Noé García Gómez

Hoy después de 20 años de la ciudadanización del órgano electoral, de más de tres lustros(1997) de lograr una sana correlación de fuerzas en el Congreso de laUnión, de 14 años de llegar la alternancia al gobierno federal, de pintar el país multicolor por la diversidad de fuerzas que gobiernan en los estados, pero sobre todo en los municipios de México, de un sin número de reformas políticas y electorales para adaptar el sistema “democrático”, de un cambio de partidos con un triunfo arrollador; de nuevas y más reglas que pretenden hacer más equitativas las campañas electorales, aun con todo eso creo que se vive una de las peores crisis en México.

La crisis de los partidos.

En España hace algunos años, con el surgimiento de las nuevas y reales opciones partidistas (antes solo eran competitivos el PP y PSEO, hoy se tiene Ciudadanos y Podemos) comenzó la reflexión, Manuel García-Pelayo, primer presidente del Tribunal Constitucional de aquel país, advirtió, en su libro El Estado de partidos, que “regímenes plenamente democráticos pueden evolucionar hacia un Estado de partidos. El Estado de partidos es una forma oligárquica de gobierno en la que unos pocos partidos políticos acumulan el poder en detrimento de la libertad, la calidad democrática y la representación. Se caracteriza por la deficiente separación de poderes, escasa representatividad y controles y una más que holgada financiación pública, lo que les convierte en órganos funcionales del Estado. Por lo que agrega “La corrupción es un síntoma, una resultante del deficiente funcionamiento de los controles y de la división de poderes.”

Así mismo Javier Pradera analista español, señalaba en su libro La corrupción política que “los partidos ya no son representantes de la sociedad dedicados a defender los intereses de sus electores, sino instituciones autónomas que protegen ante todo sus propios intereses”.

En nuestro país, la disputa por el poder y las líneas programáticas frente al gobierno o desde el gobierno se dan desde los partidos, en ellos hay una lucha política que se libra secreta y soterradamente; más que en debates abiertos de interés general ante la opinión pública, las elites dentro del partido descarnadamente pelean por posiciones de influencia para desde ahí ser parte de la elite política del país.

En México Carlos Ramírez nos dice “El PRI ha sido una estructura de poder basada en una ideología populista definida por la Revolución Mexicana. El PAN nació en 1939 no para ofrecer una alternativa al PRI sino para corregir lo que el PRI había hecho mal, sobre todo la corrupción; El PRD nació con el registro del Partido Comunista Mexicano y su ideología socialista marxista, pero fue organizado por la Corriente Democrática del PRI encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo y su meta fue la de reconstruir el PRI cardenista.”

Continúa: “En este sentido, México carece de una propuesta de alternativa real; las corrientes políticas, intelectuales y de grupos que enarbolaron la bandera de la transición a la democracia en realidad nunca entendieron el concepto de transición en la ciencia política: pasar de un sistema autoritario y no democrático a un sistema con reglas democráticas reales; es decir, con una reforma de las estructuras de poder.”

MORENA nació principalmente de dos factores, la idolatría a un personaje carismático y el desgaste que los otros partidos tuvieron y su consecuente achicamiento provocando la expulsión (formal o informal) de personajes que buscaron acomodo y que en MORENA lo obtuvieron.

Recordemos que la alternancia nunca se convirtió en transición porque el PAN de Fox y Calderón prefirió administrar sus gestiones con la estructura del viejo PRI y porque el PRD y Morena decidieron incorporar liderazgos y mañas del PRI.

Hoy todos los cambios que el nuevo presidente quiera hacer, por más estructuralmente diferente que sea el andamiaje, si no incorpora en los mandos medios y superior personajes ajenos a la influencia priista, en 6 años se correrá el riesgo de la desilusión foxista.

Todos los partidos están en crisis, y la democracia mexicana esta construida apoyada en un sistema de partidos (por eso el fracaso de las candidaturas independientes); por tanto es ahí donde se tiene que sanear y recomponer el rumbo.