoles terribles etiquetas de “violador”, “abusador”, “misógino”, a personajes que por años fueron admirados.

¿Qué se puede hacer después de una etiqueta de esta envergadura? Para las grandes casas de producción de cine y para los artistas remanentes, les queda unirse a esa lucha por la equidad y erradicación de la violencia, y a los implicados no queda más que enfrentar la ley y hacerse a un lado.

El tema de la violencia de género no es poca cosa, no son imaginaciones de mujeres gritonas y locas, basta meterse a google y teclear “datos de violencia de género” para dimensionar la realidad.

Si en los mundos perfectos, llenos de premios, vestidos despampanantes, fama y fortuna ocurren infiernos de violencia, cuanto y más no ocurren en la cotidianidad de nuestras vidas.

Algo para reflexionar.

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