J. Jesús López García

50. Vivienda neoplástica en Privada Eduardo J. CorreaUno de los rasgos inconfundibles de la modernidad es la tendencia de lo nuevo al cosmopolitismo. Tal vez sea por el ascenso de la ciencia como modelo principal de la experiencia humana donde la universalidad ha producido desde la enunciación de las leyes de la fuerza de gravedad, la Declaración de los Derechos del Hombre, así como la vinculación de los seres humanos ante el estrechamiento de lazos sociales y técnicos a partir de las ideas de la Ilustración y los logros de la Revolución Industrial.

Sea el motivo que fuere, la modernidad aspira a una comunión con ideas, fenómenos y percepciones provenientes de otros sitios, estableciendo a partir de ello un diálogo con otras tradiciones que pueda germinar en una nueva interpretación.

Desde sus orígenes la arquitectura ha sido una disciplina que paradójicamente –los edificios se anclan a un sitio– en la apertura a diferentes tradiciones, muchas en las antípodas geográficas del lugar en que se produce el contacto, tiene una de sus más perdurables características. La tradición arquitectónica de cualquier cultura es una mezcla de hábitos y costumbres que van gradualmente consolidando y cuestionando maneras de diseñar y construir edificios.

La arquitectura moderna asume de manera tácita ese fenómeno, y acelerando los procesos de apropiación de otros modelos, agudiza al mismo tiempo su perspectiva crítica para estructurar un discurso que asimile en formas sintéticas el momento de su creación, haciendo partícipe al edificio de una comunidad de objetos arquitectónicos ligados por su espíritu contemporáneo, expresado en composiciones, materiales y elementos conjuntados por un serie común. Ese repertorio manifestaba por su parte ideales artísticos, intelectuales y sociales que a partir del siglo XVIII se buscaba universalizar. Si ello resultó o el intento por sí era bueno, es debatible, lo que es cierto es la proliferación de edificios con rasgos exógenos que en algunos casos prosperaron en modalidades naturalizadas como locales o que sólo terminaron como una pequeña nota en el texto de la arquitectura del lugar.

En Aguascalientes, por ejemplo, la torre de la vieja capilla de la ex Hacienda de Pabellón de Hidalgo tiene rasgos del barroco estucado de Puebla o Tlaxcala, ese elemento es muestra única en el estado acaliteño, mientras que en los otros dos lugares es un rasgo distintivo en sus respectivos barrocos; por otra parte el churrigueresco de la portada de algunos templos aguascalentenses habla de un gusto generalizado en nuestra ciudad a fines del siglo XVIII. Su manifestación se hace presente en varias iglesias: El Encino, Nuestra Señora del Rosario, Guadalupe y San Marcos.

La arquitectura moderna tiene aún más fuentes de influencia y éstas no sólo se circunscriben a un canon religioso. Así podemos apreciar en un mismo en el siglo XX elementos como losas inclinadas con tejas, superposición déco de elementos rectilíneos o grandes aleros formados por esbeltas losas horizontales; de estas últimas, aplicadas en marquesinas, por ejemplo, puede hablarse como parte de una tradición que localmente arraigó en edificios comerciales, en algunos casos se emplearon esas losas en viviendas de una manera vanguardista –por la ruptura con la estética imperante en Aguascalientes para ese tipo de edificación–, imitando al neoplasticismo holandés en boga en esa época, y que tal vez por lo arriesgado en el momento de la apuesta, no prosperaron más que en pocos casos, que no obstante, al margen de su carácter testimonial, son prueba de la formación de un replanteamiento local de la tradición constructiva que en ese siglo fue consolidando modalidades inéditas con el empleo del concreto armado, del ladrillo recocido y el acero, todo dispuesto en un esquema de chalet, retranqueando algunos metros del paramento del terreno para dar una amplitud urbana a la calle del inmueble.

Muestras destacadas son algunas casas cercanas a la calle Eduardo J. Correa que presentan una sencilla losa en voladizo que domina toda la composición, vanos amplios y cuadrados, y elementos déco en la cerca perimetral –lo que contradice al canon moderno, pero que al paso del tiempo queda asimilado en una composición total–. En esta pequeña enunciación de elementos arquitectónicos se mezclan influencias holandesas –De Stijl–, francesas –rasgos déco–, norteamericanas –disposición en chalet– y otras muchas en la utilización de materiales. Interesante es saber que quienes los llevaron a cabo y encargaron estos edificios, no parecieron copiar soluciones sino que el espíritu moderno que los impulsó, estaba fuertemente imbuido de un cosmopolitismo que tendía en su momento a formar ciudadanos de un nuevo mundo.